jueves, 12 de mayo de 2016

Duelo


                                                                  Que mi recuerdo no envenene       
tus futuras alegrías
pero no permitas que tus alegrías
destruyan mi recuerdo
Georges Sand
➢ Etimología
➢ Definición
➢ Clasificación
➢ Fases y/o Etapas
➢ Factores que influyen en la elaboración
➢ Tratamiento
ETIMOLOGÍA: Duellum o combate, Dolus: Dolor
DEFINICIÓN: El duelo (Bucay, 2004) es el proceso psicológico y existencial que experimenta un individuo ante una pérdida importante en su vida y que requiere de su elaboración, es decir, de ponerse en contacto con el vacío que ha dejado la pérdida de lo que no está, valorar su importancia y soportar el sufrimiento y la frustración que comporta su ausencia.
No solo las grandes pérdidas generan duelos, sino que toda pérdida lo implica, además de la muerte de un ser querido también generan duelos: la separación de la pareja, de los amigos, las pérdidas materiales y del estatus socio económico, de la vivienda, las mudanzas, la muerte de mascotas, etc.
Hoy nos vamos a referir, fundamentalmente, al duelo que genera el fallecimiento o de familiares o seres queridos o muy significativos para nosotros.

CLASIFICACIÓN:  
1. Dependiendo de la intensidad de las reacciones y del tiempo que duren las manifestaciones de las mismas, podemos clasificar el duelo en 
- Normal
- Patológico

Duelo Normal:
Se considera que un duelo es normal o adecuadamente elaborado, cuando la persona, una vez vivida todas las fases, en un lapso que varía, pero que en general tiene como promedio de 10 meses a dos años, llega a lo que se considera la aceptación o resignación. 
Debemos tener en cuenta que el proceso de elaboración de un duelo, no es lineal, que pueden aparecer crisis que tienden a distanciarse, lo cual no indica que estemos frente a un retroceso, siempre y cuando sigamos experimentando crecimiento personal y no abandonemos nuestro proyecto vital, estaremos en la senda correcta de su resolución.


Un duelo es satisfactoriamente elaborado, cuando se acepta la realidad de la pérdida y en consecuencia se logra una adaptación que permite vivir en un mundo en el que el otro ya no está. Cuando se logra que el fallecido trascienda a nuestra instancia simbólica y podemos seguir vinculándonos con el entornode manera armoniosa y proactiva.
La superación del duelo también se evidencia cuando el doliente es capaz de recordar al fallecido sin caer en quejas ni sufrimiento permanente y abrirse a nuevas relaciones.

Manifestaciones en un duelo normal:
a) Emocionales: tristeza, rabia, culpa, miedo
b) Cognitivas: rumiaciones (si yo hubiera hecho…)
c) Conductuales: llanto incontrolado, buscar y/o llamar al fallecido, disminución en la búsqueda de placer, insomnio o hipersomnia, labilidad del humor.
d) Físicas: Cansancio, agotamiento, náuseas, vómitos, somatización, sensación de falta de aire, aumento o disminución del apetito.
e) Sociales: resentimiento hacia los demás (por qué el, por qué a mí) envidia, aislamiento.
f) Espirituales: angustia ontológica, cuestionamientos y dudas religiosas.


DUELO PATOLÓGICO:

El duelo patológico o complicado, es una reacción más intensa y duradera que la manifestada habitualmente ante una pérdida importante, que dificulta su elaboración. Se caracteriza porque la persona permanece controlada por el sufrimiento y detenida en alguna de las fases intermedias de la resolución, sin lograr la resignación. En general se caracteriza por insomnio, síntomas de depresión y ansiedad. También pueden actuar como desencadenante de enfermedades subyacentes como cáncer, trastornos cardíacos, etc.  e inducir al abuso de alcohol, cigarrillos u otras drogas y a pensamientos o actos suicidas.
Este sufrimiento extremo a largo plazo, puede impactar negativamente la vida del individuo, pues nunca logra alcanzar la aceptación de la pérdida y es necesaria la ayuda profesional.
La Clínica Mayo enumera las siguientes características de un duelo patológico:
-Concentración extrema en la pérdida y los recuerdos del ser querido.
-Añoranza o dolor intenso por la persona fallecida.
-Problemas para aceptar la muerte del fallecido.


