Los eventos sucedidos el 17 de enero de 2003 en la ciudad de Valencia cuando varias personas, la mayoría mujeres, resultaron lesionadas por las brutales agresiones que les propinaran los guardias nacionales al mando del general Acosta Carles en una "visita" a una empresa privada, nos remiten directamente a los hechos protagonizados el pasado mes de agosto por este mismo general y su compañero de armas Eugenio Gutiérrez en los que también resultara agredida, tanto física como verbalmente, la figura femenina. La actuación de Acosta en esta ocasión no sólo se circunscribe al abuso de poder respecto al allanamiento en sí y a su explícita pésima educación, sino también, entre otras cosas, a la forma peyorativa con que trata a las jóvenes reporteras diciéndoles "mi amor" o sugiriéndoles que no le alcanzan los brazos para llegar a alguna de ellas.
Esta situación, aparte de producirme una inmensa indignación y un profundo asco, me retrotrajo a viejos tiempo, por allá, por 1981, cuando fui objeto de una agresión similar o quizás de mayor intensidad, aunque en otro ámbito, por parte del "notabilísimo" general, ahora retirado y recientemente caceroleado, Alberto Muller Rojas. Para entonces, el mencionado oficial era Director de Sanidad Militar, en una de las mayores manifestaciones de abuso de poder y mediante un inédito procedimiento, dio de baja a once calificados profesionales de la medicina, asimilados a las Fuerzas Armadas y destacados en el Hospital Militar Carlos Arvelo, entre quienes me encontraba fungiendo como Capitana de la Fuerza Aérea.
Pese a que corrían tiempos de la maltratada IV República, se hizo justicia y tres años después la demanda de nulidad de la Resolución que me implicaba, introducida por mí ante la Corte Suprema, fue declarada con lugar, con todas las consecuencias que ello representó para el Ministerio de la Defensa. Ninguno de mis colegas masculinos hizo reclamos. La sentencia sentó un importante precedente en el seno de las FF.AA.
Me parece importante traer este hecho a colación en este momento, porque ante el evento que nos ocupa se han esgrimido las opiniones más diversas acerca del sujeto femenino, la mayoría de ellas colocan a la mujer en una situación de fragilidad e indefensión que la minimiza. Si vamos a luchar, luchemos, pero como personas, como ciudadanas y por tanto asumiendo todas las consecuencias de esa lucha, seamos consistentes, no podemos ser hembristas cuando necesitamos que alguien nos cargue las maletas y feministas cuando pronunciamos un discurso. Utilicemos todos los recursos civilizados y legales para protestar, para obtener nuestras metas, para realizar nuestros sueños.
El derecho a la preservación de la integridad del ser humano, cualquiera sea su sexo, edad, raza, religión o situación socioeconómica es inquebrantable. El maltrato al otro es siempre denigrante, despreciable y detestable y quien lo ejecuta, abominable. No es mayor ni menor porque el agredido sea una mujer, quien roba es ladrón independientemente de la cantidad robada, por tanto, las mujeres no podemos ni debemos victimizarnos utilizando frases tan trilladas y misóginas tales como: "a la mujer ni con el pétalo de una rosa", este tipo de expresiones, paradójicamente, en lugar de enaltecernos nos colocan en situación de minusvalía. Somos merecedoras de respeto y punto, no nos tienen que respetar porque al pertenecer al género femenino nos conciban delicadas, frágiles o indefensas, o porque seamos madres, esposas, hijas o hermanas, no, nos tienen que respetar por nuestra condición de seres humanos, de personas y, sobre todo, de ciudadanas.
domingo, 12 de septiembre de 2010
El Comandante Divino
Había una vez un hombre que se encontraba gravemente enfermo, como era muy creyente y también muy concreto, colocó toda la esperanza de su cura directamente en Dios. Es así como se negó a recibir medicamento alguno, aunque éste le fuera recomendado por los mejores especialistas en la materia cuyas indicaciones rechazaba, siempre aducía que eso no era necesario porque Dios lo curaría. Como era de esperar, la salud del pobre hombre se fue deteriorando y al poco tiempo murió.
Una vez ante papá Dios se quejó de haberse sentido desasistido, de no haber recibido la cura y de haber muerto pese a su fe. Papá Dios le contestó: hijo mío, te mandé muchos especialistas, muchos tratamientos a través de ellos y muchos medicamentos para que te curaras y tú no los aceptaste. Recuerda, yo utilizo innumerables señales y formas de expresión para lograr mis propósitos, para trasmitir mis mensajes, era tarea tuya el saber reconocerlas.
En el "aló" del 15-12-02 el presidente aducía que él no dejaría la presidencia a menos que Jesucristo, quien lo había colocado en ella se lo ordenara, que Él era su comandante.
Yo me pregunto ¿no estará el presidente como el sujeto del cuento, un tanto ciego para reconocer y aceptar las innumerables manifestaciones y señales que le está dando "su comandante" a través del pueblo para que deje el poder?.
Una vez ante papá Dios se quejó de haberse sentido desasistido, de no haber recibido la cura y de haber muerto pese a su fe. Papá Dios le contestó: hijo mío, te mandé muchos especialistas, muchos tratamientos a través de ellos y muchos medicamentos para que te curaras y tú no los aceptaste. Recuerda, yo utilizo innumerables señales y formas de expresión para lograr mis propósitos, para trasmitir mis mensajes, era tarea tuya el saber reconocerlas.
En el "aló" del 15-12-02 el presidente aducía que él no dejaría la presidencia a menos que Jesucristo, quien lo había colocado en ella se lo ordenara, que Él era su comandante.
Yo me pregunto ¿no estará el presidente como el sujeto del cuento, un tanto ciego para reconocer y aceptar las innumerables manifestaciones y señales que le está dando "su comandante" a través del pueblo para que deje el poder?.
¿Temor a Contarse o al colapso narcisístico?
Llama poderosamente la atención como el presidente, quien dice contar con el apoyo de una abrumadora mayoría, evita por todos los medios someterse a prueba mediante un referendum consultivo cuyo resultado -en caso de no serle favorable- pese a tener una fuerte connotación política, no le obligaría legalmente a renunciar.
Pensamos que las principales razones que sustentan su conducta elusiva no se hallan en los ámbitos antes señalados sino quizás en el temor que implica la posibilidad de que tal respaldo no sea cónsono con lo fantaseado por él. De ser así, dicho resultado, lo confrontaría con su conciencia crítica, lo que sin duda desencadenaría su debacle narcisística.
La depresión narcisística según Bleichmar se produce, entre otras causas, cuando el ideal de perfección narcisística no se satisface. En ese caso, el sujeto no se siente amado, elegido o preferido y, por el contrario, se siente relegado y sustituido por un presunto rival triunfante (contrincante), en otras palabras, la depresión narcisística se produce cuando el yo ideal del individuo se convierte en el negativo de su yo real.
Para una persona como las que nos ocupa, con rasgos narcisísticos tan acentuados -tales como aptitudes sobredimensionadas, necesidad de atención y admiración, escasa autocrítica, necesidad de detentar el poder y que se ha trazado metas tan elevadas como ser salvador, libertador, etc.- sería verdaderamente penoso y vergonzante que elementos concretos y tangibles como los votos o las firmas lo pusieran en realidad, diciéndole que no eran tales los millones de venezolanos que lo retornaron en Abril ni son tales lo que desean que permanezca en el poder. Esto para él sería, desde todo punto de vista, intolerable.
El temor a los demonios internos a veces es mucho mayor que a los externos, es posible que alguien prefiera estar en un campo de batalla con ametralladoras y bombas a estar en comunión consigo mismo
y plantearse la cruda realidad. Quizás haya mayor temor a una quiebra narcisística que daría al traste con su castillo de naipes que a una confrontación casi bélica como la que ha asumido para perpetuarse en el poder.
Pensamos que las principales razones que sustentan su conducta elusiva no se hallan en los ámbitos antes señalados sino quizás en el temor que implica la posibilidad de que tal respaldo no sea cónsono con lo fantaseado por él. De ser así, dicho resultado, lo confrontaría con su conciencia crítica, lo que sin duda desencadenaría su debacle narcisística.
La depresión narcisística según Bleichmar se produce, entre otras causas, cuando el ideal de perfección narcisística no se satisface. En ese caso, el sujeto no se siente amado, elegido o preferido y, por el contrario, se siente relegado y sustituido por un presunto rival triunfante (contrincante), en otras palabras, la depresión narcisística se produce cuando el yo ideal del individuo se convierte en el negativo de su yo real.
Para una persona como las que nos ocupa, con rasgos narcisísticos tan acentuados -tales como aptitudes sobredimensionadas, necesidad de atención y admiración, escasa autocrítica, necesidad de detentar el poder y que se ha trazado metas tan elevadas como ser salvador, libertador, etc.- sería verdaderamente penoso y vergonzante que elementos concretos y tangibles como los votos o las firmas lo pusieran en realidad, diciéndole que no eran tales los millones de venezolanos que lo retornaron en Abril ni son tales lo que desean que permanezca en el poder. Esto para él sería, desde todo punto de vista, intolerable.
El temor a los demonios internos a veces es mucho mayor que a los externos, es posible que alguien prefiera estar en un campo de batalla con ametralladoras y bombas a estar en comunión consigo mismo
y plantearse la cruda realidad. Quizás haya mayor temor a una quiebra narcisística que daría al traste con su castillo de naipes que a una confrontación casi bélica como la que ha asumido para perpetuarse en el poder.
viernes, 3 de septiembre de 2010
CONOZCA LA IMPORTANCIA DE LA IMAGEN PATERNA. Entrevista para el semanario Quinto Día
Se considera un buen padre aquel que cumple con el rol que le corresponde y asume la responsabilidad de haber procreado
Asumir el reto de ser madre soltera es uno de los hechos que se ponen de manifiesto con frecuencia en la sociedad venezolana. Si bien es cierto que las mujeres son luchadoras, constantes, responsables, sacrificadas y “echan pa lante”, no se puede descartar el rol que juega el hombre en la educación de los hijos. Más allá de la ayuda económica que puede percibir la madre, si concebirlo es un problema de dos, pues criarlo que es una responsabilidad de por vida también lo es.
Para entender en profundidad la importancia que tiene la imagen paterna fueron consultadas las especialistas en psiquiatría Libertad Velázquez de Suárez y Noiralih Cardozo, estas fueron sus disertaciones al respecto.
¿Cuál es la importancia que tiene la imagen paterna para los hijos? Cardozo: Los hijos se benefician del aporte de ambos padres y a través de ellos construyen su identidad personal y de género, el fundamento de sus relaciones interpersonales, su visión y concepción de sí mismos, del mundo que les rodea y de las normas que lo regulan. Contar con la presencia, apoyo activo y afecto permanente de las personas de quienes se procede, es una fuente de seguridad y aceptación personal invalorable que facilita la confianza necesaria para asumir la propia vida. La presencia activa del padre permite que el hijo gane en seguridad desde la confianza que anima a hacer, asumir, equilibrando muchas veces la sobreprotección que ofrece la madre.
Velázquez: La imagen paterna al igual que la materna configura un referente normativo para los hijos. De igual forma, debe aportarles los nutrientes afectivos, psicológicos, espirituales y materiales que les permitan crecer adecuadamente y ser sanos tanto física como psíquicamente. Por otra parte, constituye la fuente de identificación personal y sexual para los hijos.
¿Qué dificultades enfrentan quienes no crecen viviendo con su padre?
Cardozo: Esto no puede generalizarse porque hay muchas circunstancias distintas y, para bien o para mal, cada quien decide cómo maneja las suyas. Sin embargo, es innegable que los niños merecen contar con el seguimiento, afecto y modelaje de las dos personas que lo trajeron al mundo, sin sentirse menospreciados por el abandono físico o emocional de uno de ellos (que el otro no puede compensar), sino acogidos por unos padres que muestran con su presencia y dedicación que son importantes y que cuentan con ellos para aprender a asumir y disfrutar una vida bien vivida.
Velázquez: No todos los que no crecen viviendo con su padre necesariamente enfrentan problemas.
Por ejemplo, algunas personas pierden el padre (por muerte) en la primera infancia y si se maneja bien dicha ausencia y se cuenta con buenos sustitutos no tiene por qué haber problemas. Otra cosa es la que se presenta con el abandono irresponsable de algunos padres respecto a sus hijos, en ese caso es mucho más difícil la aceptación de la ausencia y el niño se siente rechazado. Es una ocasión propicia para generar sujetos inseguros y con baja autoestima, donde se pone en juego la imago paterna de la madre (la imagen interna que ella tiene de su propio padre) para efectos de la identificación sexual de los hijos varones.
—¿Por qué hay una crisis de la imagen paterna hoy día? ¿Qué problemas está causando esto en los niños y jóvenes de la sociedad actual?
Cardozo: El ausentismo paterno, físico o emocional es un problema de vieja data en las familias, puesto que tradicionalmente se ha dejado a la madre todo lo relativo a la crianza de los hijos. A esto se añade también la poca fortaleza actual para asumir compromisos, siendo la paternidad uno de largo alcance y exigente. Como consecuencia de todo ello, los niños dejan de beneficiarse del aporte de una de las dos personas que constituyen sus pilares fundamentales y al crecer carecen de un modelo adecuado para el establecimiento de una sana relación de pareja y para el buen ejercicio de la paternidad, lo cual perpetúa la tendencia inadecuada. Esto aplica para varones y niñas, pues para ambos la relación con el padre es fuente de seguridad y aprendizaje.
Velázquez: Me parece que esta crisis es muy antigua, es más, creo que los padres de por lo menos las últimas dos generaciones son mejores padres que los anteriores, al menos son más afectuosos, comunicativos y responsables con los hijos que lo que sus padres fueron con ellos. Muchos de los problemas que presentan los niños y jóvenes de la sociedad actual no sólo son derivados por la ausencia del padre en sí, sino del padre en sentido simbólico que es más grave aún.
¿Cuáles son los retos que enfrentan los padres que sí viven con sus esposas e hijos?
Cardozo: El primero es mantener y resguardar su relación de pareja que tanta estructura y estabilidad da a los hijos. Amar, ser amado y empeñarse en alimentar ese amor, es la más clara manifestación de un hogar donde el compromiso con el amor y la familia es un eje central. El ejemplo de paternidad es muy potente y múltiple en los mensajes que envía: la importancia que el padre otorga a la madre y viceversa, la solidaridad, el respeto y la confianza mutua, presentarse como personas de palabra que saben batallar por sus decisiones, capacidad de superar obstáculos para alcanzar las metas, seguridad, persistencia y tenacidad. Aunque es un reto no siempre viable de superar y la pareja originaria de la familia no permanece unida, en ambos casos los padres tienen el más hermoso reto por delante: servir de soporte para que la vida que han engendrado se desarrolle y llegue a ser toda la maravilla que su potencial de persona le permite, en el mejor ambiente de aceptación y amor posible. Esto es un derecho y un deber irrenunciable que no puede transferirse ni delegarse, es personal de cada padre y madre. Ejercer ese derecho/deber de educar a sus hijos, conlleva vencer distintos obstáculos personales, culturales y sociales, pero vale la pena y el padre se crece en el proceso.
Velázquez: La responsabilidad y el deber de criarlos con amor, responsabilidad, autoridad, autonomía y buenos ejemplos y valores, son compromisos que deben tener tanto los padres que viven juntos, como los que están separados de sus esposas o de las madres de sus hijos.
—¿Qué problemas enfrentan los hijos de padres autoritarios?
Cardozo: Pueden presentar inseguridad y dificultad para expresar sus emociones, actuar por sus propias motivaciones y tomar decisiones.
Velázquez: La autoridad debe ser equilibrada y justa para que sea beneficiosa. Si es muy autoritario se corre el riego de anular al otro, de llenarlo de temor y no de respeto que es el sentimiento mutuo que debe reinar entre padres e hijos, no el miedo. El exceso de autoridad paterna puede dificultar la identificación sexual de los hijos varones y/o configurar personalidades agresivas.
¿Y cuando los padres son muy dóciles?
Cardozo: Los hijos pueden tener la sensación de no ser queridos pues no encuentran un amor sólido que les muestre los límites del bien y del mal, que les exija ser mejores confiando en que pueden serlo.
Pueden ser inseguros, caprichosos y presentar dificultad para superar obstáculos y manejar las frustraciones.
Velázquez: Los padres demasiados blandos también dificultan la identificación sexual de sus hijos varones. Son proclives a generar niños inseguros y temerosos por la falta de apoyo y protección que sienten en el progenitor.
¿Mucha ternura debilita la figura del padre?
Cardozo: Eso es un cliché. Lo que debilita la figura del padre es la falta de coherencia entre lo que dice y lo que hace, la inconstancia, el incumplimiento de su palabra, el no presentar criterios de conducta objetivos y estables, la falta de control sobre sus propias emociones negativas y la ausencia de expresión de las emociones positivas. La ternura debe acompañar a un amor fuerte, sólido, que sabe buscar el bien del hijo más allá de la circunstancia del momento, del estado anímico o de los propios defectos.
Velázquez: No sé cuándo la ternura será mucha, creo que el cariño nunca debilita sino que fortalece y facilita la identificación y la comunicación con la persona que lo otorga. Lo que quizás no debe permitirse es que esa ternura se convierta en sobreprotección y en aras de ella los niños transgredan las normas y/o la disciplina establecida tanto en el hogar como en el colegio y en el ambiente donde se desenvuelvan.
