jueves, 16 de mayo de 2019

La Psiquiatría de Enlace y el significado de la enfermedad




¨El psiquiatra es el médico de la nada, el paciente
   acude  a  él porque otro médico le ha asegurado
                                                                   que no tiene nada¨
       Abel Sánchez Peláez – ¨El Hombre¨

La Psiquiatría de Enlace (PE) se concibe como la ¨interfaz¨ entre la psiquiatría y el resto de las especialidades médico quirúrgicas, actualmente es considerada una subespecialidad de la psiquiatría y ha tenido un importante impulso en los últimos años.
Surge realmente después de muchos intentos por establecer un sistema conceptual integrado a la medicina. Su estructuración sufrió innumerables vaivenes a través del tiempo, por ello, para aproximarnos adecuadamente a ella, resulta necesario realizar un breve recuento histórico.
ANTECEDENTES:
Al remontarnos a las sociedades primitivas encontramos que éstas atribuían las enfermedades a los espíritus malignos o demonios que eran combatidos con rituales, exorcismos y trepanaciones que permitían expulsarlos de los pacientes, quienes eran considerados “poseídos”¨.
Las civilizaciones precristianas esbozaron de alguna manera el carácter psicosomático de la medicina. Por ejemplo, Sócrates (470-399 a.C.) consideraba, que si bien ¨no era apropiado curar los ojos sin la cabeza, ni la cabeza sin el cuerpo, tampoco lo era curar el cuerpo sin el alma¨.  Posteriormente Aristóteles (384-322 a.C) expone en múltiples escritos y sobre todo en el tratado “Acerca del alma” su concepción en torno a las estrechas e inmanentes relaciones entre la biología y la psicología “la nutrición es una función vital del alma al igual que lo es el conocimiento”.
Éstos y otros filósofos griegos fueron referentes de Hipócrates (460-370 a.C.) y lo indujeron a la concepción naturalista de la medicina. Si bien Galeno (Siglo II) describe la teoría humoral con un criterio holístico, su posición sufre un retroceso y se estanca durante buena parte de la edad media donde retorna la concepción demoníaca o religiosa de la enfermedad, al considerarla como consecuencia del pecado y/o castigo divino.
En el Renacimiento (S. XV-XVI) pese a los avances de la anatomía, la patología (autopsias) y la microscopía, se pensaba que la psiquis no tenía ningún basamento científico porque no era una realidad tangible, y de nuevo su estudio se relega al de la filosofía y la religión.
En la época Barroca (S. XVI-XVII), al cambiar el concepto del mundo bajo el influjo de Kopérnico, Kepler y Newton, nace el método experimental en las ciencias. Con los empíricos de esa época aparece la historia clínica y los métodos exploratorios y de medición que dan origen al microscopio y al termómetro.
En la Ilustración y pese a que ya para 1801 el francés Philippe Pinel postulara que la enfermedad era un todo indivisible y que los trastornos emocionales y no las influencias diabólicas eran responsables de la alienación, la llamada MEDICINA MODERNA, cuyo mayor auge se ubica a partir de las investigaciones de Pasteur (1822-95) y Virchow (1851-1902), continuó con su enfoque biologicista y experimental, el hecho de considerar el origen de la enfermedad ubicado solo en la célula (como si ésta fuese un ente separado del resto del organismo), desplazó y negó aún más, la aproximación psicosomática de la enfermedad.
En realidad, la disposición de valorar los nexos entre psiquis y soma, surgen a finales del S. XIX y comienzos del XX con los estudios de Bleuer y Freud sobre las conversiones histéricas, estudios que se vieron avalados y reforzados posteriormente con los aportes de Franz Alexander (1891-1964) acerca de los factores psicológicos en las diferentes patologías orgánicas, éste formuló además el concepto de psicoterapia como “experiencia emocional correctiva” y desarrolló ampliamente la hipótesis de desórdenes psicosomáticos. La importancia de las investigaciones de Alexander es innegable y constituye un aporte valiosísimo como vía de investigación, no obstante, su estricta aplicación se hizo difícil en la práctica porque de una u otra forma fue absorbida por la aparente necesidad del dominio de la técnica psicoanalítica para ejecutarla, creándose así una polarización doctrinaria con la que muchos estaban en desacuerdo o no dominaban en términos de comprensión y aplicación terapéutica.
Actualmente han surgido enfoques más holísticos respecto a la comprensión  psicológica de la enfermedad y es parte de nuestra misión, como psiquiatras de enlace, hacer accesible a los médicos no psiquiatras, la comprensión del aspecto psicológico existencial de la enfermedad en sentido general, mediante la creación de una  atmósfera terapéutica más accesible e incluyente, con el uso de un lenguaje claro, contemporáneo y adecuado que les sea más familiar y que los haga sentir cercanos y comprometidos con esa parte humana del paciente.  Ello no implica que obviemos u olvidemos la diversidad de factores que influyen en la enfermedad de un individuo, sino, por el contrario, debemos tratar de lograr que todas las especialidades, dentro de sus posibilidades, contribuyan a su sanación. “En el enfoque y manejo psicológico de sus enfermos se expresa en grado superlativo la persona concreta del médico, su unicidad y su creatividad” (Vethencourt 1977).
OBJETO DE ESTUDIO
La Psiquiatría de Enlace centra su interés en las relaciones existentes entre los componentes somáticos y psicosociales de la enfermedad:
Pacientes con problemas psiquiátricos relacionados con enfermedades e incapacidades físicas y aquellos casos en los que los trastornos emocionales se manifiestan en forma de síntomas somáticos, bien sea como morbilidad previa, simultánea o posterior. Incluye también las alteraciones emocionales derivadas de diagnósticos y tratamientos médicos, además de algunos aspectos relevantes que pudieran surgir entre el equipo tratante y los familiares del enfermo.
MODELOS
Existen al menos tres modelos vigentes para poner en práctica la psiquiatría de enlace, los cuales son complementarios, no excluyentes.
El modelo clásico de la interconsulta, que va dirigido a pacientes hospitalizados tanto en institutos públicos como privados y que persigue, mejorar la calidad de atención al enfermo mediante la integración del psiquiatra con otros especialistas que lo atiendan y con sus familiares.
El segundo modelo se configura, cuando la psiquiatría de enlace se incorpora en regímenes ambulatorios, diseñando y participando en programas para pacientes con patologías físicas similares y que asisten en grupo a determinados tipos de tratamiento, p.ej.: rehabilitación cardíaca, diálisis, oncología, etc.
El tercer modelo tiene lugar en algunos hospitales generales, cuando los psiquiatras de enlace son invitados a participar en las reuniones con los especialistas de diferentes servicios con fines de asesoramiento y/o docencia.
Junto a la psiquiatría de enlace, interactúan otras disciplinas tales como la enfermería y el trabajo social, ello contribuye a ampliar la capacidad del médico para detectar, tratar o derivar a los pacientes que sufren trastornos psiquiátricos e incluir sus fuentes de apoyo como las familias y/o las empresas. Además de las actividades de diagnóstico y tratamiento la psiquiatría de enlace puede realizar otras, tales como la docencia e investigación, con la finalidad de formar o informar a psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales, enfermeras y médicos de otras especialidades.
En el presente trabajo, nos ocuparemos, en primer término, de la actividad más difundida de la psiquiatría de enlace: la interconsulta.
 La interconsulta es el método por el que una disciplina médica interactúa con otra. Ello requiere que una de ellas distinga cuándo existen necesidades de la otra. Los datos demuestran que, al menos en lo que respecta a la psiquiatría, las especialidades médico quirúrgicas son capaces de reconocer a relativamente pocos pacientes con morbilidad psiquiátrica, y cuando lo determinan, no todos son derivados. De la manera como el médico tratante haga la referencia al psiquiatra, dependerá mucho la aceptación de la consulta por parte del paciente.
Silvestre, Salcedo e Ingelmo (1990) consideran, que dependiendo de los hechos que originen la demanda de atención hecha a los especialistas de psiquiatría, pueden generarse las siguientes modalidades de interconsultas:
COMPLEMENTARIAS:
 Este tipo de consultas exige la colaboración estrecha entre el psiquiatra de enlace y el médico tratante de la otra especialidad; ambos actuarán como un equipo interdisciplinario, pero con funciones claras y definidas y, al mismo tiempo, con una colaboración recíproca para evitar situaciones de competencia que, en todo caso, no beneficiarían al paciente.
Son consultas complementarias aquellas donde el trastorno psicopatológico se encuentra asociado o deriva directamente de problemas orgánicos o intervenciones específicas, p.ej.  
-La alucinosis de alcohólicos, ingresados por Gastroenterología para el tratamiento de una cirrosis hepática.
-Las psicosis producidas como efectos secundarios a la administración de algunos antibióticos, de esteroides en casos de enfermedades inmunorreumatológicas u otras enfermedades sistémicas que así lo requieran, o de otros medicamentos.                                                                                                         -Los trastornos depresivos o post traumáticos que surgen en algunos pacientes sometidos a intervenciones quirúrgica por traumatismos ocasionados en accidentes de tránsito con o sin pérdida de miembros o lesiones en otras partes de su cuerpo, o por muerte o lesiones de acompañantes.                                                                
-En los heridos por armas de fuego o de otra naturaleza que hayan sufrido lesiones severas, a partir de las cuales se genere alguna incapacidad (paraplejias, cuadriplejias) con los concomitantes trastornos depresivos o post traumáticos. 
-Las consultas requeridas por pacientes que por sus trastornos psiquiátrico se han auto infligido lesiones físicas (heridas por armas blancas o de fuego, quemaduras, amputaciones, ahorcamientos, emasculaciones, etc.) y que requieren intervenciones quirúrgicas o el concurso de algún otro especialista. Los cuadros depresivos post infarto o por diagnósticos definitivos de enfermedades terminales o incapacitantes.
PARALELAS
En este tipo de interconsulta, las especialidades pueden trabajar con una “relativa independencia metodológica”, sin perder de vista la interacción sintomatológica que puede agravar los aparentes síntomas orgánicos fundamentales, derivarse o actuar como desencadenantes de ellos.
La interconsulta paralela surge si, en la evaluación clínica del paciente, se descubren trastornos psicopatológicos no relacionados aparentemente con el motivo de ingreso. Por ej.: paciente quirúrgico con trastorno psicótico concomitante u otro caso cuyo motivo de ingreso sea una neumonía severa y se le detecte simultáneamente un trastorno de ansiedad generalizada.