VARIEDADES DE DUELOS: (Gestalt)
a) Anticipatorio
b) Desautorizado
c) Inhibido o retardado
d) Crónico
e) Traumático
f) Hiperactivo
Anticipatorio: En caso de enfermedades crónicas o separaciones anunciadas.
Desautorizado: Cuando por razones sociales o familiares, la manifestación de duelo debe permanecer oculta o controlada p. ej. 
Caso de amantes o relaciones ilícitas sobre todo de tipo homosexual, causas de muerte censuradas tales como SIDA, suicidio, homicidio, sobredosis.
Pérdidas no reconocidas como importantes por los otros: aborto, esterilidad, enfermedad mental, demencia, abusos, mascotas.
Inhibido o retardado: Cuando la persona no es capaz de demostrar sus sentimientos por prejuicios sociales o culturales (machismo, religión, etc.) Se ve también en personas excesivamente “controladas” que en general escapan del dolor con negación extrema. No obstante, durante años, cualquier imagen o recuerdo reactiva el duelo no resuelto. 
Crónico: Duelo estacionario, caracterizado por agotamiento nervioso, síntomas hipocondríacos, identificación con el fallecido en cuanto su causa de muerte. Pueden desarrollarse adicciones al alcohol u otras drogas.
Traumático: Cuando la pérdida ha sido repentina o violenta. Hay mayor dificultad para la elaboración por la falta de preparación previa para el acontecimiento. Es posible que se prolongue sobre todo la primera etapa de la elaboración (negación). Existe búsqueda exagerada y añoranza por el difunto, sentimientos excesivos de soledad y pensamientos intrusivos respecto al mismo.
Eufórico: Se caracteriza porque el doliente en lugar de expresar dolor da muestras de tranquilidad y hasta de euforia,  en ocasiones considera que la pérdida le ha sido favorable. En general adopta una conducta hiperactiva.     Algunos de estos duelos, requieren de ayuda profesional.

FASES O ETAPAS:
Difieren de acuerdo a los diferentes autores, más todas conducen a la resignación o aceptación:
E. Kübler Ross: Negación, Ira, Negociación, Depresión y Resignación.
Linderman: Conmoción o incredulidad, Duelo agudo, Resignación.
Neinmayer: Evitación, asimilación, acomodación.
J. Bowly: Aturdimiento o entumecimiento, añoranza y búsqueda, desorganización y desesperanza y por último, reorganización. 

J. W. Worden no habla de fases sino de etapas y propone definir “tareas” que debe realizar el deudo, de manera activa y no como un ente pasivo que espera a que las fases se sucedan espontáneamente, dichas tareas son:
1) Reconocer la pérdida en todos sus aspectos (nivel mental) y aceptar su irreversibilidad (nivel afectivo).
2) Identificar y expresar emociones y sentimientos generados por el duelo.
3) Desarrollar nuevas habilidades y reconstruir aspectos dañados del mundo interno.
4) Reinvertir la energía emocional entregada al fallecido en otras relaciones o intereses. Abrirse a nuevas opciones en la vida.
Es decir, Worden propone que el doliente afronte la pérdida con una estrategia definida para superarla y salir adelante.

FACTORES QUE INFLUYEN EN LA ELABORACIÓN DEL DUELO
Alteraciones psicológicas en la personalidad del doliente (Depresión sub-clínica, baja autoestima, etc.)
Relaciones ambivalentes (amor-odio) o muy dependientes con el fallecido.
Muerte súbita, especialmente si es traumática o desfigurativa.
Muerte por enfermedad extremadamente larga.
Muerte de un niño.
Muerte por causas percibidas como evitables.
Sensación de falta de apoyo por el doliente.
Culpa persistente. 