El padre ideal
Esta figura que puede parecer inalcanzable y para la cual no hay un manual de estilo de cómo ser padre se logra en el día a día, mostrándose como un ser humano que tiene defectos y virtudes. A juicio de Velázquez el progenitor debe saber manejar la autoridad, demostrar que se equivoca y rectifica. Al igual que ser consistente en sus valores y creencias y que predique con su propio ejemplo, ya que no puede exigir a los hijos cosas que él no es capaz de hacer. Por su parte, Cardozo destaca la importancia de que el papá realmente ame a su mujer y a sus hijos: conociendo a cada uno, buscando su bien, mostrando patrones de acción y valores claros y coherentes, escuchando, corrigiendo, motivando, exigiendo, estimulando el crecimiento de todos y dando lo mejor de sí para ser modelo también en eso. Es un esfuerzo permanente por ser mejor, interesarse en lo que a ellos les gusta, adelantarse a las dificultades que puede confrontar y ayudarle a hacerlo sin invadirlo ni sustituirlo. Ser buen padre incluso puede significar quedar mal ante los demás o ante los propios hijos, por mantener una postura firme, un criterio claro o la palabra dada, en beneficio del crecimiento de los suyos
Asumir el reto de ser madre soltera es uno de los hechos que se ponen de manifiesto con frecuencia en la sociedad venezolana. Si bien es cierto que las mujeres son luchadoras, constantes, responsables, sacrificadas y “echan pa lante”, no se puede descartar el rol que juega el hombre en la educación de los hijos. Más allá de la ayuda económica que puede percibir la madre, si concebirlo es un problema de dos, pues criarlo que es una responsabilidad de por vida también lo es.
Para entender en profundidad la importancia que tiene la imagen paterna fueron consultadas las especialistas en psiquiatría Libertad Velázquez de Suárez y Noiralih Cardozo, estas fueron sus disertaciones al respecto.
¿Cuál es la importancia que tiene la imagen paterna para los hijos? Cardozo: Los hijos se benefician del aporte de ambos padres y a través de ellos construyen su identidad personal y de género, el fundamento de sus relaciones interpersonales, su visión y concepción de sí mismos, del mundo que les rodea y de las normas que lo regulan. Contar con la presencia, apoyo activo y afecto permanente de las personas de quienes se procede, es una fuente de seguridad y aceptación personal invalorable que facilita la confianza necesaria para asumir la propia vida. La presencia activa del padre permite que el hijo gane en seguridad desde la confianza que anima a hacer, asumir, equilibrando muchas veces la sobreprotección que ofrece la madre.
Velázquez: La imagen paterna al igual que la materna configura un referente normativo para los hijos. De igual forma, debe aportarles los nutrientes afectivos, psicológicos, espirituales y materiales que les permitan crecer adecuadamente y ser sanos tanto física como psíquicamente. Por otra parte, constituye la fuente de identificación personal y sexual para los hijos.
¿Qué dificultades enfrentan quienes no crecen viviendo con su padre?
Cardozo: Esto no puede generalizarse porque hay muchas circunstancias distintas y, para bien o para mal, cada quien decide cómo maneja las suyas. Sin embargo, es innegable que los niños merecen contar con el seguimiento, afecto y modelaje de las dos personas que lo trajeron al mundo, sin sentirse menospreciados por el abandono físico o emocional de uno de ellos (que el otro no puede compensar), sino acogidos por unos padres que muestran con su presencia y dedicación que son importantes y que cuentan con ellos para aprender a asumir y disfrutar una vida bien vivida.
Velázquez: No todos los que no crecen viviendo con su padre necesariamente enfrentan problemas.
Por ejemplo, algunas personas pierden el padre (por muerte) en la primera infancia y si se maneja bien dicha ausencia y se cuenta con buenos sustitutos no tiene por qué haber problemas. Otra cosa es la que se presenta con el abandono irresponsable de algunos padres respecto a sus hijos, en ese caso es mucho más difícil la aceptación de la ausencia y el niño se siente rechazado. Es una ocasión propicia para generar sujetos inseguros y con baja autoestima, donde se pone en juego la imago paterna de la madre (la imagen interna que ella tiene de su propio padre) para efectos de la identificación sexual de los hijos varones.
—¿Por qué hay una crisis de la imagen paterna hoy día? ¿Qué problemas está causando esto en los niños y jóvenes de la sociedad actual?
Cardozo: El ausentismo paterno, físico o emocional es un problema de vieja data en las familias, puesto que tradicionalmente se ha dejado a la madre todo lo relativo a la crianza de los hijos. A esto se añade también la poca fortaleza actual para asumir compromisos, siendo la paternidad uno de largo alcance y exigente. Como consecuencia de todo ello, los niños dejan de beneficiarse del aporte de una de las dos personas que constituyen sus pilares fundamentales y al crecer carecen de un modelo adecuado para el establecimiento de una sana relación de pareja y para el buen ejercicio de la paternidad, lo cual perpetúa la tendencia inadecuada. Esto aplica para varones y niñas, pues para ambos la relación con el padre es fuente de seguridad y aprendizaje.
Velázquez: Me parece que esta crisis es muy antigua, es más, creo que los padres de por lo menos las últimas dos generaciones son mejores padres que los anteriores, al menos son más afectuosos, comunicativos y responsables con los hijos que lo que sus padres fueron con ellos. Muchos de los problemas que presentan los niños y jóvenes de la sociedad actual no sólo son derivados por la ausencia del padre en sí, sino del padre en sentido simbólico que es más grave aún.
¿Cuáles son los retos que enfrentan los padres que sí viven con sus esposas e hijos?
Cardozo: El primero es mantener y resguardar su relación de pareja que tanta estructura y estabilidad da a los hijos. Amar, ser amado y empeñarse en alimentar ese amor, es la más clara manifestación de un hogar donde el compromiso con el amor y la familia es un eje central. El ejemplo de paternidad es muy potente y múltiple en los mensajes que envía: la importancia que el padre otorga a la madre y viceversa, la solidaridad, el respeto y la confianza mutua, presentarse como personas de palabra que saben batallar por sus decisiones, capacidad de superar obstáculos para alcanzar las metas, seguridad, persistencia y tenacidad. Aunque es un reto no siempre viable de superar y la pareja originaria de la familia no permanece unida, en ambos casos los padres tienen el más hermoso reto por delante: servir de soporte para que la vida que han engendrado se desarrolle y llegue a ser toda la maravilla que su potencial de persona le permite, en el mejor ambiente de aceptación y amor posible. Esto es un derecho y un deber irrenunciable que no puede transferirse ni delegarse, es personal de cada padre y madre. Ejercer ese derecho/deber de educar a sus hijos, conlleva vencer distintos obstáculos personales, culturales y sociales, pero vale la pena y el padre se crece en el proceso.
Velázquez: La responsabilidad y el deber de criarlos con amor, responsabilidad, autoridad, autonomía y buenos ejemplos y valores, son compromisos que deben tener tanto los padres que viven juntos, como los que están separados de sus esposas o de las madres de sus hijos.
—¿Qué problemas enfrentan los hijos de padres autoritarios?
Cardozo: Pueden presentar inseguridad y dificultad para expresar sus emociones, actuar por sus propias motivaciones y tomar decisiones.
Velázquez: La autoridad debe ser equilibrada y justa para que sea beneficiosa. Si es muy autoritario se corre el riego de anular al otro, de llenarlo de temor y no de respeto que es el sentimiento mutuo que debe reinar entre padres e hijos, no el miedo. El exceso de autoridad paterna puede dificultar la identificación sexual de los hijos varones y/o configurar personalidades agresivas.
¿Y cuando los padres son muy dóciles?
Cardozo: Los hijos pueden tener la sensación de no ser queridos pues no encuentran un amor sólido que les muestre los límites del bien y del mal, que les exija ser mejores confiando en que pueden serlo.
Pueden ser inseguros, caprichosos y presentar dificultad para superar obstáculos y manejar las frustraciones.
Velázquez: Los padres demasiados blandos también dificultan la identificación sexual de sus hijos varones. Son proclives a generar niños inseguros y temerosos por la falta de apoyo y protección que sienten en el progenitor.
¿Mucha ternura debilita la figura del padre?
Cardozo: Eso es un cliché. Lo que debilita la figura del padre es la falta de coherencia entre lo que dice y lo que hace, la inconstancia, el incumplimiento de su palabra, el no presentar criterios de conducta objetivos y estables, la falta de control sobre sus propias emociones negativas y la ausencia de expresión de las emociones positivas. La ternura debe acompañar a un amor fuerte, sólido, que sabe buscar el bien del hijo más allá de la circunstancia del momento, del estado anímico o de los propios defectos.
Velázquez: No sé cuándo la ternura será mucha, creo que el cariño nunca debilita sino que fortalece y facilita la identificación y la comunicación con la persona que lo otorga. Lo que quizás no debe permitirse es que esa ternura se convierta en sobreprotección y en aras de ella los niños transgredan las normas y/o la disciplina establecida tanto en el hogar como en el colegio y en el ambiente donde se desenvuelvan.
El padre ideal
Esta figura que puede parecer inalcanzable y para la cual no hay un manual de estilo de cómo ser padre se logra en el día a día, mostrándose como un ser humano que tiene defectos y virtudes. A juicio de Velázquez el progenitor debe saber manejar la autoridad, demostrar que se equivoca y rectifica. Al igual que ser consistente en sus valores y creencias y que predique con su propio ejemplo, ya que no puede exigir a los hijos cosas que él no es capaz de hacer. Por su parte, Cardozo destaca la importancia de que el papá realmente ame a su mujer y a sus hijos: conociendo a cada uno, buscando su bien, mostrando patrones de acción y valores claros y coherentes, escuchando, corrigiendo, motivando, exigiendo, estimulando el crecimiento de todos y dando lo mejor de sí para ser modelo también en eso. Es un esfuerzo permanente por ser mejor, interesarse en lo que a ellos les gusta, adelantarse a las dificultades que puede confrontar y ayudarle a hacerlo sin invadirlo ni sustituirlo. Ser buen padre incluso puede significar quedar mal ante los demás o ante los propios hijos, por mantener una postura firme, un criterio claro o la palabra dada, en beneficio del crecimiento de los suyos
Efectos psicológicos de la reconversión
(Entrevista para el semanario Quinto Día)
La reconversión monetaria produjo una sensación de pérdida
La psiquiatra considera que “no existe ningún vínculo emocional con esta medida, porque la misma no fue consultada”
Desde el 1 de enero de 2008 en Venezuela se estrenó una nueva moneda que presenta tres ceros menos que al anterior. El bolívar fuerte trajo consigo una serie de cambios que van más allá de manejar cifras de menor denominación y nuevos billetes y monedas. Rompió con un esquema económico para irrumpir en la mente de los venezolanos como algo normal y cotidiano.
Esta serie de cambios se han ido adoptando de manera paulatina, algunos más de fondo que de forma, hasta producir algunos efectos en la mente de los ciudadanos que los hacen sentir “diferente”. La psiquiatra, Libertad Velázquez, comenta a continuación algunas de las consecuencias psicológicas que han tenido los venezolanos a raíz de esta nueva moneda.
¿Cuáles son los efectos que se producen en la gente? Por ejemplo una persona que ganaba un millón de bolívares y ahora gana mil.
La gente se siente empobrecida, en general se suscita una sensación de pérdida y en ocasiones hasta de susto, porque cuando piden un saldo le dicen: no tienes un millón de bolívares sino mil, entonces se preguntan ¿qué pasó con mi dinero? Hay personas de poco nivel educacional que hasta sienten que las han robado. Toda sensación de pérdida, real o fantaseada tiene un significado simbólico, conlleva una disminución del estado de ánimo y de mengua en el estatus.
¿Cómo la gente ha ido asumiendo ese cambio?
Creo que hay y habrá muchísima incertidumbre, la gente siente que no participó en la toma de decisiones, que no fue consultada respecto al cambio, que es algo impuesto, en consecuencia, se siente excluida e ignorada y por tanto carece de elementos para justificarlo y comprenderlo. Por otra parte, se trata de una promesa extremadamente cara y vacía porque lo que se oferta en los medios de comunicación no se cumple. Es un bolívar fuerte que no muestra fortaleza alguna, primero, la medida fue tomada dentro de un entorno amenazante y restrictivo (control de cambio) y no estuvo acompañada de otras políticas públicas que la compensaran, segundo, en lugar de disminuir, la inflación ha aumentado y por último, todos sabemos que nuestro país no está nada fuerte, pues tiene una absoluta dependencia de la industria petrolera. Por tanto el cambio se asume como falso, engañoso y por ende, generador de frustración.
¿Cree que ese sentimiento de pobreza de la gente se debió a falta de información?
En parte sí, no creo que haya habido a priori una campaña informativa de fondo hubo sólo una campaña para comunicar la decisión ya tomada. Los venezolanos estamos cada vez con mayor índice de sospecha y pensando que esas no son medidas, como aparentan, desarticuladas unas de otras. En menos de un mes se cambiaron la hora y la moneda, dos referentes importantes que funcionan como dos anclas de la identidad nacional Pero no solamente se ha cambiado eso, sino que en los últimos tiempos se le cambió el nombre al país, a las instituciones, se alteraron los símbolos patrios, se cambiaron los nombres de los ministerios y de otras tantas cosas que siguen siendo las mismas. De alguna manera sospechamos, y me incluyo, que la finalidad de mover las anclas y alterarnos la identidad nacional es hacernos más frágiles, más débiles emocional y espiritualmente para manipularnos mejor. Eso genera angustia, ansiedad y hasta desestructuración mental en personas con un yo débil.
¿Cómo la gente podría asumir de mejor manera esta línea de cambios que forman parte de la identidad y de la cultura del venezolano?
Pienso que habría de hacerse una campaña muy fuerte, basada en el ejemplo, sobre todo en el sector de la gente joven, de los niños, para cimentar y rescatar valores, fortalecer nuestras creencias y nuestros conceptos de pertenencia, libertad e identidad personal y nacional.
¿Cuáles serán los efectos de la reconversión en los diferentes grupos etarios?
Es posible que la reconversión sea más confusa para las personas que tuvimos la oportunidad de vivir bajo un esquema de cambio parecido -cuando existía la locha, el medio, el real, etc.- y que luego tuvimos que cambiar y manejarnos con miles, porque quizás aun tengamos remembranzas de los valores anteriores y además porque esta vez el cambio ha sido brusco. Sin embargo, los jóvenes por su parte, tendrán que confrontar una disminución relativa de sus ingresos que agravará su ya difícil situación económica sobre todo para adquirir propiedades muebles o inmuebles. La pérdida del poder adquisitivo genera mucho estrés porque representa hacer mayores esfuerzos para obtener el dinero necesario para vivir y satisfacer las necesidades. El estrés disminuye los índices de rendimiento y nos hace más susceptibles a padecer enfermedades.
Según los grupos socioeconómicos, ¿Los efectos van a ser los mismos?
Creo que los más lesionados, desde el punto de vista económico seremos los de clase media, no obstante, la inflación nos afecta a todos, pues todos sufrimos los efectos del encarecimiento de la vida. La gente tiene mucho miedo con esta medida, porque no la justifica ni la siente útil para nada, en definitiva no la comprende, sobre todo, porque la promesa básica de la misma que es la de disminuir la inflación no se está cumpliendo y por el contrario se produjo un efecto inverso, eso genera una percepción de falsedad, de engaño.
¿Por qué considera que no hay vinculación emocional con el cambio de moneda?
Porque la gente no se siente parte de la decisión. En general, decisiones de tipo monetario son consultadas con los ciudadanos.
Aunque en una mayor escala ¿recuerdas cuánto tiempo tuvieron los países europeos discutiendo la conveniencia o no del euro? Casi siempre lo que sigue a un cambio inconsulto como este de la reconversión monetaria es temor por el futuro y mucha incertidumbre, sobre todo en un ambiente tan impredecible y tan inestable como el nuestro. En lo emocional no se percibe ni placer ni agrado porque no se está haciendo, en lo económico, algo que la persona apruebe o comparta. Yo diría que más bien existe una cierta paranoia en el ambiente sobre qué será lo que se persigue realmente con esta medida. Se teme entre otras cosas la destrucción del imaginario popular, el referente a nuestra propia historia, a nuestras raíces, y no debemos olvidar que en la medida en que seamos débiles, en que perdamos nuestra individualidad, la urdimbre que nos sustenta y nos masifiquemos, en esa misma medida seremos manipulables.
¿Qué es lo que vendrá en el futuro?
Lo que va a pasar ya veremos, de todas maneras guardo la esperanza de que los venezolanos conservemos esa sólida salud mental y la capacidad de lucha que nos caracteriza y por la cual felicito a nuestros antecesores, porque con todas las cosas a las que estamos sometidos, aquí estamos y seguimos funcionando. Esa misma fuerza se las debemos transmitir a nuestros hijos y nietos. El país sigue su rumbo a pesar de que mucha gente se siente engañada, subestimada, defraudada e impotente y el único elemento positivo y medio fantasioso de esta medida, es el hecho de que el bolívar “luce” -entre comillas- más fuerte ante las monedas duras como el euro y el dólar.
¿Qué recomendaciones podría dar a los venezolanos?
