miércoles, 1 de septiembre de 2010

Metamorfosis del poder y de los poderosos

DEFINICIÓN
En sentido genérico la palabra poder designa la capacidad o posibilidad de obrar, de producir efectos. Puede ser referida tanto a individuos como a grupos humanos así como también a objetos o fenómenos de la naturaleza. En el sentido específicamente social –la vida del hombre en sociedad- el poder se precisa y se convierte en capacidad del hombre para determinar la conducta de otro hombre. De allí que el hombre no es sólo el sujeto sino también el objeto del poder social.

En otras palabras, el poder social es una RELACIÓN ENTRE HOMBRES y no una posesión de cosas o medios para obtener ventajas futuras como lo planteaba Hobbes (Leviatán), porque si bien el poder puede ser ejercido mediante la utilización de ciertos recursos (el dinero, etc.), siempre se necesitará la presencia de un otro que se preste a ser inducido por dichos elementos a adoptar determinada conducta.

SITIOS DONDE SE MANIFIESTA:
En consecuencia el origen y las fuentes del poder se mostrarán (H. Arendt) en:
a)la vida activa
b) en la voluntad
c) en los intereses.

La vida activa se rige por la configuración activa del mundo, por la autorrealización en la acción, por el cambio creador y, con ello, por el esfuerzo y el riesgo.

La voluntad se manifiesta como la facultad de poder cambiar y configurar la realidad mediante la acción consciente, de acuerdo a las propias intenciones.

Mientras que los intereses son necesidades mediadas socialmente. Están mediadas las formas de valorar, preferir, elegir, hacer valer.

Existen dos intereses fundamentales: el de la vida y el de la libertad. Los intereses de vida se refieren a todas las necesidades, sean primarias o secundarias, vitales o espirituales. El interés de la libertad significa, no sólo un interés universal por la libertad del hombre en general, sino que se refiere a libertades históricamente concretas, las cuales se articulan, en los derechos universales del hombre o en los derechos fundamentales de las constituciones políticas.

Pero además de ser el poder un fenómeno social, es importante añadir que se trata de una relación triádica: la persona o grupo que lo ejerce, quien o quienes están sometidos a él y el medio donde se ejecuta, es decir, la esfera del poder. P.Ej: el médico sobre la salud, el empresario sobre su negocio o la economía, los gobernantes sobre sus estados, los reyes sobre sus súbditos, etc.

El autor de este concepto es Max Weber (1864-1920) quien considera que la meta del afán de poder es siempre el dominio, y para lograrlo el que pretenda detentarlo debe contar intrínsecamente con:

1) Una fuerza, energía o potencia que lo haga apto para el desempeño que se propone lograr
2) La facultad-capacidad o posibilidad que le permita cumplir con las exigencias de su propio objetivo o fin (dominio)
3)Un contexto donde desarrollarlo (esfera del poder)

El dominio se define como una relación dinámica, dialéctica, irreflexiva y asimétrica que se cumple mediante un nexo de obediencia. A su vez ésta se expresa a través del acatamiento del mandato. Sabemos que acatar significa acoger, admitir o aceptar lo que se ordena, pero el acatar también implica cumplir con lo ordenado como una obligación.

FORMAS DE ACATAMIENTO DEL MANDATO
Existen diferentes formas de acatar un mandato: el “acatamiento activo” donde el receptor coopera para cumplir la orden, ello no significa la abolición de su voluntad, sino por el contrario, testimonia la presencia de una relación dinámica y voluntaria en el cumplimiento de la ley.

En el “acatamiento pasivo”, las modalidades del mandato se manifiestan en el rendirse, someterse, plegarse, etc. En esta forma, se anula la voluntad del receptor quien acepta el mandato sin ofrecer resistencia alguna, produciéndose una forma degenerativa de obediencia, pues es siempre impuesta por el que manda.

FORMAS DE MANIFESTARSE EL PODER
Las relaciones de poder suelen expresarse de diversas maneras, existen por lo menos tres formas características, que en general se dan mezcladas pero con prioridades diferentes:
1) La relación entre mandar y obedecer.
2) La relación autoritativa.
3) La relación cooperativa o democrática.
La forma de ejercer el poder, dependerá entonces, tanto de su origen como de quien lo detente.
La relación entre mandar y obedecer: Es donde se expresa el poder de manera más palpable, en ella el mandato aparece como la esencia del poder. Es en esta relación donde se observa más fuertemente la dependencia “unilateral” y la determinación de la acción y la subordinación.
Lo ideal es que el mandar y el obedecer se realice en forma tal que abarque a ambos integrantes de la relación, al que manda (gobernante) y al que obedece (ciudadano) pues el ámbito político nunca podrá desarrollarse sin mandato y obediencia.

