jueves, 12 de mayo de 2016

Aspectos psicoexistenciales de la vejez

Se considera que el envejecimiento es un proceso que comienza desde la concepción y finaliza con la muerte del individuo, de allí que me parece importante establecer en principio, cuales son los enfoques teóricos que tenemos acerca del mismo y los conceptos de vejez que de dicho proceso se derivan. Para ello nos apoyaremos en el estudio de Sandra Huenchuan Navarro (Naciones Unidas, Cepal)
El enfoque biológico establece que la vejez es el resultado de  un envejecimiento programado, es decir, que los cuerpos envejecen de acuerdo con un patrón de desarrollo normal establecido por cada organismo y que además, se produce un desgaste natural producto de los agravios acumulados en el cuerpo.
El enfoque psicológico lo podríamos explicar:
a) En primer término, aludiendo a la 8ª crisis del desarrollo del yode la teoría psicosocial de Erikson: integridad v/s desesperación.Para Erikson se logra la INTEGRIDAD cuando el individuo, al revisar su pasado concluye que su vida tuvo orden y significado yacepta la propia existencia como algo valioso, con la satisfacción de haberla vivido, entonces accederá a la vejez con aceptación y sabiduría. Por el contrario, si la revisión de su vida es percibida negativamente, con una sensación de fracaso,llegará a la vejez con una sensación de DESESPERANZA.

b) En segundo término, por La Teoría de la Actividad que nos dice, que mientras más activa permanezca una persona, envejecerá de una manera más satisfactoria, y
c) En tercer término, por la Teoría de la desvinculación, que se caracteriza por el aislamiento mutuo.
El enfoque social se vale de las teorías funcionalista y económica-política del envejecimiento. La primera considera la vejez como una forma de ruptura social y una pérdida progresiva de funciones y la segunda establece como condición determinante para considerar a alguien viejo/a la situación de trabajo adulto en el momento de la jubilación.
Pero no debemos olvidar, que la vejez es también un concepto cultural ya que cada cultura posee un ethos en el cual se encuentra el significado de la vejez.  Ello varía si se trata de sociedades urbanas industrializadas donde la vejez viene a ser una construcción de retazos y fragmentos de elementos dispares previos provenientes de otras edades, mientras que en las sociedades modernas hibridizadas el papel de los viejos es relevante dentro del grupo familiar. La vejez, la enfermedad y la muerte están integradas a la cotidianidad y los ancianos representan la sabiduría de tradiciones y costumbres que la familia tiene que conservar.
De lo planteado podemos inferir entonces, que teóricamente existe una edad biológica , una psicológica y una social.  No obstante, estas etapas no deben tomarse en forma absoluta ya que necesariamente no coinciden con el tiempo cronológico, porque existen variedades individuales y culturales y 

porque la crisis no implica necesariamente un desenlace negativo, sino que puede ser, más bien, una oportunidad para el crecimiento, la reparación, la realización y el desarrollo personal.                                                 
En esta jornada trataremos de profundizar fundamentalmente lo referente a la desvinculación o disminución de los niveles de socialización de los adultos mayores, que conlleva al aislamiento y sus consecuencias más relevantes: la Soledad y el Temor a la muerte.
El dejar de trabajar implica la ruptura de la rutina y la merma de contactos con el mundo de la ocupación, con los consecuentes cambios de roles y reducción de ingresos entre otros. También es posible que se susciten pérdidas afectivas de familiares, parejas y/o amigos contemporáneos por muerte o distanciamiento, por tanto, el individuo se irá sintiendo inexorablemente SOLO, sin confidentes para compartir, presenciando la disolución de las relaciones de su vida, lo cual será un estímulo para desencadenar enfermedades físicas y/o psíquicas potenciales como los trastornos cognitivos y la depresión. Si esta situación no se elabora adecuadamente, el adulto mayor podría convertirse en una persona abatida, la falta de apoyo en los demás le generará inseguridad y temor, considerará que la vida no es digna de ser vivida y podría caer en el vacío y la inutilidad.  Por tanto, es vital que en su introspección encuentre un sí mismo comprensivo, con el que pueda establecer un diálogo interno cuyo resultado lo induzca a mantener su actividad mental, a continuar leyendo, escribiendo, haciendo o disfrutando del arte, de la religión, o de cualquier otra actividad que le produzca placer y entretenimiento, que le permita sentirse útil e intercambiar con su entorno. 
De allí que la ancianidad debe ser también tiempo de introspección y demanda dar el paso definitivo hacia la madurez y la autonomía, de estar claro y profundizar la relación con nosotros mismos,  de encauzar los acontecimientos, es tiempo de hacer balance y todavía de crear, si aún no se ha logrado, una verdadera autonomía mental.
Para Goethe, los hombres se salvan de la vejez por medio de la acción, al menos ese es el sentido que da al mito de Fausto al final del poema.  Fausto, en vano había recobrado su apariencia juvenil, pues lo habían traicionado y decepcionado los placeres y la ambición por los que había vendido su alma. Al final de su vida,  moribundo y ciego ¡reacciona! y decide trabajar, logrando transformar un estanque pestilente en un sitio apropiado para vivir hombres yganado, lo cual le genera una gran satisfacción.  Cuando Fausto al fin muere, Mefistófeles, tal como habían acordado, va en busca de su alma. Pero en ese momento, los ángeles descienden y se llevan al cielo su parte inmortal, aquella que no se había separado nunca de la acción, y que, por esa esperanza, se salva.
El temor a la vejez no nos excluye de ella a menos que muramos jóvenes. El hombre envejece de acuerdo a como ha vivido y el envejecimiento es una parte importante y decisiva de la vida, es realmente su estadio final. Pero la vejez no está escindida del resto de la vida anterior, es la continuación de la niñez, de la adolescencia, de la adultez, de la madurez, por tanto, cada persona debe tener la vejez que le marquen su biografía, su voluntad  y  sus