Parto de una premisa que comparto frecuentemente con mis pacientes: “para curarse hay que aceptar primero que se está enfermo”, hay que reconocer la gravedad de la situación, ya que es extremadamente espinosa, y no sólo por la reconversión, sino por todo lo que ha venido sucediendo. Hay que darle una verdadera importancia a nuestra situación política, a nuestra situación de libertades para que podamos actuar en consecuencia. Mientras sigamos creyendo, como buenos venezolanos bromistas en la ambigüedad de que una cosa va a ser pero no va a ser, no nos van a tomar en serio y no nos vamos a defender eficientemente. Tendremos que hacer acopio de todos nuestros recursos internos para defendernos como tiene que ser, haciéndonos fuertes ante la arbitrariedad, ante la adversidad. Muchos se sienten víctimas ante algunas medidas económicas porque se juega con nuestro dinero, se regala, en lugar de satisfacer nuestras necesidades de país, porque se está creando una cultura de antivalores que nos deteriora social y moralmente, porque se nos quiere igualar por debajo, etc., ante todo esto, mi recomendación sería no victimizarse, no amilanarse, ni paralizarse, por el contrario, actuar con herramientas democráticas y con mucha fuerza interna para construir un futuro mejor. No debemos olvidar que tanto la reconversión como otras medidas similares no son caprichosas, tienen una teleología, una finalidad última que no se ha podido aplicar posiblemente por el fracaso del intento de Reforma Constitucional, pero de haber sido otro el resultado en la consulta del dos de diciembre su sentido sería más evidente y estaríamos confrontando un empobrecimiento mayor. Tenemos pues que permanecer en alerta psíquica para poder resolver la situación, para luchar por nuestra libertad y nuestra dignidad.
La reconversión monetaria produjo una sensación de pérdida
La psiquiatra considera que “no existe ningún vínculo emocional con esta medida, porque la misma no fue consultada”
Desde el 1 de enero de 2008 en Venezuela se estrenó una nueva moneda que presenta tres ceros menos que al anterior. El bolívar fuerte trajo consigo una serie de cambios que van más allá de manejar cifras de menor denominación y nuevos billetes y monedas. Rompió con un esquema económico para irrumpir en la mente de los venezolanos como algo normal y cotidiano.
Esta serie de cambios se han ido adoptando de manera paulatina, algunos más de fondo que de forma, hasta producir algunos efectos en la mente de los ciudadanos que los hacen sentir “diferente”. La psiquiatra, Libertad Velázquez, comenta a continuación algunas de las consecuencias psicológicas que han tenido los venezolanos a raíz de esta nueva moneda.
¿Cuáles son los efectos que se producen en la gente? Por ejemplo una persona que ganaba un millón de bolívares y ahora gana mil.
La gente se siente empobrecida, en general se suscita una sensación de pérdida y en ocasiones hasta de susto, porque cuando piden un saldo le dicen: no tienes un millón de bolívares sino mil, entonces se preguntan ¿qué pasó con mi dinero? Hay personas de poco nivel educacional que hasta sienten que las han robado. Toda sensación de pérdida, real o fantaseada tiene un significado simbólico, conlleva una disminución del estado de ánimo y de mengua en el estatus.
¿Cómo la gente ha ido asumiendo ese cambio?
Creo que hay y habrá muchísima incertidumbre, la gente siente que no participó en la toma de decisiones, que no fue consultada respecto al cambio, que es algo impuesto, en consecuencia, se siente excluida e ignorada y por tanto carece de elementos para justificarlo y comprenderlo. Por otra parte, se trata de una promesa extremadamente cara y vacía porque lo que se oferta en los medios de comunicación no se cumple. Es un bolívar fuerte que no muestra fortaleza alguna, primero, la medida fue tomada dentro de un entorno amenazante y restrictivo (control de cambio) y no estuvo acompañada de otras políticas públicas que la compensaran, segundo, en lugar de disminuir, la inflación ha aumentado y por último, todos sabemos que nuestro país no está nada fuerte, pues tiene una absoluta dependencia de la industria petrolera. Por tanto el cambio se asume como falso, engañoso y por ende, generador de frustración.
¿Cree que ese sentimiento de pobreza de la gente se debió a falta de información?
En parte sí, no creo que haya habido a priori una campaña informativa de fondo hubo sólo una campaña para comunicar la decisión ya tomada. Los venezolanos estamos cada vez con mayor índice de sospecha y pensando que esas no son medidas, como aparentan, desarticuladas unas de otras. En menos de un mes se cambiaron la hora y la moneda, dos referentes importantes que funcionan como dos anclas de la identidad nacional Pero no solamente se ha cambiado eso, sino que en los últimos tiempos se le cambió el nombre al país, a las instituciones, se alteraron los símbolos patrios, se cambiaron los nombres de los ministerios y de otras tantas cosas que siguen siendo las mismas. De alguna manera sospechamos, y me incluyo, que la finalidad de mover las anclas y alterarnos la identidad nacional es hacernos más frágiles, más débiles emocional y espiritualmente para manipularnos mejor. Eso genera angustia, ansiedad y hasta desestructuración mental en personas con un yo débil.
¿Cómo la gente podría asumir de mejor manera esta línea de cambios que forman parte de la identidad y de la cultura del venezolano?
Pienso que habría de hacerse una campaña muy fuerte, basada en el ejemplo, sobre todo en el sector de la gente joven, de los niños, para cimentar y rescatar valores, fortalecer nuestras creencias y nuestros conceptos de pertenencia, libertad e identidad personal y nacional.
¿Cuáles serán los efectos de la reconversión en los diferentes grupos etarios?
Es posible que la reconversión sea más confusa para las personas que tuvimos la oportunidad de vivir bajo un esquema de cambio parecido -cuando existía la locha, el medio, el real, etc.- y que luego tuvimos que cambiar y manejarnos con miles, porque quizás aun tengamos remembranzas de los valores anteriores y además porque esta vez el cambio ha sido brusco. Sin embargo, los jóvenes por su parte, tendrán que confrontar una disminución relativa de sus ingresos que agravará su ya difícil situación económica sobre todo para adquirir propiedades muebles o inmuebles. La pérdida del poder adquisitivo genera mucho estrés porque representa hacer mayores esfuerzos para obtener el dinero necesario para vivir y satisfacer las necesidades. El estrés disminuye los índices de rendimiento y nos hace más susceptibles a padecer enfermedades.
Según los grupos socioeconómicos, ¿Los efectos van a ser los mismos?
Creo que los más lesionados, desde el punto de vista económico seremos los de clase media, no obstante, la inflación nos afecta a todos, pues todos sufrimos los efectos del encarecimiento de la vida. La gente tiene mucho miedo con esta medida, porque no la justifica ni la siente útil para nada, en definitiva no la comprende, sobre todo, porque la promesa básica de la misma que es la de disminuir la inflación no se está cumpliendo y por el contrario se produjo un efecto inverso, eso genera una percepción de falsedad, de engaño.
¿Por qué considera que no hay vinculación emocional con el cambio de moneda?
Porque la gente no se siente parte de la decisión. En general, decisiones de tipo monetario son consultadas con los ciudadanos.
Aunque en una mayor escala ¿recuerdas cuánto tiempo tuvieron los países europeos discutiendo la conveniencia o no del euro? Casi siempre lo que sigue a un cambio inconsulto como este de la reconversión monetaria es temor por el futuro y mucha incertidumbre, sobre todo en un ambiente tan impredecible y tan inestable como el nuestro. En lo emocional no se percibe ni placer ni agrado porque no se está haciendo, en lo económico, algo que la persona apruebe o comparta. Yo diría que más bien existe una cierta paranoia en el ambiente sobre qué será lo que se persigue realmente con esta medida. Se teme entre otras cosas la destrucción del imaginario popular, el referente a nuestra propia historia, a nuestras raíces, y no debemos olvidar que en la medida en que seamos débiles, en que perdamos nuestra individualidad, la urdimbre que nos sustenta y nos masifiquemos, en esa misma medida seremos manipulables.
¿Qué es lo que vendrá en el futuro?
Lo que va a pasar ya veremos, de todas maneras guardo la esperanza de que los venezolanos conservemos esa sólida salud mental y la capacidad de lucha que nos caracteriza y por la cual felicito a nuestros antecesores, porque con todas las cosas a las que estamos sometidos, aquí estamos y seguimos funcionando. Esa misma fuerza se las debemos transmitir a nuestros hijos y nietos. El país sigue su rumbo a pesar de que mucha gente se siente engañada, subestimada, defraudada e impotente y el único elemento positivo y medio fantasioso de esta medida, es el hecho de que el bolívar “luce” -entre comillas- más fuerte ante las monedas duras como el euro y el dólar.
¿Qué recomendaciones podría dar a los venezolanos?
Parto de una premisa que comparto frecuentemente con mis pacientes: “para curarse hay que aceptar primero que se está enfermo”, hay que reconocer la gravedad de la situación, ya que es extremadamente espinosa, y no sólo por la reconversión, sino por todo lo que ha venido sucediendo. Hay que darle una verdadera importancia a nuestra situación política, a nuestra situación de libertades para que podamos actuar en consecuencia. Mientras sigamos creyendo, como buenos venezolanos bromistas en la ambigüedad de que una cosa va a ser pero no va a ser, no nos van a tomar en serio y no nos vamos a defender eficientemente. Tendremos que hacer acopio de todos nuestros recursos internos para defendernos como tiene que ser, haciéndonos fuertes ante la arbitrariedad, ante la adversidad. Muchos se sienten víctimas ante algunas medidas económicas porque se juega con nuestro dinero, se regala, en lugar de satisfacer nuestras necesidades de país, porque se está creando una cultura de antivalores que nos deteriora social y moralmente, porque se nos quiere igualar por debajo, etc., ante todo esto, mi recomendación sería no victimizarse, no amilanarse, ni paralizarse, por el contrario, actuar con herramientas democráticas y con mucha fuerza interna para construir un futuro mejor. No debemos olvidar que tanto la reconversión como otras medidas similares no son caprichosas, tienen una teleología, una finalidad última que no se ha podido aplicar posiblemente por el fracaso del intento de Reforma Constitucional, pero de haber sido otro el resultado en la consulta del dos de diciembre su sentido sería más evidente y estaríamos confrontando un empobrecimiento mayor. Tenemos pues que permanecer en alerta psíquica para poder resolver la situación, para luchar por nuestra libertad y nuestra dignidad.
LA EXPROPIACIÓN DEL INCA VALERO o El abandono del héroe
Si consideramos con Adela Cortina que la ética pública se refiere a la vida pública en su conjunto, es decir, que incluye tanto las organizaciones e instituciones del Estado como las que conllevan consecuencias públicas y por tanto, necesitan de legitimación, tales como las organizaciones e instituciones cívicas, las entidades económicas y empresariales, las actividades profesionales y la opinión pública, concluiremos, que, en nuestro país la mayoría de ellas adolece de un contenido ético que las sustente.
La carencia o ausencia ética en dichas instituciones genera comportamientos reñidos con las normas que toda sociedad se da para garantizar su supervivencia y la convivencia pacífica de los ciudadanos que la conforman. Con frecuencia utilizamos el concepto de ética para atribuírselo a las costumbres y hábitos que componen la vida cotidiana y que son generados de la historia y tradiciones de los pueblos y el término moral para calificar los mismos como justos o injustos, adjudicándoles además, a éstos, una categoría universal. Al primer término lo llamó Hegel "eticidad" y al segundo "universalidad".
Una de las manifestaciones más trágicas y dolorosas derivadas de la deficiencia de ética pública la vivimos hace poco cuando sucedió el homicidio perpetrado por el "Inca" Valero en su esposa Jennifer y el posterior suicidio del boxeador. Este acontecimiento tiene visos de irrealidad y muchísimos co-responsables.
En primer lugar, se trataba de un joven que había sufrido hacía varios años un traumatismo cráneo-encefálico que ameritó la colocación de una prótesis craneal. Solamente este hecho era suficiente para prohibirle seguir practicando boxeo. ¿Se le hizo algún seguimiento? ¿Le fueron practicados electroencefalogramas, RMC y demás controles cada cierto tiempo para chequear su condición neurológica? Todos sabemos que los traumatismos recibidos en la cara se reflejan en la parte posterior del cerebro produciendo en esa zona lesiones de contragolpe. Me pregunto si Valero y sus representantes fueron advertidos sobre estas consecuencias y se hicieron los desentendidos o si por el contrario, los médicos pecaron por omisión.
En segundo lugar, como elemento determinante en la condición mental del sujeto que nos ocupa, surge el consumo de drogas tales como cocaína, crack y alcohol. Consumo conocido por el círculo social y familiar que lo rodeaba y posiblemente también por las personas con quienes entrenaba y compartía, simplemente se hacía caso omiso de ello. Su condición de consumidor lo colocaba, según la OMS y nuestra Ley sobre Consumo de Drogas y Estupefacientes, en la condición de "enfermo". Surge la pregunta ¿fue tratado como tal? o por el contrario "no convenía" atribuirle esa condición, pues ello implicaría su retiro forzoso en caso de que un peritaje médico legal que tomara en cuenta tanto el traumatismo craneoencefálico como su condición adictiva lo declarara NO APTO para seguir boxeando. Había demasiados intereses de por medio, después de todo, los riesgos que el sujeto y los suyos corrían no eran importantes, lo que importaba era que él producía mucho dinero, le confería status al país e inhabilitarlo, además, equivaldría a romper un ícono, era como matar la gallinita de los huevos de oro.
Es conocido por toda la comunidad médica y no médica, que las mencionadas drogas, y sobre todo la cocaína y el crack producen neuroestimulación y que ésta es aún más acentuada en las personas que han sufrido lesiones cerebrales. Es sabido también que la cronicidad del consumo produce atrofia cerebral, principalmente a nivel del lóbulo frontal por la aspiración del polvo y/o el humo, lo que convierte a los consumidores en personas muy violentas e impulsivas que pueden llegar a perder la razón. Al parecer tampoco nada de esto fue tomado en cuenta. Las entidades gubernamentales que se suponen encargadas de supervisar y orientar a los deportistas brillaron, por su ausencia. ¿Alguna vez le practicaron pruebas de dopaje antes de pelear?
Como consecuencia directa de todo ello sobrevienen los trastornos de conducta, que secundados por la alabanza de propios y extraños se traducían en el maltrato al que sometía a Jennifer y -según declaraciones- en amenazas de quitarles la vida a varios miembros de su familia. Al parecer en varias ocasiones ella intentó separarse, pero impotente ante el poder y la amenaza, volvía con su marido. Realmente estuvo muy sola. En el mes de marzo, con ocasión de haberle propinado una fuerte golpiza, Jennifer estuvo hospitalizada, lo denunció y luego por temor retiró la denuncia.
El tribunal -como se ha dicho hasta la saciedad- en lugar de mantenerlo contenido, dada su peligrosidad y el riesgo que corría su esposa, le concedió rápidamente una medida cautelar de libertad que malamente usó para reincidir y propiciar el trágico final, inducido por la psicosis paranoide que padecía y la coca que acababa de consumir según declaraciones de algunos conocidos y familiares. Es llamativo que habiendo tenido el "Inca" comunicación con autoridades ministeriales éstas no lo hayan asistido, en el verdadero sentido de la palabra, con la premura que su caso ameritaba. Lo lógico, es que hubiese sido ingresado en un centro de desintoxicación de agudos y luego trasladado a uno de crónicos, eso hubiese sido una verdadera ayuda y protección tanto para él como para sus familiares. Es patético el que fuese sometido a un proceso de desintoxicación de sólo cinco días y luego dado de alta. Ninguna persona con un consumo crónico de drogas, se desintoxica en ese tiempo y mucho menos mejora su condición adictiva. Posiblemente el mal entendido amiguismo desestimó su condición y después de todo, no podía exponerse al escarnio público al prototipo del hombre nuevo.
La saga de los boxeadores, tal como lo describe Tulio Hernández, se vio nuevamente cumplida. Aparte de Jennifer y Valero, quedaron los hijos, pequeñas víctimas de un proceso donde la ética pública estuvo ausente desde el principio. El "Inca" no supo o no pudo apropiarse de sus posibilidades, no pudo apropiarse de sí mismo. Fue víctima y victimario por sus propias circunstancias. En consecuencia, se enfrentó con su fracaso vital, fue expropiado, y como dice Cortina, "dejarse expropiar o venderse es hacer el peor negocio de la vida: es renunciar a la propia autonomía".
No solo las personas estamos obligadas a forjarnos un carácter, sino que también las instituciones tanto públicas como privadas, incluso las actividades profesionales deben hacerlo, porque ellas van adquiriendo sus características particulares, buenas o malas, justas o injustas y dependiendo de las posibilidades de las que se apropien harán o no valer su eticidad y su universalidad.
La carencia o ausencia ética en dichas instituciones genera comportamientos reñidos con las normas que toda sociedad se da para garantizar su supervivencia y la convivencia pacífica de los ciudadanos que la conforman. Con frecuencia utilizamos el concepto de ética para atribuírselo a las costumbres y hábitos que componen la vida cotidiana y que son generados de la historia y tradiciones de los pueblos y el término moral para calificar los mismos como justos o injustos, adjudicándoles además, a éstos, una categoría universal. Al primer término lo llamó Hegel "eticidad" y al segundo "universalidad".
Una de las manifestaciones más trágicas y dolorosas derivadas de la deficiencia de ética pública la vivimos hace poco cuando sucedió el homicidio perpetrado por el "Inca" Valero en su esposa Jennifer y el posterior suicidio del boxeador. Este acontecimiento tiene visos de irrealidad y muchísimos co-responsables.