En ocasiones, los síntomas psicopatológicos y orgánicos, no se presentan tan diferenciados y pese a que el motivo de ingreso del paciente luzca fundamentalmente de orden físico, un médico observador, podrá detectar de antemano la repercusión psicológica en la sintomatología que ameritó tal ingreso; en estas ocasiones, es relativamente frecuente que la solicitud de consulta psiquiátrica se haga desde ese mismo momento.   En tales casos habría que tomar en cuenta a) si dichos trastornos son una reacción ante la enfermedad o b) si constituyen un factor que agrava un cuadro clínico existente o c) lo que sería más importante, si existe una interrelación causal estrecha entre   los   considerados propiamente trastornos orgánicos y los psicopatológicos; en tal caso, caeríamos en el terreno de los llamados trastornos psicosomáticos y/o somatomorfos.
Sin duda, como indican Padin, Arias y Lozano (2001) y nuestra propia experiencia de más de 40 años en este campo, el mayor porcentaje de solicitudes de interconsulta psiquiátrica, está constituido por las somatizaciones y/o los trastornos somatomorfos (DSM IV 2000-2005)
Debemos aclarar que, si bien no todas las somatizaciones configuran un trastorno somatomorfo, en todo trastorno somatomorfo, está presente la somatización.  
 Para algunos autores, el fenómeno de la somatización es un proceso y no una categoría diagnóstica y en este sentido se han formulado diferentes definiciones del término “somatización” sin llegar a un acuerdo total entre las mismas.
También se han descrito diferentes componentes de la somatización y sus posibles intervenciones terapéuticas, los componentes (Lipowski ZJ. 1988) son:
EXPERIMENTAL: Expresa lo que el sujeto percibe en relación a su cuerpo tales como dolor, u otras manifestaciones infrecuentes y disfuncionales, que él solo puede percibir, lo que, en la semiología tradicional, conocemos como síntomas. Para algunos autores, el fenómeno de la somatización es un proceso y no una categoría diagnóstica (Padín, Arias y Lozano 2001) y en este sentido se han formulado diferentes definiciones del término “somatización” sin llegar a un acuerdo total entre las mismas.
 COGNITIVO: Se refiere a la interpretación que el paciente hace de sus percepciones y a qué las atribuye, en consecuencia, la toma de decisiones que de ello se origina. Pej.: la idea de que sus síntomas son producto de una grave enfermedad capaz de producirle severos daños corporales, convicción que persiste a pesar de las afirmaciones contrarias de sus médicos tratantes.
CONDUCTUAL: incluye acciones y comunicación verbal y no verbal que sigue a dichas atribuciones y que casi siempre lleva al individuo a buscar consejo o tratamiento en la medicina profesional, en otras alternativas paramédicas o a tratarse a sí mismo o simplemente se dedica a quejarse ante familiares y personas no profesionales.
Existe una importante relación entre la somatización, los trastornos psiquiátricos y las múltiples consultas a diferentes especialidades requeridas por los pacientes que la padecen.  Sin duda, la mayoría de los pacientes somatizadores, acuden a la consulta de los médicos no psiquiatras quienes, al no encontrar equivalentes físicos correspondiente al padecimiento referido por aquellos, con muchísima frecuencia les dicen que “no tiene nada”, por ello, muy pocos son referidos al psiquiatra. Esta actitud puede deberse a que dichos médicos (sobre todo los del área quirúrgica) no creen que el psiquiatra podría ser de ayuda, o porque simplemente no quieren estropear su relación con el paciente, quien eventualmente podría sentirse ofendido ante tal referencia, porque piensa que sus síntomas son simulados con alguna finalidad ulterior.  Es decir, que los psiquiatras de enlace tenemos que manejar, no solo la posible negación o desconocimiento del paciente, sino también la resistencia, omnipotencia o carencia de cultura psicológica de los otros médicos especialistas.  La intervención psiquiátrica temprana es muy importante en los pacientes somatizadores para evitar la cronicidad de los síntomas y sus respectivas secuelas o lesiones físicas que vendrían a agravar aún más la patología psíquica subyacente.  
El trastorno somatomorfo requiere, como sabemos, una serie de condiciones para ser considerado como tal, por ejemplo, “historia de múltiples síntomas físicos que empieza antes de los 30 años, persiste durante varios años y obligue a la búsqueda de atención médica o provoque un deterioro significativo, social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo” (DSM IV 2000-2005)  y sobre todo, la no correspondencia de los síntomas con evaluaciones o exploraciones imagenológicas (resonancia magnética, tomografía, rayos X) o de otra naturaleza diagnóstica tales como análisis de laboratorio, etc. 
Las personas con trastornos somatomorfos cronificados desmejoran sustancialmente su capacidad y calidad de vida, tienden a deprimirse con frecuencia, pues al no tratar la causa real de su enfermedad, los tratamientos aplicados les resultan ineficientes y pierden la esperanza de curarse. Por otra parte, la tendencia de estos pacientes a visitar múltiples especialistas, los pone en riesgo de someterse a intervenciones exploratorias o quirúrgicas innecesarias con el consiguiente perjuicio vital y económico, además, los expone al rechazo de dichos especialistas quienes, al no poderle resolver sus requerimientos, pueden llegar a sentirse incapaces, frustrados o demasiado exigidos por todas las molestias que les ocasiona su excesiva demanda.
POR COMPLICACIÓN
En estos casos, tanto el PDE como el médico tratante, deben asumir sus respectivos campos y responsabilidades en los acontecimientos que generan la interconsulta. Al PDE le corresponderá, aparte de su labor con el paciente en cuestión, apoyar psicológicamente al médico tratante con respecto a la culpa que eventualmente pueda generarle el haberse visto obligado a tomar tales decisiones.