La relación autoritativa o autoritaria: Pese a que la relación autoritaria es considerada en general como lo contrario de la razón y la libertad (coacción, fuerza), el poder tampoco puede ejecutarse sin ella, sin embargo, esta forma de intercambio puede ejercerse también de manera positiva o negativa. En el primer caso, se trata de una comprensión y una actitud aptas para la conducta de vida, en consecuencia, la influencia se establece a través del consejo y la sugerencia, del asentimiento y la confianza. En el aspecto negativo, se establece una relación autoritaria, donde el seguimiento y la obediencia sólo se obtienen primaria o exclusivamente a través de la coacción.

La relación cooperativa o democrática: En la democracia también hay superioridad, dependencia y en correspondencia coacción y asentimiento, pero estas relaciones de poder están limitadas a relaciones de vida determinadas en cada caso, están llevadas por contratos mutuos, por compromisos que se logran en discusiones y por controles, que en mutua inspección y crítica deben llevar a cambios y mejoras. En esta nueva forma de poder, la reciprocidad adquiere importancia de principio. Todavía no disponemos de mecanismos que nos permitan desarrollar el poder en forma realmente “democrática”, o sea “como dominio de todos sobre todos” ni como “dominio en general”. Aun permanecemos ante la situación en que las democracias modernas deben ponerse constantemente en guardia contra su peligro principal, la impotencia interna y externa, que incluye siempre el peligro de vuelco a la fuerza totalitaria.

Otro rasgo fundamental del poder es que exige reconocimiento, esta exigencia no puede cumplirse como un querer unilateral de ser reconocido, sino sólo en el sentido de la reciprocidad (mutuo).

Ahora bien, las relaciones de mandato y obediencia más o menos continuas en el tiempo, se basan principalmente en un específico fundamento de legitimidad. De este poder legítimo llamado por Weber autoridad, se pueden diferenciar tres tipos “puros”:

a) La autoridad legal: situada dentro de una totalidad de normas jurídico-racionales que rigen el comportamiento de los integrantes de una comunidad donde la fuente de poder es la “ley”, a la cual no sólo obedecen los ciudadanos o asociados, sino también el que manda. El aparato administrativo del poder es la burocracia con su estructura jerárquica de funcionarios dotados de diferentes competencias. Es característico de las sociedades modernas.

b)La autoridad tradicional: basada en la creencia del carácter “sacro” del poder existente “desde siempre”. La fuente del poder es la “tradición” que impone vínculos al contenido de los mandatos entre el “señor” y sus “súbditos”. En el modelo más característico el aparato administrativo es de tipo patriarcal, propio de las sociedades eclesiásticas y monárquicas.

c)La autoridad carismática: se basa en la admiración y reverencia que se experimentan ante las “virtudes” del líder, en la sumisión afectiva a la persona del jefe y al carácter sacro, la fuerza heroica, el valor ejemplar o la potencia del espíritu y de su discurso que lo distinguen de manera excepcional. La fuente de poder se conecta con lo originario. El que manda es el “guía” (p.ej.: el profeta, el héroe guerrero, el gran demagogo) y aquellos que le prestan obediencia son los “discípulos”. El aparato administrativo es escogido entre los adeptos, por su carisma o entrega personal sin que haya meritocracia alguna.

Los tipos de autoridad casi nunca se presentan “puros” sino ligados entre sí y su condición dinámica induce cambios positivos o negativos dependiendo de quien la ejerza: P.ej. Gandhi y Hitler, Mugabe y Mandela. Así, el detentador de poder puede establecer las condiciones por las que puede operarlo, y si carece de controles, puede satisfacer o amenazar las necesidades y los intereses de los otros y utilizarlo para la satisfacción de sus propias intenciones, puede imponer su voluntad, sea a través del asentimiento, o a través de la coacción, ya sea ésta de tipo físico, psíquico o económico-social y lo contrario, puede ejercer la autoridad en forma positiva y en beneficio de los gobernados.