En primer lugar, se trataba de un joven que había sufrido hacía varios años un traumatismo cráneo-encefálico que ameritó la colocación de una prótesis craneal. Solamente este hecho era suficiente para prohibirle seguir practicando boxeo. ¿Se le hizo algún seguimiento? ¿Le fueron practicados electroencefalogramas, RMC y demás controles cada cierto tiempo para chequear su condición neurológica? Todos sabemos que los traumatismos recibidos en la cara se reflejan en la parte posterior del cerebro produciendo en esa zona lesiones de contragolpe. Me pregunto si Valero y sus representantes fueron advertidos sobre estas consecuencias y se hicieron los desentendidos o si por el contrario, los médicos pecaron por omisión.
En segundo lugar, como elemento determinante en la condición mental del sujeto que nos ocupa, surge el consumo de drogas tales como cocaína, crack y alcohol. Consumo conocido por el círculo social y familiar que lo rodeaba y posiblemente también por las personas con quienes entrenaba y compartía, simplemente se hacía caso omiso de ello. Su condición de consumidor lo colocaba, según la OMS y nuestra Ley sobre Consumo de Drogas y Estupefacientes, en la condición de "enfermo". Surge la pregunta ¿fue tratado como tal? o por el contrario "no convenía" atribuirle esa condición, pues ello implicaría su retiro forzoso en caso de que un peritaje médico legal que tomara en cuenta tanto el traumatismo craneoencefálico como su condición adictiva lo declarara NO APTO para seguir boxeando. Había demasiados intereses de por medio, después de todo, los riesgos que el sujeto y los suyos corrían no eran importantes, lo que importaba era que él producía mucho dinero, le confería status al país e inhabilitarlo, además, equivaldría a romper un ícono, era como matar la gallinita de los huevos de oro.
Es conocido por toda la comunidad médica y no médica, que las mencionadas drogas, y sobre todo la cocaína y el crack producen neuroestimulación y que ésta es aún más acentuada en las personas que han sufrido lesiones cerebrales. Es sabido también que la cronicidad del consumo produce atrofia cerebral, principalmente a nivel del lóbulo frontal por la aspiración del polvo y/o el humo, lo que convierte a los consumidores en personas muy violentas e impulsivas que pueden llegar a perder la razón. Al parecer tampoco nada de esto fue tomado en cuenta. Las entidades gubernamentales que se suponen encargadas de supervisar y orientar a los deportistas brillaron, por su ausencia. ¿Alguna vez le practicaron pruebas de dopaje antes de pelear?
Como consecuencia directa de todo ello sobrevienen los trastornos de conducta, que secundados por la alabanza de propios y extraños se traducían en el maltrato al que sometía a Jennifer y -según declaraciones- en amenazas de quitarles la vida a varios miembros de su familia. Al parecer en varias ocasiones ella intentó separarse, pero impotente ante el poder y la amenaza, volvía con su marido. Realmente estuvo muy sola. En el mes de marzo, con ocasión de haberle propinado una fuerte golpiza, Jennifer estuvo hospitalizada, lo denunció y luego por temor retiró la denuncia.
El tribunal -como se ha dicho hasta la saciedad- en lugar de mantenerlo contenido, dada su peligrosidad y el riesgo que corría su esposa, le concedió rápidamente una medida cautelar de libertad que malamente usó para reincidir y propiciar el trágico final, inducido por la psicosis paranoide que padecía y la coca que acababa de consumir según declaraciones de algunos conocidos y familiares. Es llamativo que habiendo tenido el "Inca" comunicación con autoridades ministeriales éstas no lo hayan asistido, en el verdadero sentido de la palabra, con la premura que su caso ameritaba. Lo lógico, es que hubiese sido ingresado en un centro de desintoxicación de agudos y luego trasladado a uno de crónicos, eso hubiese sido una verdadera ayuda y protección tanto para él como para sus familiares. Es patético el que fuese sometido a un proceso de desintoxicación de sólo cinco días y luego dado de alta. Ninguna persona con un consumo crónico de drogas, se desintoxica en ese tiempo y mucho menos mejora su condición adictiva. Posiblemente el mal entendido amiguismo desestimó su condición y después de todo, no podía exponerse al escarnio público al prototipo del hombre nuevo.
La saga de los boxeadores, tal como lo describe Tulio Hernández, se vio nuevamente cumplida. Aparte de Jennifer y Valero, quedaron los hijos, pequeñas víctimas de un proceso donde la ética pública estuvo ausente desde el principio. El "Inca" no supo o no pudo apropiarse de sus posibilidades, no pudo apropiarse de sí mismo. Fue víctima y victimario por sus propias circunstancias. En consecuencia, se enfrentó con su fracaso vital, fue expropiado, y como dice Cortina, "dejarse expropiar o venderse es hacer el peor negocio de la vida: es renunciar a la propia autonomía".
No solo las personas estamos obligadas a forjarnos un carácter, sino que también las instituciones tanto públicas como privadas, incluso las actividades profesionales deben hacerlo, porque ellas van adquiriendo sus características particulares, buenas o malas, justas o injustas y dependiendo de las posibilidades de las que se apropien harán o no valer su eticidad y su universalidad.
miércoles, 1 de septiembre de 2010
LA SUBESTIMACION DEL OTRO
Es esa sensación amarga que todos percibimos en el mensaje publicitario acerca del “por amor”. Cabría preguntarse ¿por amor a quién?, sin duda que a sí mismo, es lo propio de las personalidades narcisísticas. Para ellas no existe el “otro”, ese otro que nos permite ser, pues es su presencia, su mirada y su juicio, entre otras cosas lo que nos significa, define y forma. Ese otro que nos permite tener una interrelación humana, y en consecuencia, acceder a la dimensión ética, a la política y al ejercicio de la libertad.
Es negar al “otro”, subestimarlo en su intelecto, su capacidad de comprensión y si se quiere atacarle la percepción, imaginarse siquiera que un mensaje como el que nos ocupa pudiera ser aceptado y/o compartido, si precisamente procede de alguien que durante tanto tiempo ha esgrimido un discurso belicista, que constantemente amenaza, propicia el odio y apoya la guerra y en consecuencia hace alianzas con gobernantes indeseables y procede a la excesiva compra y fabricación de armas que evidentemente superan las necesidades de defensa de la nación. Cómo creer en un mensaje cuyo autor, por amor a sí mismo, lleva una vida dispendiosa gastando ingentes cantidades de nuestro dinero en regalos, lujos y otros menesteres y no es capaz de pensar “por amor”, en cuánto ese dinero pudiera remediar el dolor ajeno producto de la pobreza, la injusticia, la impunidad, la desatención sanitaria, la inseguridad y tantas otras miserias de las que somos víctimas “los otros”.
Realmente es como para sentirnos ofendidos, es casi como instarnos a negar lo que siempre este régimen nos ha mostrado, con lo que siempre ha tratado de amedrentarnos: la agresividad, la venganza y la exclusión del que piensa, habla y/o actúa diferente. No ponemos en duda la posibilidad de cambio de formas de pensar, pero usualmente las personas no modifican tan fácilmente sus ideas fundamentales, su esencia, a menos que estén dotados de cierta plasticidad psicológica que les permita, mediante largas terapias o experiencias vitales acceder a esa transformación. Con ninguna de estas condiciones contamos ahora, es sólo una vil manipulación mediática con fines electoreros. Las acciones hechas por amor no requieren justificaciones porque persiguen el bien y éste siempre es tangible, es obvio que la aclaratoria conlleva otra intención.
Tan ingenuos no somos, sabemos que pide tiempo a su favor no al nuestro, tiempo para terminar de consolidar su abominable proyecto delirante, egoísta y totalitario, tiempo para terminarnos de restringir y convertirnos en seres inhumanos, en otras palabras, tiempo para terminar de deshacerse del “otro”.
Es negar al “otro”, subestimarlo en su intelecto, su capacidad de comprensión y si se quiere atacarle la percepción, imaginarse siquiera que un mensaje como el que nos ocupa pudiera ser aceptado y/o compartido, si precisamente procede de alguien que durante tanto tiempo ha esgrimido un discurso belicista, que constantemente amenaza, propicia el odio y apoya la guerra y en consecuencia hace alianzas con gobernantes indeseables y procede a la excesiva compra y fabricación de armas que evidentemente superan las necesidades de defensa de la nación. Cómo creer en un mensaje cuyo autor, por amor a sí mismo, lleva una vida dispendiosa gastando ingentes cantidades de nuestro dinero en regalos, lujos y otros menesteres y no es capaz de pensar “por amor”, en cuánto ese dinero pudiera remediar el dolor ajeno producto de la pobreza, la injusticia, la impunidad, la desatención sanitaria, la inseguridad y tantas otras miserias de las que somos víctimas “los otros”.
Realmente es como para sentirnos ofendidos, es casi como instarnos a negar lo que siempre este régimen nos ha mostrado, con lo que siempre ha tratado de amedrentarnos: la agresividad, la venganza y la exclusión del que piensa, habla y/o actúa diferente. No ponemos en duda la posibilidad de cambio de formas de pensar, pero usualmente las personas no modifican tan fácilmente sus ideas fundamentales, su esencia, a menos que estén dotados de cierta plasticidad psicológica que les permita, mediante largas terapias o experiencias vitales acceder a esa transformación. Con ninguna de estas condiciones contamos ahora, es sólo una vil manipulación mediática con fines electoreros. Las acciones hechas por amor no requieren justificaciones porque persiguen el bien y éste siempre es tangible, es obvio que la aclaratoria conlleva otra intención.
Tan ingenuos no somos, sabemos que pide tiempo a su favor no al nuestro, tiempo para terminar de consolidar su abominable proyecto delirante, egoísta y totalitario, tiempo para terminarnos de restringir y convertirnos en seres inhumanos, en otras palabras, tiempo para terminar de deshacerse del “otro”.
FOBIAS
¿Qué son las fobias?
Las fobias son trastornos de ansiedad caracterizados por un miedo persistente e irracional a un objeto, actividad o situación específica que se desencadena siempre ante el mismo estímulo que lo provoca, pese a los esfuerzos del individuo para vencerlo, pues en general éste comprende que su temor es absurdo y sin sentido. Todo ello da lugar a un deseo compulsivo de evitar el objeto, la actividad o la situación temidos, es decir, al estímulo fóbico.
¿A qué se deben?
Se consideran como factores predisponentes a la aparición de las fobias, el trastorno por angustia de separación en la niñez y la pérdida súbita de objeto. La teoría psicodinámica además considera que las fobias tienen un carácter defensivo y que el estímulo ante el que aparece sistemáticamente la angustia es sólo su causa aparente, un sustituto ante el cual el sujeto ha desplazado inconscientemente la angustia provocada por un estímulo “latente” reprimido en el inconsciente y por tanto olvidado. Así tenemos que en las fobias, al igual que en los sueños, existe un contenido manifiesto y un contenido latente, en otras palabras, un desplazamiento de la angustia de un trauma afectivo insoportable hacia un objeto banal, con lo que se consigue la represión o el olvido del trauma original.
Otras corrientes psicológicas consideran que las fobias son aprendidas o son producto de condicionamientos conductuales socio-culturales procedentes del entorno más cercano del individuo. Así, la manera fóbica de reaccionar ante determinados estímulos por parte de parientes cercanos, constituye un referente a imitar por los niños, de igual forma el asustarlos con inyecciones, policías, oscuridad, animales, encierros, muertos, etc. podrían estimular la aparición de trastornos fóbicos en su futuro.
El inicio de las fobias se podría situar casi siempre en la infancia, pero su verdadera manifestación sintomática tiene lugar en la adolescencia o la adultez temprana.
¿En quienes son más frecuentes?
Se diagnostica con más frecuencia en las mujeres.
¿Cuáles son los tipos de fobias?
Existen múltiples tipos de fobias, tantos como estímulos fóbicos, antiguamente se usaban nombres específicos para cada una, así se hablaba de claustrofobias, ofidiofobias, nictofobias, cinefobias, agorafobias, etc. En la actualidad se subdividen en tres tipos: Agorafobia, Fobia Social y Fobia Simple. Aunque esta última es la más común en la población general, la primera es el cuadro más frecuente entre los que solicitan tratamiento.
¿Cómo se diagnostican?
Se diagnostican atendiendo a las características sintomáticas particulares de cada una, que en general son descritas por el paciente, así tenemos que:
El rasgo esencial de la Agorafobia es el intenso miedo de estar solo o de hallarse en lugares públicos de los cuales sea difícil escapar u obtener ayuda en caso de una incapacitación súbita. El temor es progresivo y conlleva la limitación en la ejecución de las actividades cotidianas, las cuales se van restringiendo poco a poco hasta llegar un momento en que la conducta de evitación domina la vida del individuo. Entre las situaciones que se evitan más comúnmente se encuentran la de hallarse en multitudes, túneles, puentes, ascensores o transportes públicos, centros comerciales o tiendas llenas de gente. Casi siempre los afectados piden ser acompañados en sus salidas.
La manifestación típica de la Fobia Social es un miedo persistente e irracional de estar expuesto a la observación por parte de los demás, ello produce un deseo compulsivo de evitar dichas situaciones. Existe temor al ridículo o a comportarse de manera embarazosa frente a los otros. Se crea una fuerte ansiedad anticipatoria cuando el individuo se ve obligado a enfrentar dichas situaciones o bien cuando intenta evitarlas aun cuando él mismo reconoce que la ansiedad es excesiva o irrazonable.
En las Fobias Simples también conocidas como “Inespecíficas” el temor se centra en animales, sobre todo perros, gatos, serpientes, insectos y ratones. Otras fobias simples son la claustrofobia (temor a los espacios cerrados) y la acrofobia (temor a las alturas). Cuando las fobias simples se inician en la niñez, en general desaparecen espontáneamente a menos que el ambiente del hogar sea muy patógeno y contribuya a que perdure. El nivel de limitaciones que eventualmente sufre la vida de un individuo con fobia simple, es mucho menor que el que puede sufrir con agorafobia.
¿Pueden ser hereditarias?
Se observa que en algunas familias son más frecuentes ciertas conductas fóbicas, pero más que por herencia, podrían ser por aprendizaje como se señaló anteriormente.
¿El grupo familiar puede contribuir a que una persona desarrolle una fobia?
Si puede, como ya se dijo antes muchos miedos son aprendidos y la familia es la primera escuela del individuo. Si los padres o figuras de autoridad son extremadamente temerosos o emplean el miedo para controlar a los niños, sientan las bases para trastornos fóbicos posteriores.
¿Puede una persona dejar de tener una fobia?
Si, por supuesto.
¿Cómo es el tratamiento de las fobias?
La Psicoterapia cognitivo-conductual es la primera opción para el control y desaparición de los síntomas fóbicos, pero si queremos ahondar y determinar el origen inconsciente de una fobia, hay que aplicar otra clase de psicoterapia, sobre todo las de tipo psicodinámico que persiguen, además de una mejoría sintomática, una reestructuración de la personalidad que proporcione al individuo la suficiente fortaleza psíquica impidiéndole así, recurrir a mecanismos de defensa tan patológicos como los fóbicos, en lo sucesivo.
Disponemos también de medicamentos “antifóbicos” tales como los inhibidores de recaptación de serotonina: p.ej. sertralina, paroxetina, fluoxetina, citaloprán, escitaloprán y algunos derivados benzodiazepínicos como el alprazolán y el clonazepán que pueden utilizarse durante la terapia para una mejoría sintomática o en situaciones de emergencia: p.ej. cuando alguien con fobia a los aviones necesite viajar en uno, etc.
¿Cómo debe ser el trato de los familiares a una persona con cierta fobia?
Como todo trato debe ser respetuoso, evitar ridiculizarla y no inducir su encuentro con los estímulos fóbicos, si esto sucediera y la persona entra en crisis, nuestro deber es ayudarla y acompañarla. De todas formas, la mejor ayuda podría ser recomendarle que se dispusiera a ser tratada por un psiquiatra o psicólogo y hacerle saber que su mal tiene cura.
¿Cúal es la diferencia entre un miedo que pueda tener una persona hacia algo en particular y una fobia?
Las reacciones fóbicas, como los demás mecanismos de defensa se dan en cierta medida en los individuos normales. Por otra parte, algunas fobias están tan difundidas en la humanidad que parecen formar parte de un mecanismo instintivo, por ej. El miedo a las serpientes, a quienes no sólo tememos los humanos, sino también los monos y los caballos. Con frecuencia observamos la aparición de reacciones fóbicas en adultos normales: al Nª 13, a abrir un paraguas dentro de la casa, a pasar por debajo de una escalera, etc., las cuales forman la base de las supersticiones.
Sólo cuando los miedos se hacen demasiado intensos e irracionales e interfieren con la vida cotidiana del sujeto, es cuando la reacción fóbica se considera patológica.
¿Una forma de ayudar a las personas fóbicas es motivarlas a que enfrenten la situación a la que temen? ¿Por qué?
El enfrentar las personas fóbicas de una manera brusca con lo temido, no las ayuda, por el contrario, puede agravar la fobia. La terapia va induciendo al fóbico a tener contacto con el estímulo fóbico, pero progresivamente y de una forma programada con la ayuda del terapeuta para que el temor vaya desapareciendo.
De esa forma lograríamos el objetivo del tratamiento que es: la mejoría sintomática y el conocimiento de las causas de la enfermedad para poder sanarlas.
Las fobias son trastornos de ansiedad caracterizados por un miedo persistente e irracional a un objeto, actividad o situación específica que se desencadena siempre ante el mismo estímulo que lo provoca, pese a los esfuerzos del individuo para vencerlo, pues en general éste comprende que su temor es absurdo y sin sentido. Todo ello da lugar a un deseo compulsivo de evitar el objeto, la actividad o la situación temidos, es decir, al estímulo fóbico.