Esta modalidad de consulta se genera cuando los trastornos psicopatológicos se evidencian en:
Pacientes adictos a quienes se les suprime bruscamente el uso de tóxicos adictivos tales como cocaína, crack, heroína, alcohol, etc. sin tomar las debidas precauciones cuando son hospitalizados.
Personas mayores sometidas a anestesia por intervenciones quirúrgicas que posteriormente presentan cuadros confusionales, o que son cambiadas de ambiente y/o cuidadores o por relaciones difíciles con el personal hospitalario.
Pacientes que sufren complicaciones quirúrgicas repentinas durante la intervención misma y que les generan condiciones adversas, secuelas no esperadas ni por ellos ni por sus tratantes como p.ej.:  ano contra natura por neoplasias intestinales; amputaciones de miembros posteriores a intervenciones de corazón abierto o por diabetes complicada, etc.
NO MOTIVADA  
 Aquí el PDE actuaría como apoyo al médico tratante para brindarle orientación y asesoría en la evaluación y manejo del caso, puesto que casi siempre estas consultas son solicitadas para pacientes asintomáticos y cuya recaída, a veces poco probable, se teme, por tanto, no son originadas por la supuesta psicopatología del paciente sino por los prejuicios y/o desconocimiento del tratante respecto a las alteraciones psíquicas
NO-PROCEDENTE  
Una vez evaluado el paciente, el PDE determinaría la no procedencia de la interconsulta al comprobar que la interpretación dada por el tratante no se corresponde con alteraciones psicopatológicas sino más bien con posibles conductas adaptativas del paciente a su enfermedad, a su lugar de reclusión o a sus circunstancias vitales adversas o a otras causas, como, por ejemplo, un mal trato del personal que lo atiende.  En este caso, habría que aclarar la situación real y constatar las versiones de los involucrados.
Los autores de la clasificación antes planteada (Silvestre, Salcedo e Ingelmo 1990) la consideran bastante simple y aclaran que su finalidad es esquematizar el tipo de interconsultas con fines teóricos, para facilitar el abordaje y la ayuda que pudiésemos prestar a nuestros pacientes. Debemos tener siempre presente, la condición multifactorial del ser humano y que la enfermedad, como tal, puede albergar muchos otros significados que los simplemente manifestados a simple vista.
En consecuencia y tomando en cuenta que las consultas efectuadas en PDE se diferencian sustancialmente de las que hacemos en nuestros consultorios, podemos inferir que los psiquiatras de enlace debemos contar con algunas competencias particulares para abordarlas, entre ellas:
-La capacidad para aplicar diferentes técnicas terapéuticas, aunque el enfoque inicial del caso se haga desde alguna en especial. P.ej. Psicodinámica, Conductual, Cognitiva, etc.
-Facilidad comunicacional con los colegas y un alto sentido ético con respecto a sus estimaciones, diagnósticos o procedimientos acerca de la enfermedad física del paciente, evitando en todo momento comentar con éste o con sus familiares, nuestras eventuales diferencias de criterio. En caso de que éstas surgiesen, debemos discutirlo amistosamente, en privado, con los tratantes.
-Los PDE no debe actuar como “apaga fuegos”: las interconsultas o evaluaciones solicitadas cuando ya el paciente va a egresar, funcionan más en beneficio del tratante (culpa), que del propio paciente.
-Las “malas noticias” tales como muertes, enfermedades de mal pronóstico, etc., no deberían ser comunicadas al paciente por el PDE si éste no ha tenido contacto previo con el mismo. Este aspecto le correspondería en principio al médico tratante, que puede o no estar acompañado en ese momento por el PDE.
-Versatilidad para adaptarse tanto a la inusual forma de trabajar en psiquiatría de enlace para modificar y adaptar, si es necesario, los modelos psicoterapéuticos a la realidad del momento. Por ejemplo, situación país.
-Facilidad comunicacional con el paciente, donde impere nuestra neutralidad, adaptabilidad y respeto hacia su forma de pensar, sus niveles de educación, grupo étnico, identificación sexual, religión, gustos, etc.
-Especial capacidad para manejar el delicado tópico referente a los familiares de los pacientes, entre ellos podemos encontrar una gran variedad: colaboradores, saboteadores, respetuosos, irrespetuosos, invasivos, distantes, prejuiciados, con o   sin cultura psicológica, incrédulos, etc. todo lo cual puede favorecer o no nuestra intervención terapéutica.
    -Actualización en el uso de psicofármacos y tener presente, sobre todo, sus posibles interacciones con otros medicamentos que, con seguridad, por tratarse de personas con dolencias físicas, esté recibiendo el paciente. También hay que estar alerta de los efectos neurotropos propios de algunos medicamentos, lo cual puede generar cuadros psiquiátricos medicamentosos, incluyendo psicosis. P.ej. algunos antibióticos, esteroides, etc.
 -El PDE debe considerar además que, con relativa frecuencia, el paciente no solicita la consulta psiquiátrica, sino que lo hacen sus médicos tratantes o sus familiares a través de estos, es más, en muchas ocasiones el paciente ignora que se ha solicitado la consulta, en consecuencia, debemos estar preparados a no contar con su aceptación y asumirlo sin ofensa ni mella en nuestra autoestima. Una aproximación cordial y respetuosa al paciente, donde entre otras cosas, se le explique nuestro rol, posiblemente lo hará cambiar de actitud.