TRATAMIENTO
Preferiblemente Psicoterapia, ocasionalmente puede procederse a la administración de antidepresivos y ansiolíticos o hipnóticos.
La finalidad del tratamiento, cuando el duelo lo amerita, es conducir al paciente a la aceptación de la realidad de la pérdida y a adaptarse a vivir en un mundo en que el otro ya no está.
A la elaboración del duelo no puede fijársele un tiempo específico, pero tampoco podemos dejar que se perpetúe. Por tanto, tendremos que comunicarle al paciente, que se trata de un proceso activo, con metas definidas, que requiere de su participación  para el logro de los cambios personales requeridos.
El proceso de duelo como tal, no debería revestir ninguna patología ni por tanto requerir la administración de psicofármacos, pero quien solicita ayuda o es referido para ser tratado, es porque seguramente estará haciendo un duelo patológico en cualquiera de sus modalidades.
En el caso de duelos anticipatorios es importante la participación de profesionales dedicados a cuidados paliativos, que provean a la familia de recursos para manejar el sufrimiento prolongado y la ambivalencia de los sentimientos, así como la toma de decisiones a la hora de la muerte del enfermo,  para evitar que la familia se desmorone.
El duelo, como se dijo antes, no es una entidad patológica, quizás lo deberíamos considerar más bien  como una crisis psicológica/existencial, por tanto la psicoterapia debe apoyarse en esos dos pilares.
En consecuencia, deberemos considerar que la persona que consulta lo hace con un estado de conciencia infeliz (Hegel) y amerita que la ayudemos aconfrontar su dolor con lucidez procediendo al análisis de su situación desde sus propias creencias y espiritualidad, revisando el significado tiene para ellala ausencia del otro, su concepción acerca de la muerte, las consecuencias de la pérdida sufrida y el sentido trascendente de la vida. Su angustia psicológica y Ontológica.
Es importante inducir al paciente la motivación para que continúe con el crecimiento personal que le permita el desarrollo de su proyecto vital de una forma activa y planificada. 
Solo analizando con profundidad estos contenidos podemos ayudar a la persona a recolocar emocionalmente al fallecido, lo cual le facilitaría  establecer nuevos vínculos y reincorporase definitivamente y con éxito a su vida cotidiana. 
“Asumiendo nuestras imperfecciones, es probable que no lleguemos al final del camino, pero es posible que viajemos con esperanza, que es mejor que llegar”

LIBERTAD VELÁZQUEZ DE SUÁREZ
Médico Psiquiatra – Magister en Filosofía
Mayo 2015















B I B L I O G R A F Í A

Aproximación Psicológica a la Terapia del duelo. Carlos Juan Bianchi.Buenos Aires, Argentina. Expuesto Congreso Nacional de Cuidados Paliativos, Panamá, 2002
El duelo, un proceso inevitable. Bravo, M.; Hernández A.; Hernández B. Huertas T. Prezy, 2002
El tratamiento del duelo. Asesoramiento psicológico y terapia. Worden, J.W. Barcelona: Paidós, 1997
Diplomado de Tanatología con enfoque Gestalt. IDECC, México, 2011
Preguntas y respuestas sobre la muerte de un ser querido. Kübler Ross Elisabeth, Barcelona, Martínez Roca, 1998
Sinopsis de Psiquiatría. Kaplan, H.I Madrid, Editorial Panamericana, 1996









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Aspectos psicoexistenciales de la vejez

Se considera que el envejecimiento es un proceso que comienza desde la concepción y finaliza con la muerte del individuo, de allí que me parece importante establecer en principio, cuales son los enfoques teóricos que tenemos acerca del mismo y los conceptos de vejez que de dicho proceso se derivan. Para ello nos apoyaremos en el estudio de Sandra Huenchuan Navarro (Naciones Unidas, Cepal)
El enfoque biológico establece que la vejez es el resultado de  un envejecimiento programado, es decir, que los cuerpos envejecen de acuerdo con un patrón de desarrollo normal establecido por cada organismo y que además, se produce un desgaste natural producto de los agravios acumulados en el cuerpo.
El enfoque psicológico lo podríamos explicar:
a) En primer término, aludiendo a la 8ª crisis del desarrollo del yode la teoría psicosocial de Erikson: integridad v/s desesperación.Para Erikson se logra la INTEGRIDAD cuando el individuo, al revisar su pasado concluye que su vida tuvo orden y significado yacepta la propia existencia como algo valioso, con la satisfacción de haberla vivido, entonces accederá a la vejez con aceptación y sabiduría. Por el contrario, si la revisión de su vida es percibida negativamente, con una sensación de fracaso,llegará a la vejez con una sensación de DESESPERANZA.