¿A qué se deben?
Se consideran como factores predisponentes a la aparición de las fobias, el trastorno por angustia de separación en la niñez y la pérdida súbita de objeto. La teoría psicodinámica además considera que las fobias tienen un carácter defensivo y que el estímulo ante el que aparece sistemáticamente la angustia es sólo su causa aparente, un sustituto ante el cual el sujeto ha desplazado inconscientemente la angustia provocada por un estímulo “latente” reprimido en el inconsciente y por tanto olvidado. Así tenemos que en las fobias, al igual que en los sueños, existe un contenido manifiesto y un contenido latente, en otras palabras, un desplazamiento de la angustia de un trauma afectivo insoportable hacia un objeto banal, con lo que se consigue la represión o el olvido del trauma original.
Otras corrientes psicológicas consideran que las fobias son aprendidas o son producto de condicionamientos conductuales socio-culturales procedentes del entorno más cercano del individuo. Así, la manera fóbica de reaccionar ante determinados estímulos por parte de parientes cercanos, constituye un referente a imitar por los niños, de igual forma el asustarlos con inyecciones, policías, oscuridad, animales, encierros, muertos, etc. podrían estimular la aparición de trastornos fóbicos en su futuro.
El inicio de las fobias se podría situar casi siempre en la infancia, pero su verdadera manifestación sintomática tiene lugar en la adolescencia o la adultez temprana.
¿En quienes son más frecuentes?
Se diagnostica con más frecuencia en las mujeres.
¿Cuáles son los tipos de fobias?
Existen múltiples tipos de fobias, tantos como estímulos fóbicos, antiguamente se usaban nombres específicos para cada una, así se hablaba de claustrofobias, ofidiofobias, nictofobias, cinefobias, agorafobias, etc. En la actualidad se subdividen en tres tipos: Agorafobia, Fobia Social y Fobia Simple. Aunque esta última es la más común en la población general, la primera es el cuadro más frecuente entre los que solicitan tratamiento.
¿Cómo se diagnostican?
Se diagnostican atendiendo a las características sintomáticas particulares de cada una, que en general son descritas por el paciente, así tenemos que:
El rasgo esencial de la Agorafobia es el intenso miedo de estar solo o de hallarse en lugares públicos de los cuales sea difícil escapar u obtener ayuda en caso de una incapacitación súbita. El temor es progresivo y conlleva la limitación en la ejecución de las actividades cotidianas, las cuales se van restringiendo poco a poco hasta llegar un momento en que la conducta de evitación domina la vida del individuo. Entre las situaciones que se evitan más comúnmente se encuentran la de hallarse en multitudes, túneles, puentes, ascensores o transportes públicos, centros comerciales o tiendas llenas de gente. Casi siempre los afectados piden ser acompañados en sus salidas.
La manifestación típica de la Fobia Social es un miedo persistente e irracional de estar expuesto a la observación por parte de los demás, ello produce un deseo compulsivo de evitar dichas situaciones. Existe temor al ridículo o a comportarse de manera embarazosa frente a los otros. Se crea una fuerte ansiedad anticipatoria cuando el individuo se ve obligado a enfrentar dichas situaciones o bien cuando intenta evitarlas aun cuando él mismo reconoce que la ansiedad es excesiva o irrazonable.
En las Fobias Simples también conocidas como “Inespecíficas” el temor se centra en animales, sobre todo perros, gatos, serpientes, insectos y ratones. Otras fobias simples son la claustrofobia (temor a los espacios cerrados) y la acrofobia (temor a las alturas). Cuando las fobias simples se inician en la niñez, en general desaparecen espontáneamente a menos que el ambiente del hogar sea muy patógeno y contribuya a que perdure. El nivel de limitaciones que eventualmente sufre la vida de un individuo con fobia simple, es mucho menor que el que puede sufrir con agorafobia.
¿Pueden ser hereditarias?
Se observa que en algunas familias son más frecuentes ciertas conductas fóbicas, pero más que por herencia, podrían ser por aprendizaje como se señaló anteriormente.
¿El grupo familiar puede contribuir a que una persona desarrolle una fobia?
Si puede, como ya se dijo antes muchos miedos son aprendidos y la familia es la primera escuela del individuo. Si los padres o figuras de autoridad son extremadamente temerosos o emplean el miedo para controlar a los niños, sientan las bases para trastornos fóbicos posteriores.
¿Puede una persona dejar de tener una fobia?
Si, por supuesto.
¿Cómo es el tratamiento de las fobias?
La Psicoterapia cognitivo-conductual es la primera opción para el control y desaparición de los síntomas fóbicos, pero si queremos ahondar y determinar el origen inconsciente de una fobia, hay que aplicar otra clase de psicoterapia, sobre todo las de tipo psicodinámico que persiguen, además de una mejoría sintomática, una reestructuración de la personalidad que proporcione al individuo la suficiente fortaleza psíquica impidiéndole así, recurrir a mecanismos de defensa tan patológicos como los fóbicos, en lo sucesivo.
Disponemos también de medicamentos “antifóbicos” tales como los inhibidores de recaptación de serotonina: p.ej. sertralina, paroxetina, fluoxetina, citaloprán, escitaloprán y algunos derivados benzodiazepínicos como el alprazolán y el clonazepán que pueden utilizarse durante la terapia para una mejoría sintomática o en situaciones de emergencia: p.ej. cuando alguien con fobia a los aviones necesite viajar en uno, etc.
¿Cómo debe ser el trato de los familiares a una persona con cierta fobia?
Como todo trato debe ser respetuoso, evitar ridiculizarla y no inducir su encuentro con los estímulos fóbicos, si esto sucediera y la persona entra en crisis, nuestro deber es ayudarla y acompañarla. De todas formas, la mejor ayuda podría ser recomendarle que se dispusiera a ser tratada por un psiquiatra o psicólogo y hacerle saber que su mal tiene cura.
¿Cúal es la diferencia entre un miedo que pueda tener una persona hacia algo en particular y una fobia?
Las reacciones fóbicas, como los demás mecanismos de defensa se dan en cierta medida en los individuos normales. Por otra parte, algunas fobias están tan difundidas en la humanidad que parecen formar parte de un mecanismo instintivo, por ej. El miedo a las serpientes, a quienes no sólo tememos los humanos, sino también los monos y los caballos. Con frecuencia observamos la aparición de reacciones fóbicas en adultos normales: al Nª 13, a abrir un paraguas dentro de la casa, a pasar por debajo de una escalera, etc., las cuales forman la base de las supersticiones.
Sólo cuando los miedos se hacen demasiado intensos e irracionales e interfieren con la vida cotidiana del sujeto, es cuando la reacción fóbica se considera patológica.
¿Una forma de ayudar a las personas fóbicas es motivarlas a que enfrenten la situación a la que temen? ¿Por qué?
El enfrentar las personas fóbicas de una manera brusca con lo temido, no las ayuda, por el contrario, puede agravar la fobia. La terapia va induciendo al fóbico a tener contacto con el estímulo fóbico, pero progresivamente y de una forma programada con la ayuda del terapeuta para que el temor vaya desapareciendo.
De esa forma lograríamos el objetivo del tratamiento que es: la mejoría sintomática y el conocimiento de las causas de la enfermedad para poder sanarlas.
Metamorfosis del poder y de los poderosos
DEFINICIÓN
En sentido genérico la palabra poder designa la capacidad o posibilidad de obrar, de producir efectos. Puede ser referida tanto a individuos como a grupos humanos así como también a objetos o fenómenos de la naturaleza. En el sentido específicamente social –la vida del hombre en sociedad- el poder se precisa y se convierte en capacidad del hombre para determinar la conducta de otro hombre. De allí que el hombre no es sólo el sujeto sino también el objeto del poder social.
En otras palabras, el poder social es una RELACIÓN ENTRE HOMBRES y no una posesión de cosas o medios para obtener ventajas futuras como lo planteaba Hobbes (Leviatán), porque si bien el poder puede ser ejercido mediante la utilización de ciertos recursos (el dinero, etc.), siempre se necesitará la presencia de un otro que se preste a ser inducido por dichos elementos a adoptar determinada conducta.
SITIOS DONDE SE MANIFIESTA:
En consecuencia el origen y las fuentes del poder se mostrarán (H. Arendt) en:
a)la vida activa
b) en la voluntad
c) en los intereses.
La vida activa se rige por la configuración activa del mundo, por la autorrealización en la acción, por el cambio creador y, con ello, por el esfuerzo y el riesgo.
La voluntad se manifiesta como la facultad de poder cambiar y configurar la realidad mediante la acción consciente, de acuerdo a las propias intenciones.
Mientras que los intereses son necesidades mediadas socialmente. Están mediadas las formas de valorar, preferir, elegir, hacer valer.
Existen dos intereses fundamentales: el de la vida y el de la libertad. Los intereses de vida se refieren a todas las necesidades, sean primarias o secundarias, vitales o espirituales. El interés de la libertad significa, no sólo un interés universal por la libertad del hombre en general, sino que se refiere a libertades históricamente concretas, las cuales se articulan, en los derechos universales del hombre o en los derechos fundamentales de las constituciones políticas.
Pero además de ser el poder un fenómeno social, es importante añadir que se trata de una relación triádica: la persona o grupo que lo ejerce, quien o quienes están sometidos a él y el medio donde se ejecuta, es decir, la esfera del poder. P.Ej: el médico sobre la salud, el empresario sobre su negocio o la economía, los gobernantes sobre sus estados, los reyes sobre sus súbditos, etc.
El autor de este concepto es Max Weber (1864-1920) quien considera que la meta del afán de poder es siempre el dominio, y para lograrlo el que pretenda detentarlo debe contar intrínsecamente con:
1) Una fuerza, energía o potencia que lo haga apto para el desempeño que se propone lograr
2) La facultad-capacidad o posibilidad que le permita cumplir con las exigencias de su propio objetivo o fin (dominio)
3)Un contexto donde desarrollarlo (esfera del poder)
El dominio se define como una relación dinámica, dialéctica, irreflexiva y asimétrica que se cumple mediante un nexo de obediencia. A su vez ésta se expresa a través del acatamiento del mandato. Sabemos que acatar significa acoger, admitir o aceptar lo que se ordena, pero el acatar también implica cumplir con lo ordenado como una obligación.
FORMAS DE ACATAMIENTO DEL MANDATO
Existen diferentes formas de acatar un mandato: el “acatamiento activo” donde el receptor coopera para cumplir la orden, ello no significa la abolición de su voluntad, sino por el contrario, testimonia la presencia de una relación dinámica y voluntaria en el cumplimiento de la ley.
En el “acatamiento pasivo”, las modalidades del mandato se manifiestan en el rendirse, someterse, plegarse, etc. En esta forma, se anula la voluntad del receptor quien acepta el mandato sin ofrecer resistencia alguna, produciéndose una forma degenerativa de obediencia, pues es siempre impuesta por el que manda.
FORMAS DE MANIFESTARSE EL PODER
Las relaciones de poder suelen expresarse de diversas maneras, existen por lo menos tres formas características, que en general se dan mezcladas pero con prioridades diferentes:
1) La relación entre mandar y obedecer.
2) La relación autoritativa.
3) La relación cooperativa o democrática.
La forma de ejercer el poder, dependerá entonces, tanto de su origen como de quien lo detente.
La relación entre mandar y obedecer: Es donde se expresa el poder de manera más palpable, en ella el mandato aparece como la esencia del poder. Es en esta relación donde se observa más fuertemente la dependencia “unilateral” y la determinación de la acción y la subordinación.
Lo ideal es que el mandar y el obedecer se realice en forma tal que abarque a ambos integrantes de la relación, al que manda (gobernante) y al que obedece (ciudadano) pues el ámbito político nunca podrá desarrollarse sin mandato y obediencia.
La relación autoritativa o autoritaria: Pese a que la relación autoritaria es considerada en general como lo contrario de la razón y la libertad (coacción, fuerza), el poder tampoco puede ejecutarse sin ella, sin embargo, esta forma de intercambio puede ejercerse también de manera positiva o negativa. En el primer caso, se trata de una comprensión y una actitud aptas para la conducta de vida, en consecuencia, la influencia se establece a través del consejo y la sugerencia, del asentimiento y la confianza. En el aspecto negativo, se establece una relación autoritaria, donde el seguimiento y la obediencia sólo se obtienen primaria o exclusivamente a través de la coacción.
La relación cooperativa o democrática: En la democracia también hay superioridad, dependencia y en correspondencia coacción y asentimiento, pero estas relaciones de poder están limitadas a relaciones de vida determinadas en cada caso, están llevadas por contratos mutuos, por compromisos que se logran en discusiones y por controles, que en mutua inspección y crítica deben llevar a cambios y mejoras. En esta nueva forma de poder, la reciprocidad adquiere importancia de principio. Todavía no disponemos de mecanismos que nos permitan desarrollar el poder en forma realmente “democrática”, o sea “como dominio de todos sobre todos” ni como “dominio en general”. Aun permanecemos ante la situación en que las democracias modernas deben ponerse constantemente en guardia contra su peligro principal, la impotencia interna y externa, que incluye siempre el peligro de vuelco a la fuerza totalitaria.
Otro rasgo fundamental del poder es que exige reconocimiento, esta exigencia no puede cumplirse como un querer unilateral de ser reconocido, sino sólo en el sentido de la reciprocidad (mutuo).
Ahora bien, las relaciones de mandato y obediencia más o menos continuas en el tiempo, se basan principalmente en un específico fundamento de legitimidad. De este poder legítimo llamado por Weber autoridad, se pueden diferenciar tres tipos “puros”:
a) La autoridad legal: situada dentro de una totalidad de normas jurídico-racionales que rigen el comportamiento de los integrantes de una comunidad donde la fuente de poder es la “ley”, a la cual no sólo obedecen los ciudadanos o asociados, sino también el que manda. El aparato administrativo del poder es la burocracia con su estructura jerárquica de funcionarios dotados de diferentes competencias. Es característico de las sociedades modernas.
b)La autoridad tradicional: basada en la creencia del carácter “sacro” del poder existente “desde siempre”. La fuente del poder es la “tradición” que impone vínculos al contenido de los mandatos entre el “señor” y sus “súbditos”. En el modelo más característico el aparato administrativo es de tipo patriarcal, propio de las sociedades eclesiásticas y monárquicas.
c)La autoridad carismática: se basa en la admiración y reverencia que se experimentan ante las “virtudes” del líder, en la sumisión afectiva a la persona del jefe y al carácter sacro, la fuerza heroica, el valor ejemplar o la potencia del espíritu y de su discurso que lo distinguen de manera excepcional. La fuente de poder se conecta con lo originario. El que manda es el “guía” (p.ej.: el profeta, el héroe guerrero, el gran demagogo) y aquellos que le prestan obediencia son los “discípulos”. El aparato administrativo es escogido entre los adeptos, por su carisma o entrega personal sin que haya meritocracia alguna.
Los tipos de autoridad casi nunca se presentan “puros” sino ligados entre sí y su condición dinámica induce cambios positivos o negativos dependiendo de quien la ejerza: P.ej. Gandhi y Hitler, Mugabe y Mandela. Así, el detentador de poder puede establecer las condiciones por las que puede operarlo, y si carece de controles, puede satisfacer o amenazar las necesidades y los intereses de los otros y utilizarlo para la satisfacción de sus propias intenciones, puede imponer su voluntad, sea a través del asentimiento, o a través de la coacción, ya sea ésta de tipo físico, psíquico o económico-social y lo contrario, puede ejercer la autoridad en forma positiva y en beneficio de los gobernados.
RELACIONES ENTRE PODER Y PERSONALIDAD
A este aspecto le dio mucha importancia Harold Lasswell (1902-1979), quien utilizando algunos conceptos freudianos, examinó las relaciones existentes entre poder y personalidad. Separó la personalidad política de aquella que está orientada predominantemente hacia la búsqueda del poder, estudió su dinámica, que le pareció fundada en la transferencia sobre objetos públicos –racionalizada en términos de interés público- de impulsos privados reprimidos, y analizó la señal dejada por los aspectos neuróticos de la personalidad en la participación de la vida política y sus diferentes formas, como la del agitador o la del organizador. Estos estudios dieron origen a las posteriores investigaciones sobre la personalidad autoritaria.
Definitivamente, podemos concluir que el poder es un proceso intersubjetivo en el que se encuentran involucrados al menos dos individualidades: quien domina y quien es dominado. Tal como lo explican diversas escuelas –como el interaccionismo simbólico y el psicoanálisis- la intersubjetividad traerá como consecuencia modificaciones estructurales en las características o personalidad de todos los elementos involucrados, cabe entonces preguntarse ¿El poder mismo puede cambiar? ¿En qué medida y bajo qué premisas se transforma la personalidad de quien ejerce el poder? ¿Hasta qué punto el hecho de ser dominado o dominador determina el desarrollo subjetivo posterior?
CAMBIOS EN EL PODER
El poder, además de ser una relación asimétrica, es cambiante y variable dependiendo de quien lo ejerza y del contexto donde se desarrolle, en consecuencia, puede experimentar cambios positivos o negativos:
El elemento fundamental que produce cambios negativos en el poder es la alteración de la legitimidad donde está sustentada la autoridad. Para que la relación de obediencia del poder legítimo pueda perdurar, es necesario que de vez en cuando se reafirme ostensiblemente la cualidad de la fuente a la que se atribuye la legitimidad. P.ej. la continuidad de una relación de autoridad basada en la legitimidad democrática, entraña la renovación del procedimiento electoral.