Además de lo antes señalado, es verdaderamente importante que el PDE esté dotado de una profunda capacidad de análisis que le permita comprender el verdadero significado de la enfermedad o síntomas psicopatológicos del paciente y del por qué se presentan en ese momento. Sobre todo, si tomamos en cuenta, como se dijo antes, que la mayoría de las interconsultas de enlace, son por trastornos somatomorfos. Al respecto, el Dr. José Luis Vethencourt, en su libro “Lo psicológico y la enfermedad” (1977) nos invita a que en casos donde aparezcan unidos los síntomas psicológicos y los físicos, nos hagamos las siguientes preguntas que según Victor Von Weizsacer deberíamos hacérnoslas ante cualquier enfermedad: 1) ¿Por qué en este momento?  2) ¿Por qué en este órgano?  3) ¿Por qué de esta manera?
El Dr. Vethencourt también expone, “las principales funciones que puede cumplir la enfermedad somática, según la constelación de factores que en el fondo la determinan” a continuación enumeramos algunas de ellas:
-La enfermedad como accidente, una excusa bastante frecuente que no nos debe llamar a engaño y ante la cual debemos mantener la mirada atenta es la de una aparente accidentalidad que, en el fondo, representa la culminación de dificultades personales y situaciones vitales problemáticas vividas por el paciente consciente o inconscientemente e ignoradas por él y/o sus familiares. En estos casos es importante el análisis de lo que llamó el psicoanalista César Liendo “la situoterapia” (citado por Vethencourt, 1977) que no es otra cosa que el planteamiento franco de la situación en la que se suceden los hechos y la discusión consciente de la misma, para propiciar nuestra intervención directa con miras a cambiarla y así, ayudar al paciente en la solución de tal problemática.
- La enfermedad como destino: se trata con relativa frecuencia de secuelas de enfermedades congénitas o infantiles, que, si bien pudieran producir ciertas limitaciones para la ejecución de algunos movimientos o actividades, no las impiden del todo. En estas ocasiones el sufrimiento morboso puede ser asumido por algunas personas como un destino fatal que lo acompañará en su vida, hay una aceptación pasiva de la enfermedad como algo irreversible, sin preocuparse por buscar cura o dejándosela resignadamente a Dios. Sin embargo, en muchas ocasiones las limitaciones que produce la enfermedad pueden utilizarse para justificar la dependencia de la persona de familiares o instituciones que le provean beneficios. En personas más sanas, podemos observar que aun cuando se trate de las mismas dolencias, el paciente las asume y se esfuerza en generar las compensaciones necesarias que le permitan realizar actividades constructivas, ya sean deportivas, artísticas, literarias o científicas.
-La enfermedad como complicación: En este rubro se agrupan todas las enfermedades que responden a la dinámica de la somatización profunda, ya sean por estrés, por emociones reprimidas o por sufrimientos no asumidos. “Ya sabemos que se disfrazan bajo la apariencia de sucesos accidentales”. En estos casos nuestra labor será ayudar al paciente a asumir su enfermedad como una  complicación no deseada,  ocasionada por su propia actitud o por una situación conflictiva no reconocida  o por lo que es más frecuente, por una combinación de ambos factores. Nuestro objetivo será, el de inducir cambios favorables en dichos factores para propiciar el retorno de su equilibrio vital.
-La enfermedad como expresión: “se trata de aquellos casos de malestares, síntomas aislados, lesiones no sistémicas, etc. que responden a la dinámica de la metáfora del cuerpo”. El cuerpo expresa su malestar en general, alterando sus funciones y en ocasiones hasta su estructura.  Estos cuadros clínicos se ubican en la clasificación de lo que hoy conocemos como Trastornos somatomorfos o somáticos,  dependiendo  de  sus  características  particulares (DSM 5).  En  estos casos, predomina el sufrimiento por causa de la alteración somática en lugar de la angustia por temor a que la enfermedad aparezca como sucede en la Hipocondría.
-La enfermedad como solución: Con relativa frecuencia presenciamos cómo el sufrimiento personal  peligroso,  desmedido   o inoportuno  para  los  recursos momentáneos del paciente, se manifiesta como sufrimiento patológico del cuerpo. “A veces el sufrimiento somático, como codificación del sufrimiento moral pospone el enfrentamiento del trauma; le da tiempo al sujeto para reponerse, evolucionar y fortalecerse”. Así, se acepta que la solución de los problemas que agobian al paciente y sobre todo si están involucradas otras personas, puedan ser post puestos, con la aceptación de todos, mientras el paciente toma su tiempo para enfrentarlos. 
-La enfermedad como acomodo: “Trátese de la impotencia del yo frente a una situación difícil que no se atreve encarar; de la indigencia del sujeto frente a una situación verdaderamente problemática que lo desborda realmente por todos lados; o del desaliento del nivel existencial para convertirse el problema en incitación creadora” puede utilizarse la enfermedad somática como “recurso espurio” para el acomodo vital. Esta conducta del paciente la conocemos como “ganancia secundaria” de la enfermedad.  La mayoría de los médicos podemos detectar esta situación y la función secreta que cumple la misma para estos pacientes, quienes, pese a sus quejas, serán los principales saboteadores para lograr su curación.
-La enfermedad como sentido: A veces una vida monótona encuentra su sentido en el sufrimiento patológico. “La enfermedad le permite al paciente vibrar con el sufrimiento de otros, y así, experimentar un cierto grado de amistad, compromiso y solidaridad”. En otras ocasiones, tal como lo plantea Viktor Frankl (1991) el sufrimiento hace que el ser humano se pregunte sobre el sentido de su existencia y su respuesta lo lleve a transformaciones inesperadas y profundas.  Durante el tratamiento de estos pacientes hay que inducirlos a la experimentación positiva, es decir, enseñarlos a que pueden ser sociables y a expresar sus afectos sin necesidad de estar enfermos.