RELACIONES ENTRE PODER Y PERSONALIDAD
A este aspecto le dio mucha importancia Harold Lasswell (1902-1979), quien utilizando algunos conceptos freudianos, examinó las relaciones existentes entre poder y personalidad. Separó la personalidad política de aquella que está orientada predominantemente hacia la búsqueda del poder, estudió su dinámica, que le pareció fundada en la transferencia sobre objetos públicos –racionalizada en términos de interés público- de impulsos privados reprimidos, y analizó la señal dejada por los aspectos neuróticos de la personalidad en la participación de la vida política y sus diferentes formas, como la del agitador o la del organizador. Estos estudios dieron origen a las posteriores investigaciones sobre la personalidad autoritaria.

Definitivamente, podemos concluir que el poder es un proceso intersubjetivo en el que se encuentran involucrados al menos dos individualidades: quien domina y quien es dominado. Tal como lo explican diversas escuelas –como el interaccionismo simbólico y el psicoanálisis- la intersubjetividad traerá como consecuencia modificaciones estructurales en las características o personalidad de todos los elementos involucrados, cabe entonces preguntarse ¿El poder mismo puede cambiar? ¿En qué medida y bajo qué premisas se transforma la personalidad de quien ejerce el poder? ¿Hasta qué punto el hecho de ser dominado o dominador determina el desarrollo subjetivo posterior?

CAMBIOS EN EL PODER
El poder, además de ser una relación asimétrica, es cambiante y variable dependiendo de quien lo ejerza y del contexto donde se desarrolle, en consecuencia, puede experimentar cambios positivos o negativos:

El elemento fundamental que produce cambios negativos en el poder es la alteración de la legitimidad donde está sustentada la autoridad. Para que la relación de obediencia del poder legítimo pueda perdurar, es necesario que de vez en cuando se reafirme ostensiblemente la cualidad de la fuente a la que se atribuye la legitimidad. P.ej. la continuidad de una relación de autoridad basada en la legitimidad democrática, entraña la renovación del procedimiento electoral.

El manejo inadecuado de esa legitimidad puede dar origen a la utilización de otros medios para ejercer el poder tales como la violencia, como ha sucedido y sucede en los fanáticos tanto políticos como religiosos.

Otro factor de suma importancia que desvirtúa el fundamento de la legitimidad del poder y rompe la relación de autoridad, es la imposición de una ideología en una autoridad que no haya surgido de dicha modalidad ya que dicha acción configura el surgimiento de una “falsa” autoridad, de una pseudo legitimidad que no constituye el fundamento real de ese poder ya que sus bases son diferentes a las que la originaron. En general, para la implantación de esa falsa autoridad se utiliza la fuerza, la seducción y la demagogia.

Los cambios positivos que experimenta el poder son más escasos, como pasar de un origen ilegítimo a uno legítimo. Por ej. Gobiernos democráticos organizados que suceden a golpes de estado dados a gobiernos ilegítimos (Pérez Jiménez).


CAMBIOS EN LOS GOBERNANTES:
Es indudable que muchos gobernantes sufren cambios sustanciales –metamorfosis- en la expresión de su personalidad durante el ejercicio del poder, desgraciadamente, en su mayoría, se trata de cambios negativos. Ello nos hace preguntarnos si el poder corrompe o por el contrario simplemente es un mecanismo disparador que pone en evidencia la esencia corrupta de quienes lo detentan.

Es obvio que los cambios no se suscitan de repente, pareciera como si la persona, mientras más tiempo ejerce el poder (Foucault), se acostumbrara a detentarlo y a gozar de sus beneficios asumiéndolo como suyo, desarrollando luego, mecanismos para asirse a él de manera permanente:

Todo comienza con la imitación que puede considerarse el comienzo de la metamorfosis, pero éste es un mecanismo relativamente inofensivo y transitorio que la precede. P.ej. copiar a alguien en sus modales, identificarse conscientemente con sus gustos, etc. a sabiendas que no se es auténtico. En la imitación se copia lo superficial, la apariencia exterior.