b) En segundo término, por La Teoría de la Actividad que nos dice, que mientras más activa permanezca una persona, envejecerá de una manera más satisfactoria, y
c) En tercer término, por la Teoría de la desvinculación, que se caracteriza por el aislamiento mutuo.
El enfoque social se vale de las teorías funcionalista y económica-política del envejecimiento. La primera considera la vejez como una forma de ruptura social y una pérdida progresiva de funciones y la segunda establece como condición determinante para considerar a alguien viejo/a la situación de trabajo adulto en el momento de la jubilación.
Pero no debemos olvidar, que la vejez es también un concepto cultural ya que cada cultura posee un ethos en el cual se encuentra el significado de la vejez.  Ello varía si se trata de sociedades urbanas industrializadas donde la vejez viene a ser una construcción de retazos y fragmentos de elementos dispares previos provenientes de otras edades, mientras que en las sociedades modernas hibridizadas el papel de los viejos es relevante dentro del grupo familiar. La vejez, la enfermedad y la muerte están integradas a la cotidianidad y los ancianos representan la sabiduría de tradiciones y costumbres que la familia tiene que conservar.
De lo planteado podemos inferir entonces, que teóricamente existe una edad biológica , una psicológica y una social.  No obstante, estas etapas no deben tomarse en forma absoluta ya que necesariamente no coinciden con el tiempo cronológico, porque existen variedades individuales y culturales y 

porque la crisis no implica necesariamente un desenlace negativo, sino que puede ser, más bien, una oportunidad para el crecimiento, la reparación, la realización y el desarrollo personal.                                                 
En esta jornada trataremos de profundizar fundamentalmente lo referente a la desvinculación o disminución de los niveles de socialización de los adultos mayores, que conlleva al aislamiento y sus consecuencias más relevantes: la Soledad y el Temor a la muerte.
El dejar de trabajar implica la ruptura de la rutina y la merma de contactos con el mundo de la ocupación, con los consecuentes cambios de roles y reducción de ingresos entre otros. También es posible que se susciten pérdidas afectivas de familiares, parejas y/o amigos contemporáneos por muerte o distanciamiento, por tanto, el individuo se irá sintiendo inexorablemente SOLO, sin confidentes para compartir, presenciando la disolución de las relaciones de su vida, lo cual será un estímulo para desencadenar enfermedades físicas y/o psíquicas potenciales como los trastornos cognitivos y la depresión. Si esta situación no se elabora adecuadamente, el adulto mayor podría convertirse en una persona abatida, la falta de apoyo en los demás le generará inseguridad y temor, considerará que la vida no es digna de ser vivida y podría caer en el vacío y la inutilidad.  Por tanto, es vital que en su introspección encuentre un sí mismo comprensivo, con el que pueda establecer un diálogo interno cuyo resultado lo induzca a mantener su actividad mental, a continuar leyendo, escribiendo, haciendo o disfrutando del arte, de la religión, o de cualquier otra actividad que le produzca placer y entretenimiento, que le permita sentirse útil e intercambiar con su entorno. 
De allí que la ancianidad debe ser también tiempo de introspección y demanda dar el paso definitivo hacia la madurez y la autonomía, de estar claro y profundizar la relación con nosotros mismos,  de encauzar los acontecimientos, es tiempo de hacer balance y todavía de crear, si aún no se ha logrado, una verdadera autonomía mental.
Para Goethe, los hombres se salvan de la vejez por medio de la acción, al menos ese es el sentido que da al mito de Fausto al final del poema.  Fausto, en vano había recobrado su apariencia juvenil, pues lo habían traicionado y decepcionado los placeres y la ambición por los que había vendido su alma. Al final de su vida,  moribundo y ciego ¡reacciona! y decide trabajar, logrando transformar un estanque pestilente en un sitio apropiado para vivir hombres yganado, lo cual le genera una gran satisfacción.  Cuando Fausto al fin muere, Mefistófeles, tal como habían acordado, va en busca de su alma. Pero en ese momento, los ángeles descienden y se llevan al cielo su parte inmortal, aquella que no se había separado nunca de la acción, y que, por esa esperanza, se salva.
El temor a la vejez no nos excluye de ella a menos que muramos jóvenes. El hombre envejece de acuerdo a como ha vivido y el envejecimiento es una parte importante y decisiva de la vida, es realmente su estadio final. Pero la vejez no está escindida del resto de la vida anterior, es la continuación de la niñez, de la adolescencia, de la adultez, de la madurez, por tanto, cada persona debe tener la vejez que le marquen su biografía, su voluntad  y  sus