Otras publicaciones más recientes Dethlefsen y Dahlke  (2014) hablan casi en los mismos términos que los utilizados por el Dr. Vethencourt, en cuanto a la conveniencia que tenemos nosotros, como psicoterapeutas de analizar el por qué, el cómo y el para qué de una determinada sintomatología.
Ellos sugieren varias reglas:     
1ª) Renunciar en la interpretación de los síntomas a las aparentes relaciones causales en el plano funcional. Regla con lo cual estoy en desacuerdo, cuando de psiquiatría de enlace se trata, por la diversidad de cuadros mixtos y/o efectos secundarios de medicamentos que producen síntomas psiquiátricos a los cuales estamos expuestos y que debemos diagnosticar para poder resolver adecuadamente los casos que se nos presentan.
2ª) Analizar el momento de la aparición de un síntoma. Indagar en la situación personal, pensamientos, sueños, fantasías, acontecimientos y noticias que sitúan el síntoma en el tiempo.
3ª) Hacer abstracción del síntoma convirtiéndolo en principio y trasladarlo al plano psíquico. Escuchar con atención las expresiones idiomáticas, las cuales pueden servirnos de clave, ya que nuestro lenguaje es psicosomático.
4ª) Formular dos preguntas claves: ¿Qué me impide este síntoma? ¿Qué me impone este síntoma? Sus respuestas suelen revelar rápidamente el tema central de la enfermedad. 
Dethelefsen y Dahlke (2014) consideran que el síntoma hace completo al ser humano y en tanto éste no comprenda su significado, lo resuelva a nivel de la conciencia y obtenga de ello una experiencia, el síntoma seguirá empeorando hasta configurar una escalada, la cual desglosan en siete etapas:
1)    Presión psíquica (pensamiento, deseos, fantasías)
2)    Trastornos funcionales.
3)    Trastornos físicos agudos (inflamaciones, heridas, pequeños accidentes)
  4)   Afecciones crónicas
   5)   Procesos incurables, alteraciones orgánicas, cáncer.
    6)   Muerte (por enfermedad o accidente)
    7)   Defectos o trastornos congénitos (karma)
Esta escalada sintomática, a decir de los autores antes mencionados, se configura y avanza progresivamente si la problemática psíquica no es resuelta con prontitud, pues consideran, que antes de que un problema se manifieste en el cuerpo, se anuncia en la mente como tema, idea, deseo o fantasía. Los individuos con pensamiento muy rígido (suele verse más en los hombres) tienden a insensibilizar lo psíquico, lo que puede percibirse al comienzo como síntomas pequeños e inofensivos, pero persistentes, lo cual permite realizar el impulso que se pretendía reprimir.
Posterior a los trastornos funcionales, a los cuales en general el individuo se resigna, le siguen otros tales como los procesos agudos p.ej.: inflamaciones que pueden instalarse en cualquier parte del cuerpo. “Toda enfermedad inflamatoria es una clara incitación a comprender algo y pretende hacer visible un conflicto ignorado”, si no lo consigue, lo agudo se hará crónico y en general los procesos crónicos “suelen acarrear alteraciones irreversibles calificadas como enfermedades incurables”, las cuales, tarde o temprano conducirán a la muerte.
Dethlefsen y Dalke (2014) llaman el 7* paso de la escalada “karma”, dada su creencia en la reencarnación  y dicen al respecto “Porque todo lo que el individuo no haya comprendido antes de su muerte, será un problema  que agravará su conciencia en la siguiente encarnación”:
Los modelos de comprensión psicológica de la enfermedad, expuestos anteriormente, nos muestran aproximaciones muy similares. Comprensión necesaria como instrumento de trabajo en la psiquiatría de enlace con la cual sin duda se enriquecerá nuestra participación terapéutica en el equipo que formemos con los médicos tratantes de nuestros pacientes.
Por último, hay que considerar un aspecto de vital importancia en la psiquiatría de enlace: el tratamiento de pacientes terminales, en estos casos, el PDE debe estimular tanto al paciente como a sus familiares a desarrollar estrategias de adaptación a noticias catastróficas y trabajar con la profundidad que las circunstancias lo permitan, el temor a la muerte y al abandono, la invalidez, a la dependencia de terceros, el quiebre de sus relaciones interpersonales y los compromisos financieros, etc.
El objetivo final de los PDE, es diagnosticar, recomendar y/o tratar las enfermedades psiquiátricas en enfermos de otras especialidades, y junto a los demás médicos tratantes, lograr o mejorar tanto  su salud física como mental, mediante intervenciones psicoterapéuticas, físicas, químicas o quirúrgicas en un clima donde ninguna de ellas  interfiera  en  desmedro  de  las  otras,  en  consecuencia,   la aceptación del hecho psicológico no debería producir en el médico tratante de otra especialidad  ningún  sentimiento  de  minusvalía  en  relación  a sus destrezas y/o consideraciones diagnósticas y terapéuticas y viceversa, puesto que el paciente es un ente biopsicosocial y espiritual, que necesita de todas nuestras destrezas, capacidades y preparación personal y académica y a quien, la comprensión del significado de su enfermedad, lo favorecerá enormemente.
Por la frecuente tendencia que aún existe a estigmatizar y descalificar los aspectos psicológicos de las enfermedades, el PDE en todos los casos, debe hacer valer amable, pero consistentemente, su condición de especialista en la materia, tratando de mantener, simultáneamente, una relación de respeto mutuo y consideración tanto con los colegas de otras especialidades, como con el personal paramédico.