El manejo inadecuado de esa legitimidad puede dar origen a la utilización de otros medios para ejercer el poder tales como la violencia, como ha sucedido y sucede en los fanáticos tanto políticos como religiosos.
Otro factor de suma importancia que desvirtúa el fundamento de la legitimidad del poder y rompe la relación de autoridad, es la imposición de una ideología en una autoridad que no haya surgido de dicha modalidad ya que dicha acción configura el surgimiento de una “falsa” autoridad, de una pseudo legitimidad que no constituye el fundamento real de ese poder ya que sus bases son diferentes a las que la originaron. En general, para la implantación de esa falsa autoridad se utiliza la fuerza, la seducción y la demagogia.
Los cambios positivos que experimenta el poder son más escasos, como pasar de un origen ilegítimo a uno legítimo. Por ej. Gobiernos democráticos organizados que suceden a golpes de estado dados a gobiernos ilegítimos (Pérez Jiménez).
CAMBIOS EN LOS GOBERNANTES:
Es indudable que muchos gobernantes sufren cambios sustanciales –metamorfosis- en la expresión de su personalidad durante el ejercicio del poder, desgraciadamente, en su mayoría, se trata de cambios negativos. Ello nos hace preguntarnos si el poder corrompe o por el contrario simplemente es un mecanismo disparador que pone en evidencia la esencia corrupta de quienes lo detentan.
Es obvio que los cambios no se suscitan de repente, pareciera como si la persona, mientras más tiempo ejerce el poder (Foucault), se acostumbrara a detentarlo y a gozar de sus beneficios asumiéndolo como suyo, desarrollando luego, mecanismos para asirse a él de manera permanente:
Todo comienza con la imitación que puede considerarse el comienzo de la metamorfosis, pero éste es un mecanismo relativamente inofensivo y transitorio que la precede. P.ej. copiar a alguien en sus modales, identificarse conscientemente con sus gustos, etc. a sabiendas que no se es auténtico. En la imitación se copia lo superficial, la apariencia exterior.
En segundo lugar tenemos la simulación que es una forma consciente de transición entre la imitación y la metamorfosis. P.ej. aproximarse a alguien como amigo, pero con intención hostil. En la simulación lo amigable e inofensivo está afuera, lo hostil y lo mortal, dentro. Esta duplicidad es la forma extrema de lo que comúnmente se llama simulación “La figura amiga tras la que se oculta otra enemiga” (Canetti l905-l994). Muchos poderosos permanecen en esta etapa porque no pueden metamorfosearse del todo. Seguirá siendo él mismo en tanto sea consciente de la hostilidad de su actitud interna. Sufre de pseudometamorfosis para las cuales usa diferentes máscaras, pero las utilizará sólo provisionalmente y ellas nunca alterarán en lo más mínimo su figura interior que es su naturaleza, su núcleo íntimo, su verdadera figura.
La metamorfosis misma es como un cuerpo en comparación con el carácter bidimensional de la imitación y de la forma consciente de la simulación. Suele concluir en el personaje que es claro y está delimitado en todos sus rasgos, es una creación del hombre para salvarse de la incesante fluidez de la metamorfosis. No tiene ningún género o especie. Para comprenderlo tendríamos que aproximarnos a algunas divinidades de la antigüedad: Anubis, un hombre con cabeza de chacal; Horus, con cabeza de halcón, etc. Cada uno de ellos se caracteriza por ser hombre y animal a la vez, actúa como una u otra cosa indistintamente y se le considera antepasado de ambos. Son los personajes primigenios: su origen.
El proceso mismo de la metamorfosis se convierte así en el personaje más antiguo, con dos aspectos equivalentes, el que simulaba y el que se cristaliza. El personaje representa el proceso de la metamorfosis juntamente con su resultado. Surge entonces la máscara que por su rigidez se diferencia de todos los otros estados finales de la metamorfosis. Ella sustituye la multiplicidad expresiva del rostro siempre cambiante, por el contrario, posee una rigidez y una constancia perfectas, no cambia. La máscara constituye un estadio final propio.
El efecto de la máscara es siempre hacia fuera, crea un personaje y establece una distancia entre el espectador y ella porque es intocable. La rigidez de la forma es también la rigidez de la distancia, que no cambie en absoluto es lo que en ella produce fascinación. Detrás de la máscara comienza el secreto, lo oculto, no podemos saber lo que esconde, crea una barrera de separación cargada de un contenido peligroso que no nos es permitido conocer y que produce en nosotros un temor a lo desconocido.
Cuando la metamorfosis llega al estadio de la máscara, ya es definitiva, pues la máscara es precisamente aquello que no se transforma, inconfundible y perdurable, algo inmutable en el juego siempre cambiante de la metamorfosis. La máscara dice “yo soy exactamente lo que estás viendo, y todo lo que temes está detrás”. Sólo es posible conocer la máscara desde fuera, lo en ella hay de cierto, su claridad, está cargada de incertidumbre, ella se interpone entre lo peligroso que está detrás de ella y el observador. Éste teme lo que no conoce, quien porta la máscara teme el desenmascaramiento. Es la personalidad del individuo la que se ocupa cada día de la máscara, mientras, simultáneamente, él se transforma en ella.
Este cambio final o metamorfosis, es lo que origina las personalidades autoritarias propias de los dictadores, cuya base psicopatológica sin duda está relacionada con trastornos narcisísticos de la personalidad.
Finalmente, el poderoso, consciente de su ánimo hostil, siempre permanece en guardia con los que a su alrededor son susceptibles de sufrir sus propias metamorfosis de forma espontánea y no controladas por él, pues teme ser desplazado. Puede que promueva a puestos más elevados a la gente que le es útil, pero la transformación social que ello provoque, deberá ser estrictamente delimitada por el poderoso, él nunca permite un salto por iniciativa propia. Siempre trata de desenmascarar al rival produciéndole un desenmascaramiento, que se opone diametralmente a la metamorfosis, es lo que conocemos como antimetamorfosis. Con el desenmascaramiento el poderoso trata de poner en evidencia a quien supone traidor por osarse a cambiar sin su anuencia.
Uno de los rasgos esenciales de la antimetamorfosis es que siempre se cree saber lo que se encuentra detrás, termina constituyéndose en una especie de tiranía para el ser humano. Este fenómeno, aparte de verlo en el poder, lo encontramos invariablemente en la paranoia. Los paranoicos son grandes simuladores a veces sin saberlo y por otra parte, viven en un eterno desenmascaramiento del enemigo. Los identifican por todas partes, creen saber con exactitud que ocultan, les arrancan la máscara del rostro y en el fondo siempre es uno y el mismo enemigo. La Paranoia es la enfermedad mental más emparentada con el poder.
En sentido genérico la palabra poder designa la capacidad o posibilidad de obrar, de producir efectos. Puede ser referida tanto a individuos como a grupos humanos así como también a objetos o fenómenos de la naturaleza. En el sentido específicamente social –la vida del hombre en sociedad- el poder se precisa y se convierte en capacidad del hombre para determinar la conducta de otro hombre. De allí que el hombre no es sólo el sujeto sino también el objeto del poder social.
En otras palabras, el poder social es una RELACIÓN ENTRE HOMBRES y no una posesión de cosas o medios para obtener ventajas futuras como lo planteaba Hobbes (Leviatán), porque si bien el poder puede ser ejercido mediante la utilización de ciertos recursos (el dinero, etc.), siempre se necesitará la presencia de un otro que se preste a ser inducido por dichos elementos a adoptar determinada conducta.
SITIOS DONDE SE MANIFIESTA:
En consecuencia el origen y las fuentes del poder se mostrarán (H. Arendt) en:
a)la vida activa
b) en la voluntad
c) en los intereses.
La vida activa se rige por la configuración activa del mundo, por la autorrealización en la acción, por el cambio creador y, con ello, por el esfuerzo y el riesgo.
La voluntad se manifiesta como la facultad de poder cambiar y configurar la realidad mediante la acción consciente, de acuerdo a las propias intenciones.
Mientras que los intereses son necesidades mediadas socialmente. Están mediadas las formas de valorar, preferir, elegir, hacer valer.
Existen dos intereses fundamentales: el de la vida y el de la libertad. Los intereses de vida se refieren a todas las necesidades, sean primarias o secundarias, vitales o espirituales. El interés de la libertad significa, no sólo un interés universal por la libertad del hombre en general, sino que se refiere a libertades históricamente concretas, las cuales se articulan, en los derechos universales del hombre o en los derechos fundamentales de las constituciones políticas.
Pero además de ser el poder un fenómeno social, es importante añadir que se trata de una relación triádica: la persona o grupo que lo ejerce, quien o quienes están sometidos a él y el medio donde se ejecuta, es decir, la esfera del poder. P.Ej: el médico sobre la salud, el empresario sobre su negocio o la economía, los gobernantes sobre sus estados, los reyes sobre sus súbditos, etc.
El autor de este concepto es Max Weber (1864-1920) quien considera que la meta del afán de poder es siempre el dominio, y para lograrlo el que pretenda detentarlo debe contar intrínsecamente con:
1) Una fuerza, energía o potencia que lo haga apto para el desempeño que se propone lograr
2) La facultad-capacidad o posibilidad que le permita cumplir con las exigencias de su propio objetivo o fin (dominio)
3)Un contexto donde desarrollarlo (esfera del poder)
El dominio se define como una relación dinámica, dialéctica, irreflexiva y asimétrica que se cumple mediante un nexo de obediencia. A su vez ésta se expresa a través del acatamiento del mandato. Sabemos que acatar significa acoger, admitir o aceptar lo que se ordena, pero el acatar también implica cumplir con lo ordenado como una obligación.
FORMAS DE ACATAMIENTO DEL MANDATO
Existen diferentes formas de acatar un mandato: el “acatamiento activo” donde el receptor coopera para cumplir la orden, ello no significa la abolición de su voluntad, sino por el contrario, testimonia la presencia de una relación dinámica y voluntaria en el cumplimiento de la ley.
En el “acatamiento pasivo”, las modalidades del mandato se manifiestan en el rendirse, someterse, plegarse, etc. En esta forma, se anula la voluntad del receptor quien acepta el mandato sin ofrecer resistencia alguna, produciéndose una forma degenerativa de obediencia, pues es siempre impuesta por el que manda.
FORMAS DE MANIFESTARSE EL PODER
Las relaciones de poder suelen expresarse de diversas maneras, existen por lo menos tres formas características, que en general se dan mezcladas pero con prioridades diferentes:
1) La relación entre mandar y obedecer.
2) La relación autoritativa.
3) La relación cooperativa o democrática.
La forma de ejercer el poder, dependerá entonces, tanto de su origen como de quien lo detente.
La relación entre mandar y obedecer: Es donde se expresa el poder de manera más palpable, en ella el mandato aparece como la esencia del poder. Es en esta relación donde se observa más fuertemente la dependencia “unilateral” y la determinación de la acción y la subordinación.
Lo ideal es que el mandar y el obedecer se realice en forma tal que abarque a ambos integrantes de la relación, al que manda (gobernante) y al que obedece (ciudadano) pues el ámbito político nunca podrá desarrollarse sin mandato y obediencia.
La relación autoritativa o autoritaria: Pese a que la relación autoritaria es considerada en general como lo contrario de la razón y la libertad (coacción, fuerza), el poder tampoco puede ejecutarse sin ella, sin embargo, esta forma de intercambio puede ejercerse también de manera positiva o negativa. En el primer caso, se trata de una comprensión y una actitud aptas para la conducta de vida, en consecuencia, la influencia se establece a través del consejo y la sugerencia, del asentimiento y la confianza. En el aspecto negativo, se establece una relación autoritaria, donde el seguimiento y la obediencia sólo se obtienen primaria o exclusivamente a través de la coacción.
La relación cooperativa o democrática: En la democracia también hay superioridad, dependencia y en correspondencia coacción y asentimiento, pero estas relaciones de poder están limitadas a relaciones de vida determinadas en cada caso, están llevadas por contratos mutuos, por compromisos que se logran en discusiones y por controles, que en mutua inspección y crítica deben llevar a cambios y mejoras. En esta nueva forma de poder, la reciprocidad adquiere importancia de principio. Todavía no disponemos de mecanismos que nos permitan desarrollar el poder en forma realmente “democrática”, o sea “como dominio de todos sobre todos” ni como “dominio en general”. Aun permanecemos ante la situación en que las democracias modernas deben ponerse constantemente en guardia contra su peligro principal, la impotencia interna y externa, que incluye siempre el peligro de vuelco a la fuerza totalitaria.
Otro rasgo fundamental del poder es que exige reconocimiento, esta exigencia no puede cumplirse como un querer unilateral de ser reconocido, sino sólo en el sentido de la reciprocidad (mutuo).
Ahora bien, las relaciones de mandato y obediencia más o menos continuas en el tiempo, se basan principalmente en un específico fundamento de legitimidad. De este poder legítimo llamado por Weber autoridad, se pueden diferenciar tres tipos “puros”:
a) La autoridad legal: situada dentro de una totalidad de normas jurídico-racionales que rigen el comportamiento de los integrantes de una comunidad donde la fuente de poder es la “ley”, a la cual no sólo obedecen los ciudadanos o asociados, sino también el que manda. El aparato administrativo del poder es la burocracia con su estructura jerárquica de funcionarios dotados de diferentes competencias. Es característico de las sociedades modernas.
b)La autoridad tradicional: basada en la creencia del carácter “sacro” del poder existente “desde siempre”. La fuente del poder es la “tradición” que impone vínculos al contenido de los mandatos entre el “señor” y sus “súbditos”. En el modelo más característico el aparato administrativo es de tipo patriarcal, propio de las sociedades eclesiásticas y monárquicas.
c)La autoridad carismática: se basa en la admiración y reverencia que se experimentan ante las “virtudes” del líder, en la sumisión afectiva a la persona del jefe y al carácter sacro, la fuerza heroica, el valor ejemplar o la potencia del espíritu y de su discurso que lo distinguen de manera excepcional. La fuente de poder se conecta con lo originario. El que manda es el “guía” (p.ej.: el profeta, el héroe guerrero, el gran demagogo) y aquellos que le prestan obediencia son los “discípulos”. El aparato administrativo es escogido entre los adeptos, por su carisma o entrega personal sin que haya meritocracia alguna.
Los tipos de autoridad casi nunca se presentan “puros” sino ligados entre sí y su condición dinámica induce cambios positivos o negativos dependiendo de quien la ejerza: P.ej. Gandhi y Hitler, Mugabe y Mandela. Así, el detentador de poder puede establecer las condiciones por las que puede operarlo, y si carece de controles, puede satisfacer o amenazar las necesidades y los intereses de los otros y utilizarlo para la satisfacción de sus propias intenciones, puede imponer su voluntad, sea a través del asentimiento, o a través de la coacción, ya sea ésta de tipo físico, psíquico o económico-social y lo contrario, puede ejercer la autoridad en forma positiva y en beneficio de los gobernados.
RELACIONES ENTRE PODER Y PERSONALIDAD
A este aspecto le dio mucha importancia Harold Lasswell (1902-1979), quien utilizando algunos conceptos freudianos, examinó las relaciones existentes entre poder y personalidad. Separó la personalidad política de aquella que está orientada predominantemente hacia la búsqueda del poder, estudió su dinámica, que le pareció fundada en la transferencia sobre objetos públicos –racionalizada en términos de interés público- de impulsos privados reprimidos, y analizó la señal dejada por los aspectos neuróticos de la personalidad en la participación de la vida política y sus diferentes formas, como la del agitador o la del organizador. Estos estudios dieron origen a las posteriores investigaciones sobre la personalidad autoritaria.
Definitivamente, podemos concluir que el poder es un proceso intersubjetivo en el que se encuentran involucrados al menos dos individualidades: quien domina y quien es dominado. Tal como lo explican diversas escuelas –como el interaccionismo simbólico y el psicoanálisis- la intersubjetividad traerá como consecuencia modificaciones estructurales en las características o personalidad de todos los elementos involucrados, cabe entonces preguntarse ¿El poder mismo puede cambiar? ¿En qué medida y bajo qué premisas se transforma la personalidad de quien ejerce el poder? ¿Hasta qué punto el hecho de ser dominado o dominador determina el desarrollo subjetivo posterior?
CAMBIOS EN EL PODER
El poder, además de ser una relación asimétrica, es cambiante y variable dependiendo de quien lo ejerza y del contexto donde se desarrolle, en consecuencia, puede experimentar cambios positivos o negativos:
El elemento fundamental que produce cambios negativos en el poder es la alteración de la legitimidad donde está sustentada la autoridad. Para que la relación de obediencia del poder legítimo pueda perdurar, es necesario que de vez en cuando se reafirme ostensiblemente la cualidad de la fuente a la que se atribuye la legitimidad. P.ej. la continuidad de una relación de autoridad basada en la legitimidad democrática, entraña la renovación del procedimiento electoral.
El manejo inadecuado de esa legitimidad puede dar origen a la utilización de otros medios para ejercer el poder tales como la violencia, como ha sucedido y sucede en los fanáticos tanto políticos como religiosos.
Otro factor de suma importancia que desvirtúa el fundamento de la legitimidad del poder y rompe la relación de autoridad, es la imposición de una ideología en una autoridad que no haya surgido de dicha modalidad ya que dicha acción configura el surgimiento de una “falsa” autoridad, de una pseudo legitimidad que no constituye el fundamento real de ese poder ya que sus bases son diferentes a las que la originaron. En general, para la implantación de esa falsa autoridad se utiliza la fuerza, la seducción y la demagogia.