En segundo lugar tenemos la simulación que es una forma consciente de transición entre la imitación y la metamorfosis. P.ej. aproximarse a alguien como amigo, pero con intención hostil. En la simulación lo amigable e inofensivo está afuera, lo hostil y lo mortal, dentro. Esta duplicidad es la forma extrema de lo que comúnmente se llama simulación “La figura amiga tras la que se oculta otra enemiga” (Canetti l905-l994). Muchos poderosos permanecen en esta etapa porque no pueden metamorfosearse del todo. Seguirá siendo él mismo en tanto sea consciente de la hostilidad de su actitud interna. Sufre de pseudometamorfosis para las cuales usa diferentes máscaras, pero las utilizará sólo provisionalmente y ellas nunca alterarán en lo más mínimo su figura interior que es su naturaleza, su núcleo íntimo, su verdadera figura.

La metamorfosis misma es como un cuerpo en comparación con el carácter bidimensional de la imitación y de la forma consciente de la simulación. Suele concluir en el personaje que es claro y está delimitado en todos sus rasgos, es una creación del hombre para salvarse de la incesante fluidez de la metamorfosis. No tiene ningún género o especie. Para comprenderlo tendríamos que aproximarnos a algunas divinidades de la antigüedad: Anubis, un hombre con cabeza de chacal; Horus, con cabeza de halcón, etc. Cada uno de ellos se caracteriza por ser hombre y animal a la vez, actúa como una u otra cosa indistintamente y se le considera antepasado de ambos. Son los personajes primigenios: su origen.

El proceso mismo de la metamorfosis se convierte así en el personaje más antiguo, con dos aspectos equivalentes, el que simulaba y el que se cristaliza. El personaje representa el proceso de la metamorfosis juntamente con su resultado. Surge entonces la máscara que por su rigidez se diferencia de todos los otros estados finales de la metamorfosis. Ella sustituye la multiplicidad expresiva del rostro siempre cambiante, por el contrario, posee una rigidez y una constancia perfectas, no cambia. La máscara constituye un estadio final propio.

El efecto de la máscara es siempre hacia fuera, crea un personaje y establece una distancia entre el espectador y ella porque es intocable. La rigidez de la forma es también la rigidez de la distancia, que no cambie en absoluto es lo que en ella produce fascinación. Detrás de la máscara comienza el secreto, lo oculto, no podemos saber lo que esconde, crea una barrera de separación cargada de un contenido peligroso que no nos es permitido conocer y que produce en nosotros un temor a lo desconocido.

Cuando la metamorfosis llega al estadio de la máscara, ya es definitiva, pues la máscara es precisamente aquello que no se transforma, inconfundible y perdurable, algo inmutable en el juego siempre cambiante de la metamorfosis. La máscara dice “yo soy exactamente lo que estás viendo, y todo lo que temes está detrás”. Sólo es posible conocer la máscara desde fuera, lo en ella hay de cierto, su claridad, está cargada de incertidumbre, ella se interpone entre lo peligroso que está detrás de ella y el observador. Éste teme lo que no conoce, quien porta la máscara teme el desenmascaramiento. Es la personalidad del individuo la que se ocupa cada día de la máscara, mientras, simultáneamente, él se transforma en ella.

Este cambio final o metamorfosis, es lo que origina las personalidades autoritarias propias de los dictadores, cuya base psicopatológica sin duda está relacionada con trastornos narcisísticos de la personalidad.

Finalmente, el poderoso, consciente de su ánimo hostil, siempre permanece en guardia con los que a su alrededor son susceptibles de sufrir sus propias metamorfosis de forma espontánea y no controladas por él, pues teme ser desplazado. Puede que promueva a puestos más elevados a la gente que le es útil, pero la transformación social que ello provoque, deberá ser estrictamente delimitada por el poderoso, él nunca permite un salto por iniciativa propia. Siempre trata de desenmascarar al rival produciéndole un desenmascaramiento, que se opone diametralmente a la metamorfosis, es lo que conocemos como antimetamorfosis. Con el desenmascaramiento el poderoso trata de poner en evidencia a quien supone traidor por osarse a cambiar sin su anuencia.

Uno de los rasgos esenciales de la antimetamorfosis es que siempre se cree saber lo que se encuentra detrás, termina constituyéndose en una especie de tiranía para el ser humano. Este fenómeno, aparte de verlo en el poder, lo encontramos invariablemente en la paranoia. Los paranoicos son grandes simuladores a veces sin saberlo y por otra parte, viven en un eterno desenmascaramiento del enemigo. Los identifican por todas partes, creen saber con exactitud que ocultan, les arrancan la máscara del rostro y en el fondo siempre es uno y el mismo enemigo. La Paranoia es la enfermedad mental más emparentada con el poder.

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