LIBERTAD VELÁZQUEZ DE SUÁREZ
MÉDICO PSIQUIATRA – MAGISTER EN FILOSOFÍA

jueves, 12 de mayo de 2016

Duelo


                                                                  Que mi recuerdo no envenene       
tus futuras alegrías
pero no permitas que tus alegrías
destruyan mi recuerdo
Georges Sand
➢ Etimología
➢ Definición
➢ Clasificación
➢ Fases y/o Etapas
➢ Factores que influyen en la elaboración
➢ Tratamiento
ETIMOLOGÍA: Duellum o combate, Dolus: Dolor
DEFINICIÓN: El duelo (Bucay, 2004) es el proceso psicológico y existencial que experimenta un individuo ante una pérdida importante en su vida y que requiere de su elaboración, es decir, de ponerse en contacto con el vacío que ha dejado la pérdida de lo que no está, valorar su importancia y soportar el sufrimiento y la frustración que comporta su ausencia.
No solo las grandes pérdidas generan duelos, sino que toda pérdida lo implica, además de la muerte de un ser querido también generan duelos: la separación de la pareja, de los amigos, las pérdidas materiales y del estatus socio económico, de la vivienda, las mudanzas, la muerte de mascotas, etc.
Hoy nos vamos a referir, fundamentalmente, al duelo que genera el fallecimiento o de familiares o seres queridos o muy significativos para nosotros.

CLASIFICACIÓN:  
1. Dependiendo de la intensidad de las reacciones y del tiempo que duren las manifestaciones de las mismas, podemos clasificar el duelo en 
- Normal
- Patológico

Duelo Normal:
Se considera que un duelo es normal o adecuadamente elaborado, cuando la persona, una vez vivida todas las fases, en un lapso que varía, pero que en general tiene como promedio de 10 meses a dos años, llega a lo que se considera la aceptación o resignación. 
Debemos tener en cuenta que el proceso de elaboración de un duelo, no es lineal, que pueden aparecer crisis que tienden a distanciarse, lo cual no indica que estemos frente a un retroceso, siempre y cuando sigamos experimentando crecimiento personal y no abandonemos nuestro proyecto vital, estaremos en la senda correcta de su resolución.


Un duelo es satisfactoriamente elaborado, cuando se acepta la realidad de la pérdida y en consecuencia se logra una adaptación que permite vivir en un mundo en el que el otro ya no está. Cuando se logra que el fallecido trascienda a nuestra instancia simbólica y podemos seguir vinculándonos con el entornode manera armoniosa y proactiva.
La superación del duelo también se evidencia cuando el doliente es capaz de recordar al fallecido sin caer en quejas ni sufrimiento permanente y abrirse a nuevas relaciones.

Manifestaciones en un duelo normal:
a) Emocionales: tristeza, rabia, culpa, miedo
b) Cognitivas: rumiaciones (si yo hubiera hecho…)
c) Conductuales: llanto incontrolado, buscar y/o llamar al fallecido, disminución en la búsqueda de placer, insomnio o hipersomnia, labilidad del humor.
d) Físicas: Cansancio, agotamiento, náuseas, vómitos, somatización, sensación de falta de aire, aumento o disminución del apetito.
e) Sociales: resentimiento hacia los demás (por qué el, por qué a mí) envidia, aislamiento.
f) Espirituales: angustia ontológica, cuestionamientos y dudas religiosas.


DUELO PATOLÓGICO:

El duelo patológico o complicado, es una reacción más intensa y duradera que la manifestada habitualmente ante una pérdida importante, que dificulta su elaboración. Se caracteriza porque la persona permanece controlada por el sufrimiento y detenida en alguna de las fases intermedias de la resolución, sin lograr la resignación. En general se caracteriza por insomnio, síntomas de depresión y ansiedad. También pueden actuar como desencadenante de enfermedades subyacentes como cáncer, trastornos cardíacos, etc.  e inducir al abuso de alcohol, cigarrillos u otras drogas y a pensamientos o actos suicidas.
Este sufrimiento extremo a largo plazo, puede impactar negativamente la vida del individuo, pues nunca logra alcanzar la aceptación de la pérdida y es necesaria la ayuda profesional.
La Clínica Mayo enumera las siguientes características de un duelo patológico:
-Concentración extrema en la pérdida y los recuerdos del ser querido.
-Añoranza o dolor intenso por la persona fallecida.
-Problemas para aceptar la muerte del fallecido.


VARIEDADES DE DUELOS: (Gestalt)
a) Anticipatorio
b) Desautorizado
c) Inhibido o retardado
d) Crónico
e) Traumático
f) Hiperactivo
Anticipatorio: En caso de enfermedades crónicas o separaciones anunciadas.
Desautorizado: Cuando por razones sociales o familiares, la manifestación de duelo debe permanecer oculta o controlada p. ej. 
Caso de amantes o relaciones ilícitas sobre todo de tipo homosexual, causas de muerte censuradas tales como SIDA, suicidio, homicidio, sobredosis.
Pérdidas no reconocidas como importantes por los otros: aborto, esterilidad, enfermedad mental, demencia, abusos, mascotas.
Inhibido o retardado: Cuando la persona no es capaz de demostrar sus sentimientos por prejuicios sociales o culturales (machismo, religión, etc.) Se ve también en personas excesivamente “controladas” que en general escapan del dolor con negación extrema. No obstante, durante años, cualquier imagen o recuerdo reactiva el duelo no resuelto. 
Crónico: Duelo estacionario, caracterizado por agotamiento nervioso, síntomas hipocondríacos, identificación con el fallecido en cuanto su causa de muerte. Pueden desarrollarse adicciones al alcohol u otras drogas.
Traumático: Cuando la pérdida ha sido repentina o violenta. Hay mayor dificultad para la elaboración por la falta de preparación previa para el acontecimiento. Es posible que se prolongue sobre todo la primera etapa de la elaboración (negación). Existe búsqueda exagerada y añoranza por el difunto, sentimientos excesivos de soledad y pensamientos intrusivos respecto al mismo.
Eufórico: Se caracteriza porque el doliente en lugar de expresar dolor da muestras de tranquilidad y hasta de euforia,  en ocasiones considera que la pérdida le ha sido favorable. En general adopta una conducta hiperactiva.     Algunos de estos duelos, requieren de ayuda profesional.