Los cambios positivos que experimenta el poder son más escasos, como pasar de un origen ilegítimo a uno legítimo. Por ej. Gobiernos democráticos organizados que suceden a golpes de estado dados a gobiernos ilegítimos (Pérez Jiménez).
CAMBIOS EN LOS GOBERNANTES:
Es indudable que muchos gobernantes sufren cambios sustanciales –metamorfosis- en la expresión de su personalidad durante el ejercicio del poder, desgraciadamente, en su mayoría, se trata de cambios negativos. Ello nos hace preguntarnos si el poder corrompe o por el contrario simplemente es un mecanismo disparador que pone en evidencia la esencia corrupta de quienes lo detentan.
Es obvio que los cambios no se suscitan de repente, pareciera como si la persona, mientras más tiempo ejerce el poder (Foucault), se acostumbrara a detentarlo y a gozar de sus beneficios asumiéndolo como suyo, desarrollando luego, mecanismos para asirse a él de manera permanente:
Todo comienza con la imitación que puede considerarse el comienzo de la metamorfosis, pero éste es un mecanismo relativamente inofensivo y transitorio que la precede. P.ej. copiar a alguien en sus modales, identificarse conscientemente con sus gustos, etc. a sabiendas que no se es auténtico. En la imitación se copia lo superficial, la apariencia exterior.
En segundo lugar tenemos la simulación que es una forma consciente de transición entre la imitación y la metamorfosis. P.ej. aproximarse a alguien como amigo, pero con intención hostil. En la simulación lo amigable e inofensivo está afuera, lo hostil y lo mortal, dentro. Esta duplicidad es la forma extrema de lo que comúnmente se llama simulación “La figura amiga tras la que se oculta otra enemiga” (Canetti l905-l994). Muchos poderosos permanecen en esta etapa porque no pueden metamorfosearse del todo. Seguirá siendo él mismo en tanto sea consciente de la hostilidad de su actitud interna. Sufre de pseudometamorfosis para las cuales usa diferentes máscaras, pero las utilizará sólo provisionalmente y ellas nunca alterarán en lo más mínimo su figura interior que es su naturaleza, su núcleo íntimo, su verdadera figura.
La metamorfosis misma es como un cuerpo en comparación con el carácter bidimensional de la imitación y de la forma consciente de la simulación. Suele concluir en el personaje que es claro y está delimitado en todos sus rasgos, es una creación del hombre para salvarse de la incesante fluidez de la metamorfosis. No tiene ningún género o especie. Para comprenderlo tendríamos que aproximarnos a algunas divinidades de la antigüedad: Anubis, un hombre con cabeza de chacal; Horus, con cabeza de halcón, etc. Cada uno de ellos se caracteriza por ser hombre y animal a la vez, actúa como una u otra cosa indistintamente y se le considera antepasado de ambos. Son los personajes primigenios: su origen.
El proceso mismo de la metamorfosis se convierte así en el personaje más antiguo, con dos aspectos equivalentes, el que simulaba y el que se cristaliza. El personaje representa el proceso de la metamorfosis juntamente con su resultado. Surge entonces la máscara que por su rigidez se diferencia de todos los otros estados finales de la metamorfosis. Ella sustituye la multiplicidad expresiva del rostro siempre cambiante, por el contrario, posee una rigidez y una constancia perfectas, no cambia. La máscara constituye un estadio final propio.
El efecto de la máscara es siempre hacia fuera, crea un personaje y establece una distancia entre el espectador y ella porque es intocable. La rigidez de la forma es también la rigidez de la distancia, que no cambie en absoluto es lo que en ella produce fascinación. Detrás de la máscara comienza el secreto, lo oculto, no podemos saber lo que esconde, crea una barrera de separación cargada de un contenido peligroso que no nos es permitido conocer y que produce en nosotros un temor a lo desconocido.
Cuando la metamorfosis llega al estadio de la máscara, ya es definitiva, pues la máscara es precisamente aquello que no se transforma, inconfundible y perdurable, algo inmutable en el juego siempre cambiante de la metamorfosis. La máscara dice “yo soy exactamente lo que estás viendo, y todo lo que temes está detrás”. Sólo es posible conocer la máscara desde fuera, lo en ella hay de cierto, su claridad, está cargada de incertidumbre, ella se interpone entre lo peligroso que está detrás de ella y el observador. Éste teme lo que no conoce, quien porta la máscara teme el desenmascaramiento. Es la personalidad del individuo la que se ocupa cada día de la máscara, mientras, simultáneamente, él se transforma en ella.
Este cambio final o metamorfosis, es lo que origina las personalidades autoritarias propias de los dictadores, cuya base psicopatológica sin duda está relacionada con trastornos narcisísticos de la personalidad.
Finalmente, el poderoso, consciente de su ánimo hostil, siempre permanece en guardia con los que a su alrededor son susceptibles de sufrir sus propias metamorfosis de forma espontánea y no controladas por él, pues teme ser desplazado. Puede que promueva a puestos más elevados a la gente que le es útil, pero la transformación social que ello provoque, deberá ser estrictamente delimitada por el poderoso, él nunca permite un salto por iniciativa propia. Siempre trata de desenmascarar al rival produciéndole un desenmascaramiento, que se opone diametralmente a la metamorfosis, es lo que conocemos como antimetamorfosis. Con el desenmascaramiento el poderoso trata de poner en evidencia a quien supone traidor por osarse a cambiar sin su anuencia.
Uno de los rasgos esenciales de la antimetamorfosis es que siempre se cree saber lo que se encuentra detrás, termina constituyéndose en una especie de tiranía para el ser humano. Este fenómeno, aparte de verlo en el poder, lo encontramos invariablemente en la paranoia. Los paranoicos son grandes simuladores a veces sin saberlo y por otra parte, viven en un eterno desenmascaramiento del enemigo. Los identifican por todas partes, creen saber con exactitud que ocultan, les arrancan la máscara del rostro y en el fondo siempre es uno y el mismo enemigo. La Paranoia es la enfermedad mental más emparentada con el poder.
¿Qué es la hipocondría? (Entrevista para el Semanario Quinto día)
¿Qué es la Hipocondría?
La hipocondría es un trastorno somatomorfe cuya alteración fundamental es la interpretación irreal de signos o síntomas físicos como anormales cuando en realidad no lo son. Esta interpretación errónea conduce al temor o a la creencia de padecer una enfermedad grave.
¿Cuáles son los principales síntomas?
Los síntomas son variados y pueden recaer en cualquier órgano o sistema del cuerpo, p. ej. El corazón (“neurosis cardíaca”), el aparato digestivo, el cerebro, etc. o puede centrarse en las funciones corporales tales como la sudoración, los latidos cardíacos, los movimientos del estómago o el intestino o en pequeñas anormalidades físicas de poca importancia como pequeñas pápulas o úlceras de la piel , toses ocasionales, etc. El paciente interpreta estas sensaciones como pruebas de enfermedades graves. Los síntomas de las enfermedades temidas pueden presentarse en momentos diferentes o simultáneamente.
La sintomatología asociada es, aparte de la minuciosidad de los detalles y extensión de cada dolencia, es el “doctor shopping” o peregrinaciones médicas que hacen estos pacientes, lo cual va deteriorando progresivamente su confianza y por ende la relación médico-paciente, cuando no encuentran quien les diga lo que quieren oir, pues, precisamente, lo característico de un cuadro hipocondríaco es que no se encuentra ninguna patología física que avale los síntomas relatados por el paciente.
¿Cómo se puede determinar que una persona tiene hipocondría?
En general, quien hace el diagnóstico es el internista o el médico general, pues son los primeros consultados por las dolencias físicas. Ante ello, tanto los médicos generales como los especialistas deben estar alertas y evitar someter a los pacientes a exploraciones excesivas que conllevarán a la acentuación de las creencias erróneas y en ningún caso los convencerán de que no padecen las enfermedades que creen padecer.
¿En qué consiste el tratamiento de la hipocondría?
Una vez descartada la patología orgánica, es necesario que el paciente se someta a un tratamiento de psicoterapia para revisar los contenidos internos que producen los síntomas y si es necesario administrarle psicofármacos.
¿Hay personas más predispuestas?
Se consideran como factores predisponentes las experiencias anteriores de enfermedades orgánicas padecidas por el propio paciente o por familiares o amigos cercanos y el estrés psicosocial. También es llamativo que cuando los estudiantes de Medicina u otras ciencias de la salud como Odontología empiezan a estudiar patología médica, muchos comienzan a imaginarse que tienen algunas de las enfermedades que estudian.
¿En qué edades y sexo es más frecuente la hipocondría?
La Hipocondría tiene la misma frecuencia en hombres que en mujeres. La edad de comienzo más frecuente es la adolescencia, pero otras veces puede comenzar más o menos a los 30 años en las mujeres y a los 40 para los hombres.
¿Estadísticas?
No conozco la existencia de estadísticas de hipocondría en nuestro país.
¿A que especialista debe acudir una persona con hipocondría?
A un psiquiatra psicoterapeuta o a un psicólogo clínico.
¿Es curable la hipocondría?
Puede ser curable, pero requiere un tratamiento contínuo a mediano o largo plazo todo dependerá si se trata de un trastorno aislado o si se presenta como un acompañante de enfermedades psíquicas más serias como las psicosis.
¿Qué otros trastornos puede provocar hipocondría?
Como se trata de un trastorno de curso crónico con exacerbaciones y remisiones, puede generar algún tipo de incapacidad tanto personal como laboral. Las relaciones sociales y familiare se van empobreciendo, pues el sujeto, amen de hacerse monotemático con sus padecimientos, siempre se sentirá insuficientemente atendido tanto por sus familiares como por los médicos a quienes consulta y si además se lleva sus quejas para el trabajo, probablemente será progresivamente excluído de los diferentes grupos lo que aumentará su sensación de invalidez, minusvalía y rabia por ser ignorado. Si el individuo adopta un estilo de vida invalidante y se queda en la cama, su incapacidad puede hacerse muy severa.
Otro trastorno asociado pudiera ser que ante la multiplicidad y lo frecuente de los síntomas, se pase por alto alguna enfermedad grave o por el contrario, se le practiquen exploraciones diagnósticas innecesarias que conlleven cierta peligrosidad como por ejemplo, cirugías.
¿Hay alguna relación entre depresión e hipocondría? ¿Por qué?
Podría haberla, perfectamente la ansiedad hipocondríaca podría ocultar o solapar una depresión o cualquier otro cuadro psicopatológico. Desde hace mucho tiempo sabemos que el sufrimiento en general tiene al menos dos vías de expresión: física y somática. Como lo definimos al comienzo, la hipocondría está clasificada en el DSM IV entre los trastornos somatoformes, es decir, entre las alteraciones emocionales cuya expresión se hace a través del cuerpo o soma.
Hasta hace algunos años se consideraba la hipocondría sólo como una manifestación más asociada a cuadros neuróticos y/o psicóticos y no como un trastorno aislado. Sin duda, hoy sabemos que puede presentarse de ambas formas. Como síntoma acompañante Henry Ey lo clasificó en su momento en Hipocondría minor o neurótica en sus diferentes formas: paranoide, histérica y obsesiva y en Hipocondria major o psicótica en las formas: depresiva, esquizofrénica, demencial , epiléptica y delirante crónica.
Así pueden presentarse ideas delirantes de tipo hipocondríaco en algunos cuadros psicóticos como la esquizofrenia y la depresión mayor. También puede haber ideación hipocondríaca –no delirante- en el trastorno distímico, en las crisis de angustia, en el trastorno de ansiedad generalizada, en los trastornos obsesivos compulsivos y en el trastorno por somatización.
De todo lo expuesto podemos concluir que la existencia de síntomas hipocondríacos no debe dejarse de lado, pues su presencia nos puede indicar desde alteraciones psicopatológicas leves hasta otras muy graves.
La hipocondría es un trastorno somatomorfe cuya alteración fundamental es la interpretación irreal de signos o síntomas físicos como anormales cuando en realidad no lo son. Esta interpretación errónea conduce al temor o a la creencia de padecer una enfermedad grave.
¿Cuáles son los principales síntomas?
Los síntomas son variados y pueden recaer en cualquier órgano o sistema del cuerpo, p. ej. El corazón (“neurosis cardíaca”), el aparato digestivo, el cerebro, etc. o puede centrarse en las funciones corporales tales como la sudoración, los latidos cardíacos, los movimientos del estómago o el intestino o en pequeñas anormalidades físicas de poca importancia como pequeñas pápulas o úlceras de la piel , toses ocasionales, etc. El paciente interpreta estas sensaciones como pruebas de enfermedades graves. Los síntomas de las enfermedades temidas pueden presentarse en momentos diferentes o simultáneamente.
La sintomatología asociada es, aparte de la minuciosidad de los detalles y extensión de cada dolencia, es el “doctor shopping” o peregrinaciones médicas que hacen estos pacientes, lo cual va deteriorando progresivamente su confianza y por ende la relación médico-paciente, cuando no encuentran quien les diga lo que quieren oir, pues, precisamente, lo característico de un cuadro hipocondríaco es que no se encuentra ninguna patología física que avale los síntomas relatados por el paciente.
¿Cómo se puede determinar que una persona tiene hipocondría?
En general, quien hace el diagnóstico es el internista o el médico general, pues son los primeros consultados por las dolencias físicas. Ante ello, tanto los médicos generales como los especialistas deben estar alertas y evitar someter a los pacientes a exploraciones excesivas que conllevarán a la acentuación de las creencias erróneas y en ningún caso los convencerán de que no padecen las enfermedades que creen padecer.
¿En qué consiste el tratamiento de la hipocondría?
Una vez descartada la patología orgánica, es necesario que el paciente se someta a un tratamiento de psicoterapia para revisar los contenidos internos que producen los síntomas y si es necesario administrarle psicofármacos.
¿Hay personas más predispuestas?
Se consideran como factores predisponentes las experiencias anteriores de enfermedades orgánicas padecidas por el propio paciente o por familiares o amigos cercanos y el estrés psicosocial. También es llamativo que cuando los estudiantes de Medicina u otras ciencias de la salud como Odontología empiezan a estudiar patología médica, muchos comienzan a imaginarse que tienen algunas de las enfermedades que estudian.
¿En qué edades y sexo es más frecuente la hipocondría?
La Hipocondría tiene la misma frecuencia en hombres que en mujeres. La edad de comienzo más frecuente es la adolescencia, pero otras veces puede comenzar más o menos a los 30 años en las mujeres y a los 40 para los hombres.
¿Estadísticas?
No conozco la existencia de estadísticas de hipocondría en nuestro país.
¿A que especialista debe acudir una persona con hipocondría?
A un psiquiatra psicoterapeuta o a un psicólogo clínico.
¿Es curable la hipocondría?
Puede ser curable, pero requiere un tratamiento contínuo a mediano o largo plazo todo dependerá si se trata de un trastorno aislado o si se presenta como un acompañante de enfermedades psíquicas más serias como las psicosis.
¿Qué otros trastornos puede provocar hipocondría?
Como se trata de un trastorno de curso crónico con exacerbaciones y remisiones, puede generar algún tipo de incapacidad tanto personal como laboral. Las relaciones sociales y familiare se van empobreciendo, pues el sujeto, amen de hacerse monotemático con sus padecimientos, siempre se sentirá insuficientemente atendido tanto por sus familiares como por los médicos a quienes consulta y si además se lleva sus quejas para el trabajo, probablemente será progresivamente excluído de los diferentes grupos lo que aumentará su sensación de invalidez, minusvalía y rabia por ser ignorado. Si el individuo adopta un estilo de vida invalidante y se queda en la cama, su incapacidad puede hacerse muy severa.
Otro trastorno asociado pudiera ser que ante la multiplicidad y lo frecuente de los síntomas, se pase por alto alguna enfermedad grave o por el contrario, se le practiquen exploraciones diagnósticas innecesarias que conlleven cierta peligrosidad como por ejemplo, cirugías.
¿Hay alguna relación entre depresión e hipocondría? ¿Por qué?
Podría haberla, perfectamente la ansiedad hipocondríaca podría ocultar o solapar una depresión o cualquier otro cuadro psicopatológico. Desde hace mucho tiempo sabemos que el sufrimiento en general tiene al menos dos vías de expresión: física y somática. Como lo definimos al comienzo, la hipocondría está clasificada en el DSM IV entre los trastornos somatoformes, es decir, entre las alteraciones emocionales cuya expresión se hace a través del cuerpo o soma.
Hasta hace algunos años se consideraba la hipocondría sólo como una manifestación más asociada a cuadros neuróticos y/o psicóticos y no como un trastorno aislado. Sin duda, hoy sabemos que puede presentarse de ambas formas. Como síntoma acompañante Henry Ey lo clasificó en su momento en Hipocondría minor o neurótica en sus diferentes formas: paranoide, histérica y obsesiva y en Hipocondria major o psicótica en las formas: depresiva, esquizofrénica, demencial , epiléptica y delirante crónica.
Así pueden presentarse ideas delirantes de tipo hipocondríaco en algunos cuadros psicóticos como la esquizofrenia y la depresión mayor. También puede haber ideación hipocondríaca –no delirante- en el trastorno distímico, en las crisis de angustia, en el trastorno de ansiedad generalizada, en los trastornos obsesivos compulsivos y en el trastorno por somatización.
De todo lo expuesto podemos concluir que la existencia de síntomas hipocondríacos no debe dejarse de lado, pues su presencia nos puede indicar desde alteraciones psicopatológicas leves hasta otras muy graves.