circunstancias y no encasillarse en los modelos restrictivos de vejez que crea la sociedad.
Si comparamos nuestra vida con las estaciones, podríamos considerar que en el adulto mayor ya se ha trazado lo que llama J. Conrad (1857-1924) “La línea de la Sombra”: aquella que se atraviesa con estremecimiento dejando la juventud a nuestras espaldas, él la situaba en la cuarentena, nosotros, afortunadamente podríamos hacerlo entre la sesentena y la setentena.  Sin embargo, aun cuando parezcamos sanos y rozagantes, no debemos olvidar queya tenemos una fragilidad implícita lo que nos hace más susceptibles a la aparición de algunas enfermedades y  a que ciertos acontecimientos que enotras edades no nos perturbaran tanto,  nos hagan mella en forma catastrófica. A este respecto, es oportuno recordar la fábula del “Árbol que quiso guardar sus hojas”: en vano trató de sujetarlas, pegarlas, coserlas…  sin embargo, llegada la hora, los vientos y tempestades del invierno harían de él el mismo esqueleto negro que el de sus vecinos. Las enfermedades son las tempestades de los bosques humanos y nuestros cuidados estéticos, de salud, etc., podrán mejorar nuestra calidad de vida, nuestra apariencia personal, hacernos más agradable y llevadera la vejez, mas no evitar que ésta se produzca. 
La vejez, según Andre Maurois (1865-1967) “está más todavía que en el cabello blanco y en las arrugas, en ese sentimiento de que es demasiado tarde, de que la partida está ya jugada, de que la escena pertenece en adelante a otra generación.  El verdadero mal de la vejez, no es el 

debilitamiento del cuerpo: es la indiferencia del alma. Lo que desaparece cuando se pasa la “Línea de la Sombra”, no es tanto el poder como el deseo de hacer”
Otro aspecto importante de considerar en la vejez,  es la transitoriedad de la vida.  La cercanía de la muerte constituye un aspecto fundamental que genera interrogantes y preocupaciones tanto de orden psicológico como ontológico en el adulto mayor. Sus respuestas constituyen uno de los desafíos más grandes de la vida humana. Una de las tareas más importantes del hombre es aceptar la muerte. Ante esta imponderable se crean múltiples subterfugios, algunos ancianos lo analizan concienzudamente, mientras que otros la niegan, borrándola de su memoria. 
De alguna manera, aunque sabemos que la duración de la vida es indeterminada, el proceso natural de envejecimiento nos acerca progresivamente a su fin y ya no podemos concebirla con tanta indeterminación, sino como una certeza relativamente determinada (en días, meses o pocos años), ello nos limita el trascender con fluidez del pasado haciael presente, y sobre todo al  futuro, pero al mismo tiempo nos advierte,  que no tenemos tiempo para procastinar, que nuestros planes y proyectos no los podemos dejar para mañana, la idea tampoco es luchar contra el tiempo, pero si realmente queremos cumplir determinadas metas, debemos hacerlo ahora, ya.
Tomar conciencia de la finitud nos hace vivir mejor, estar consciente de la muerte le da sentido a la vida y nos permite aceptar y asumir el carácter distintivo del ser humano.  Nuestras ideas y expectativas para después de la muerte, dependerán fundamentalmente de nuestras creencias religiosas, filosóficas y culturales. De una u otra forma, respecto a la muerte, es aconsejable, seguir la máxima que según Sócrates sostenía Platón en el Fedón:“Filosofar es prepararse para morir”.










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