FASES O ETAPAS:
Difieren de acuerdo a los diferentes autores, más todas conducen a la resignación o aceptación:
E. Kübler Ross: Negación, Ira, Negociación, Depresión y Resignación.
Linderman: Conmoción o incredulidad, Duelo agudo, Resignación.
Neinmayer: Evitación, asimilación, acomodación.
J. Bowly: Aturdimiento o entumecimiento, añoranza y búsqueda, desorganización y desesperanza y por último, reorganización. 

J. W. Worden no habla de fases sino de etapas y propone definir “tareas” que debe realizar el deudo, de manera activa y no como un ente pasivo que espera a que las fases se sucedan espontáneamente, dichas tareas son:
1) Reconocer la pérdida en todos sus aspectos (nivel mental) y aceptar su irreversibilidad (nivel afectivo).
2) Identificar y expresar emociones y sentimientos generados por el duelo.
3) Desarrollar nuevas habilidades y reconstruir aspectos dañados del mundo interno.
4) Reinvertir la energía emocional entregada al fallecido en otras relaciones o intereses. Abrirse a nuevas opciones en la vida.
Es decir, Worden propone que el doliente afronte la pérdida con una estrategia definida para superarla y salir adelante.

FACTORES QUE INFLUYEN EN LA ELABORACIÓN DEL DUELO
Alteraciones psicológicas en la personalidad del doliente (Depresión sub-clínica, baja autoestima, etc.)
Relaciones ambivalentes (amor-odio) o muy dependientes con el fallecido.
Muerte súbita, especialmente si es traumática o desfigurativa.
Muerte por enfermedad extremadamente larga.
Muerte de un niño.
Muerte por causas percibidas como evitables.
Sensación de falta de apoyo por el doliente.
Culpa persistente. 

TRATAMIENTO
Preferiblemente Psicoterapia, ocasionalmente puede procederse a la administración de antidepresivos y ansiolíticos o hipnóticos.
La finalidad del tratamiento, cuando el duelo lo amerita, es conducir al paciente a la aceptación de la realidad de la pérdida y a adaptarse a vivir en un mundo en que el otro ya no está.
A la elaboración del duelo no puede fijársele un tiempo específico, pero tampoco podemos dejar que se perpetúe. Por tanto, tendremos que comunicarle al paciente, que se trata de un proceso activo, con metas definidas, que requiere de su participación  para el logro de los cambios personales requeridos.
El proceso de duelo como tal, no debería revestir ninguna patología ni por tanto requerir la administración de psicofármacos, pero quien solicita ayuda o es referido para ser tratado, es porque seguramente estará haciendo un duelo patológico en cualquiera de sus modalidades.
En el caso de duelos anticipatorios es importante la participación de profesionales dedicados a cuidados paliativos, que provean a la familia de recursos para manejar el sufrimiento prolongado y la ambivalencia de los sentimientos, así como la toma de decisiones a la hora de la muerte del enfermo,  para evitar que la familia se desmorone.
El duelo, como se dijo antes, no es una entidad patológica, quizás lo deberíamos considerar más bien  como una crisis psicológica/existencial, por tanto la psicoterapia debe apoyarse en esos dos pilares.
En consecuencia, deberemos considerar que la persona que consulta lo hace con un estado de conciencia infeliz (Hegel) y amerita que la ayudemos aconfrontar su dolor con lucidez procediendo al análisis de su situación desde sus propias creencias y espiritualidad, revisando el significado tiene para ellala ausencia del otro, su concepción acerca de la muerte, las consecuencias de la pérdida sufrida y el sentido trascendente de la vida. Su angustia psicológica y Ontológica.
Es importante inducir al paciente la motivación para que continúe con el crecimiento personal que le permita el desarrollo de su proyecto vital de una forma activa y planificada. 
Solo analizando con profundidad estos contenidos podemos ayudar a la persona a recolocar emocionalmente al fallecido, lo cual le facilitaría  establecer nuevos vínculos y reincorporase definitivamente y con éxito a su vida cotidiana. 
“Asumiendo nuestras imperfecciones, es probable que no lleguemos al final del camino, pero es posible que viajemos con esperanza, que es mejor que llegar”

LIBERTAD VELÁZQUEZ DE SUÁREZ
Médico Psiquiatra – Magister en Filosofía
Mayo 2015















B I B L I O G R A F Í A

Aproximación Psicológica a la Terapia del duelo. Carlos Juan Bianchi.Buenos Aires, Argentina. Expuesto Congreso Nacional de Cuidados Paliativos, Panamá, 2002
El duelo, un proceso inevitable. Bravo, M.; Hernández A.; Hernández B. Huertas T. Prezy, 2002
El tratamiento del duelo. Asesoramiento psicológico y terapia. Worden, J.W. Barcelona: Paidós, 1997
Diplomado de Tanatología con enfoque Gestalt. IDECC, México, 2011
Preguntas y respuestas sobre la muerte de un ser querido. Kübler Ross Elisabeth, Barcelona, Martínez Roca, 1998
Sinopsis de Psiquiatría. Kaplan, H.I Madrid, Editorial Panamericana, 1996









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