circunstancias y no encasillarse en los modelos restrictivos de vejez que crea la sociedad.
Si comparamos nuestra vida con las estaciones, podríamos considerar que en el adulto mayor ya se ha trazado lo que llama J. Conrad (1857-1924) “La línea de la Sombra”: aquella que se atraviesa con estremecimiento dejando la juventud a nuestras espaldas, él la situaba en la cuarentena, nosotros, afortunadamente podríamos hacerlo entre la sesentena y la setentena.  Sin embargo, aun cuando parezcamos sanos y rozagantes, no debemos olvidar queya tenemos una fragilidad implícita lo que nos hace más susceptibles a la aparición de algunas enfermedades y  a que ciertos acontecimientos que enotras edades no nos perturbaran tanto,  nos hagan mella en forma catastrófica. A este respecto, es oportuno recordar la fábula del “Árbol que quiso guardar sus hojas”: en vano trató de sujetarlas, pegarlas, coserlas…  sin embargo, llegada la hora, los vientos y tempestades del invierno harían de él el mismo esqueleto negro que el de sus vecinos. Las enfermedades son las tempestades de los bosques humanos y nuestros cuidados estéticos, de salud, etc., podrán mejorar nuestra calidad de vida, nuestra apariencia personal, hacernos más agradable y llevadera la vejez, mas no evitar que ésta se produzca. 
La vejez, según Andre Maurois (1865-1967) “está más todavía que en el cabello blanco y en las arrugas, en ese sentimiento de que es demasiado tarde, de que la partida está ya jugada, de que la escena pertenece en adelante a otra generación.  El verdadero mal de la vejez, no es el 

debilitamiento del cuerpo: es la indiferencia del alma. Lo que desaparece cuando se pasa la “Línea de la Sombra”, no es tanto el poder como el deseo de hacer”
Otro aspecto importante de considerar en la vejez,  es la transitoriedad de la vida.  La cercanía de la muerte constituye un aspecto fundamental que genera interrogantes y preocupaciones tanto de orden psicológico como ontológico en el adulto mayor. Sus respuestas constituyen uno de los desafíos más grandes de la vida humana. Una de las tareas más importantes del hombre es aceptar la muerte. Ante esta imponderable se crean múltiples subterfugios, algunos ancianos lo analizan concienzudamente, mientras que otros la niegan, borrándola de su memoria. 
De alguna manera, aunque sabemos que la duración de la vida es indeterminada, el proceso natural de envejecimiento nos acerca progresivamente a su fin y ya no podemos concebirla con tanta indeterminación, sino como una certeza relativamente determinada (en días, meses o pocos años), ello nos limita el trascender con fluidez del pasado haciael presente, y sobre todo al  futuro, pero al mismo tiempo nos advierte,  que no tenemos tiempo para procastinar, que nuestros planes y proyectos no los podemos dejar para mañana, la idea tampoco es luchar contra el tiempo, pero si realmente queremos cumplir determinadas metas, debemos hacerlo ahora, ya.
Tomar conciencia de la finitud nos hace vivir mejor, estar consciente de la muerte le da sentido a la vida y nos permite aceptar y asumir el carácter distintivo del ser humano.  Nuestras ideas y expectativas para después de la muerte, dependerán fundamentalmente de nuestras creencias religiosas, filosóficas y culturales. De una u otra forma, respecto a la muerte, es aconsejable, seguir la máxima que según Sócrates sostenía Platón en el Fedón:“Filosofar es prepararse para morir”.










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