VIOLENCIA: UNA BREVE PERSPECTIVA HISTÓRICO-FILOSÓFICA
Tratar personas que han sido objeto de agresiones y que, como tal, han quedado traumatizadas tanto psíquica como físicamente por ese hecho, nos sensibiliza profundamente con ese fenómeno tan antiguo y tan actual como es la violencia que, además, nos despoja a nosotros los médicos de esa protección fantasiosa con que solemos acorazarnos respecto a las enfermedades y algunos otros acontecimientos que sólo atribuimos a los demás, pues cada vez y con mayor frecuencia tanto nosotros como familiares y amigos somos objeto de agresiones, amén de todo lo que podemos constatar cotidianamente en los medios audiovisuales.
Es más, en ocasiones la alteración emocional se presenta sin que medie ningún acontecimiento personal, sino como producto del miedo que genera la posibilidad de ser agredido, es decir, por nuestra identificación con las víctimas de la violencia, por el temor que infunde la inseguridad colectiva y la sensación de indefensión, lo que a su vez facilita que muchas patologías que permanecían compensadas o latentes se desencadenen y manifiesten. A fin de cuentas, en un ambiente violento e inseguro, todos nos convertimos en víctimas potenciales de la violencia.
A menudo tendemos a considerar como violencia, sólo aquella acción indeseable que toca directamente a individuos particulares o a grupos, y que es ejercida también por uno varios individuos. La expresión violencia suele utilizarse acompañada con ciertos sustantivos tales como procedimiento o medio. Un procedimiento se considera violento cuando se utiliza la fuerza o la coacción (física o verbal) para obtener un fin. Sin embargo, existe otro tipo de violencia generalizada pero legitimada, en la que los ciudadanos consienten, es la ejercida por el Estado. Su aplicación sólo se justifica cuando su uso es inevitable y con el fin de que las personas desarrollen su autonomía en paz, se trata de la coacción de la ley; sin embargo, el ejercicio de la violencia legitimado por la aplicación de la ley divina o de alguna otra, y en detrimento de grupos o sociedades antagónicas a quien la ejerce, en ningún caso puede ser aceptada.
Según Lipovetsky (3), los objetivos de la violencia han cambiado a través de la historia, así las "violencias salvajes" se perpetraban por honor o por venganza, en ese entonces, la relación entre los hombres era más importante que las relaciones entre los hombres y las cosas. En ellas existía un código de honor del cual dependían el prestigio y la estima social. La venganza conllevaba la subordinación del interés personal al del grupo y un fuerte encadenamiento de relaciones generacionales entre vivos y muertos. La defensa del honor y la venganza carecían de finalidad económica alguna, es decir, los seres humanos eran violentos por prestigio y la violencia era la garante del equilibrio social.
Durante el régimen de barbarie adviene el Estado y surge la guerra como medio de conquista y de expansión, desapareciendo así la connotación de guerra como sinónimo de venganza. El Estado se adueña de la guerra y la convierte en la misión gloriosa del soberano para apropiarse de territorios, esclavos, reclutar ejércitos e implantar la disciplina militar, dando comienzo a la era del culto al poder y la barbarie, propio de los regímenes de las sociedades premodernas. La crueldad, ritual sagrado en la antigüedad, se transforma en manifestación de fuerza y regocijo público. Eran sociedades donde se propiciaba en cierta forma la crueldad, pues al privilegiar lo colectivo, no se le otorgaba a la vida ni al sufrimiento personal su valor real.
La evolución histórica va generando sociedades más controladas, donde disminuye progresivamente la violencia colectiva. Los usuarios de la fuerza caen en desprestigio y la crueldad produce indignación y horror. Al separarse el placer y la violencia, se humanizan las costumbres. Del Estado Moderno surge el hombre individual quien se considera su fin último y sólo existe para sí mismo, se produce una ruptura de lazos personales y feudales y el sujeto pasa a estar más pendiente de sí mismo y de sus intereses personales que de los demás. Delega, en líneas generales, la violencia particular al Estado, quien se hace garante de su seguridad mediante la aplicación de la ley. El advenimiento del individualismo hace que la moral y el honor de la antigüedad, se conviertan en moral utilitaria, entonces, la vida se establece como valor supremo.
A medida que la civilización avanza, los individuos se pacifican, no por ética sino por hiperabsorción individualista, produciéndose entonces una propagación hedonista y un predominio del diálogo. La personalización diluye las figuras de autoridad, aun en la familia, donde los castigos corporales caen en desuso. Cuando surge la violencia, ésta en realidad carece de objetivo, el ladrón también asesina aunque esté en posesión de lo robado. Se trata pues de un violencia "hard", en un medio indiferente, "cool".
El proceso evolutivo de la violencia planteado por Lipovetsky (3) se ha venido cumpliendo, sin duda, en la mayoría de las sociedades, sin embargo, no es extraño que aun en nuestros días presenciemos con relativa frecuencia como la violencia es legitimada utilizando métodos propios de sociedades premodernas.
Para explicarnos este fenómeno, Hacker (2) recurre al mito de Prometeo. Él considera, que pese a que la humanidad ha sido condicionada históricamente respecto a los peligros que implican la utilización adecuada del "poder del fuego", también se le ha dicho que no está preparada para manejarlo y mucho menos para acceder a él. Siempre existen personas encargadas de tal manipulación, quienes terminan por autodesignarse, dueños del fuego. No obstante, en la medida en que otros individuos se emancipan y les surge el deseo de compartir tal poder, ya no aceptan las viejas explicaciones y comienzan a preguntarse acerca de qué, para qué y a quien sirve el fuego.
Los dueños tradicionales responderán que el poder del fuego corresponde a quien siempre lo ha poseído, pues la tradición es legitimadora. Surge entonces Prometeo, quien valiéndose del engaño y la violencia, arrebata el fuego a los dioses (dueños), para entregárselo a los hombres. Aquellos quedan engañados y se convierten en víctimas por haberse negado a entregar el fuego voluntariamente. Los dioses proceden entonces a penar a Prometeo, encadenándolo a una roca donde un buitre le devorará el hígado y lo castigará eternamente. Prometeo carga con la culpa del delito, que no es considerado como tal, ni por él, ni por sus partidarios, sino por el contrario, el mismo es asumido como un acto liberador, pues su agresión, justificada mediante la astucia y la violencia, les parece más noble que la de los dioses a quienes enfrentó. "Las personas emancipadas han conquistado, pues, por la violencia el poder, el fuego; recuerdan con orgullo esta acción heroica, ..... Para ellos se inicia una nueva época en la que todo debe ser diferente y en la que ya no será necesaria la violencia"(2).
No obstante, los peligros y la naturaleza del fuego siguen siendo las mismas, por tanto, habrá necesidad de vigilarlo y regularlo para bien utilizarlo. Algunos reclamarán tal vigilancia y se inicia el entrenamiento de quien la ejercerá, ellos, posteriormente, en teoría, enseñarán a los demás dicho manejo y la forma de sacar el mejor provecho de esa actividad. Pero poco a poco, quienes adquieren el dominio del fuego se convertirán de nuevo en dioses o semidioses y considerarán que los otros nunca serán capaces de hacerlo, reiniciándose así el ciclo prometéico. Cuando surjan de nuevo las interrogantes acerca del fuego, se hará presente el nuevo Prometeo, quien reeditará el robo del mismo y será detenido y castigado como criminal o alabado y premiado como un héroe.
El Prometeo de turno y sus partidarios, negarán su propia agresión y la proyectarán en sus enemigos, en los dioses anteriores, también tratarán de inducir la creencia de que la vigilancia y la coacción son innecesarias para el control de la agresión generalizada (común en todos los grupos sociales) y que para salir adelante bastará con haber arrebatado todas esas cosas al odiado poder anterior, generando así una relajación de los controles y dando pie a abusos de poder. La nueva política, mediante este mecanismo proyectivo, y por el hecho de creerse buena y no violenta, se convierte en una repetición de la política anterior.
Cuando el depositario del control de la agresión, en este caso el Estado, asume una actitud blanda para no parecer violento y deja de aplicar las leyes, se genera una espiral de violencia incontrolable que produce a su vez un clima de inseguridad constante donde la agresividad se transforma en una necesidad vital que nos retrotrae a épocas ancestrales en cuanto a la expresión de la violencia misma.
Cuando se desecha la aplicación de la violencia legítima como instrumento o forma de comunicación, se estimulan también las manifestaciones violentas de personalidades sociopáticas tanto a nivel particular como de grupos ya sea de policías, terroristas, guerrilleros y, sobre todo, de grupos paramilitares y escuadrones de la muerte.
Aún cuando transitamos pleno siglo XXI, solemos presenciar cada vez con más frecuencia e intensidad, manifestaciones de extrema violencia justificadas por razones políticas y/o religiosas similares a las invocadas en épocas de barbarie, pero todavía más dañinas y devastadoras porque son llevadas a cabo con armas o instrumentos mucho más poderosos que los empleados en la antigüedad. Dichas manifestaciones no pueden, en ningún caso, tener una justificación ética.
Al respecto, plantea A. Cortina (1) que para que el Estado pueda ejercer la violencia con justificación moral suficiente, son necesarias como mínimo tres tipos de actuaciones:
1) Que sólo se utilice la violencia indispensable dentro de los ámbitos de la legalidad.
2) Que no aumente la violencia existente con sus actuaciones.
3) Que sea legítimo.
Se requiere además de una opinión pública que legitime y controle comunicativamente a los gobiernos para que la violencia instrumental pueda ser éticamente justificable. De otra forma, la violencia se acrecentará cada día más, y retrocederemos cada vez con mayor velocidad a manifestaciones primitivas de agresión.
BIBLIOGRAFÍA
1.- Cortina, A. (1998). Hasta un pueblo de demonios. Ética Pública y Sociedad. Madrid, España. Taurus.
2.- Hacker, F. (1973). Agresión. Barcelona, España. Grijalbo.
3.- Lipovetsky, G. La era del vacío. (2000). Barcelona, España. Anagrama.
Es más, en ocasiones la alteración emocional se presenta sin que medie ningún acontecimiento personal, sino como producto del miedo que genera la posibilidad de ser agredido, es decir, por nuestra identificación con las víctimas de la violencia, por el temor que infunde la inseguridad colectiva y la sensación de indefensión, lo que a su vez facilita que muchas patologías que permanecían compensadas o latentes se desencadenen y manifiesten. A fin de cuentas, en un ambiente violento e inseguro, todos nos convertimos en víctimas potenciales de la violencia.
A menudo tendemos a considerar como violencia, sólo aquella acción indeseable que toca directamente a individuos particulares o a grupos, y que es ejercida también por uno varios individuos. La expresión violencia suele utilizarse acompañada con ciertos sustantivos tales como procedimiento o medio. Un procedimiento se considera violento cuando se utiliza la fuerza o la coacción (física o verbal) para obtener un fin. Sin embargo, existe otro tipo de violencia generalizada pero legitimada, en la que los ciudadanos consienten, es la ejercida por el Estado. Su aplicación sólo se justifica cuando su uso es inevitable y con el fin de que las personas desarrollen su autonomía en paz, se trata de la coacción de la ley; sin embargo, el ejercicio de la violencia legitimado por la aplicación de la ley divina o de alguna otra, y en detrimento de grupos o sociedades antagónicas a quien la ejerce, en ningún caso puede ser aceptada.
Según Lipovetsky (3), los objetivos de la violencia han cambiado a través de la historia, así las "violencias salvajes" se perpetraban por honor o por venganza, en ese entonces, la relación entre los hombres era más importante que las relaciones entre los hombres y las cosas. En ellas existía un código de honor del cual dependían el prestigio y la estima social. La venganza conllevaba la subordinación del interés personal al del grupo y un fuerte encadenamiento de relaciones generacionales entre vivos y muertos. La defensa del honor y la venganza carecían de finalidad económica alguna, es decir, los seres humanos eran violentos por prestigio y la violencia era la garante del equilibrio social.
Durante el régimen de barbarie adviene el Estado y surge la guerra como medio de conquista y de expansión, desapareciendo así la connotación de guerra como sinónimo de venganza. El Estado se adueña de la guerra y la convierte en la misión gloriosa del soberano para apropiarse de territorios, esclavos, reclutar ejércitos e implantar la disciplina militar, dando comienzo a la era del culto al poder y la barbarie, propio de los regímenes de las sociedades premodernas. La crueldad, ritual sagrado en la antigüedad, se transforma en manifestación de fuerza y regocijo público. Eran sociedades donde se propiciaba en cierta forma la crueldad, pues al privilegiar lo colectivo, no se le otorgaba a la vida ni al sufrimiento personal su valor real.
La evolución histórica va generando sociedades más controladas, donde disminuye progresivamente la violencia colectiva. Los usuarios de la fuerza caen en desprestigio y la crueldad produce indignación y horror. Al separarse el placer y la violencia, se humanizan las costumbres. Del Estado Moderno surge el hombre individual quien se considera su fin último y sólo existe para sí mismo, se produce una ruptura de lazos personales y feudales y el sujeto pasa a estar más pendiente de sí mismo y de sus intereses personales que de los demás. Delega, en líneas generales, la violencia particular al Estado, quien se hace garante de su seguridad mediante la aplicación de la ley. El advenimiento del individualismo hace que la moral y el honor de la antigüedad, se conviertan en moral utilitaria, entonces, la vida se establece como valor supremo.
A medida que la civilización avanza, los individuos se pacifican, no por ética sino por hiperabsorción individualista, produciéndose entonces una propagación hedonista y un predominio del diálogo. La personalización diluye las figuras de autoridad, aun en la familia, donde los castigos corporales caen en desuso. Cuando surge la violencia, ésta en realidad carece de objetivo, el ladrón también asesina aunque esté en posesión de lo robado. Se trata pues de un violencia "hard", en un medio indiferente, "cool".
El proceso evolutivo de la violencia planteado por Lipovetsky (3) se ha venido cumpliendo, sin duda, en la mayoría de las sociedades, sin embargo, no es extraño que aun en nuestros días presenciemos con relativa frecuencia como la violencia es legitimada utilizando métodos propios de sociedades premodernas.
Para explicarnos este fenómeno, Hacker (2) recurre al mito de Prometeo. Él considera, que pese a que la humanidad ha sido condicionada históricamente respecto a los peligros que implican la utilización adecuada del "poder del fuego", también se le ha dicho que no está preparada para manejarlo y mucho menos para acceder a él. Siempre existen personas encargadas de tal manipulación, quienes terminan por autodesignarse, dueños del fuego. No obstante, en la medida en que otros individuos se emancipan y les surge el deseo de compartir tal poder, ya no aceptan las viejas explicaciones y comienzan a preguntarse acerca de qué, para qué y a quien sirve el fuego.
Los dueños tradicionales responderán que el poder del fuego corresponde a quien siempre lo ha poseído, pues la tradición es legitimadora. Surge entonces Prometeo, quien valiéndose del engaño y la violencia, arrebata el fuego a los dioses (dueños), para entregárselo a los hombres. Aquellos quedan engañados y se convierten en víctimas por haberse negado a entregar el fuego voluntariamente. Los dioses proceden entonces a penar a Prometeo, encadenándolo a una roca donde un buitre le devorará el hígado y lo castigará eternamente. Prometeo carga con la culpa del delito, que no es considerado como tal, ni por él, ni por sus partidarios, sino por el contrario, el mismo es asumido como un acto liberador, pues su agresión, justificada mediante la astucia y la violencia, les parece más noble que la de los dioses a quienes enfrentó. "Las personas emancipadas han conquistado, pues, por la violencia el poder, el fuego; recuerdan con orgullo esta acción heroica, ..... Para ellos se inicia una nueva época en la que todo debe ser diferente y en la que ya no será necesaria la violencia"(2).
No obstante, los peligros y la naturaleza del fuego siguen siendo las mismas, por tanto, habrá necesidad de vigilarlo y regularlo para bien utilizarlo. Algunos reclamarán tal vigilancia y se inicia el entrenamiento de quien la ejercerá, ellos, posteriormente, en teoría, enseñarán a los demás dicho manejo y la forma de sacar el mejor provecho de esa actividad. Pero poco a poco, quienes adquieren el dominio del fuego se convertirán de nuevo en dioses o semidioses y considerarán que los otros nunca serán capaces de hacerlo, reiniciándose así el ciclo prometéico. Cuando surjan de nuevo las interrogantes acerca del fuego, se hará presente el nuevo Prometeo, quien reeditará el robo del mismo y será detenido y castigado como criminal o alabado y premiado como un héroe.
El Prometeo de turno y sus partidarios, negarán su propia agresión y la proyectarán en sus enemigos, en los dioses anteriores, también tratarán de inducir la creencia de que la vigilancia y la coacción son innecesarias para el control de la agresión generalizada (común en todos los grupos sociales) y que para salir adelante bastará con haber arrebatado todas esas cosas al odiado poder anterior, generando así una relajación de los controles y dando pie a abusos de poder. La nueva política, mediante este mecanismo proyectivo, y por el hecho de creerse buena y no violenta, se convierte en una repetición de la política anterior.
Cuando el depositario del control de la agresión, en este caso el Estado, asume una actitud blanda para no parecer violento y deja de aplicar las leyes, se genera una espiral de violencia incontrolable que produce a su vez un clima de inseguridad constante donde la agresividad se transforma en una necesidad vital que nos retrotrae a épocas ancestrales en cuanto a la expresión de la violencia misma.
Cuando se desecha la aplicación de la violencia legítima como instrumento o forma de comunicación, se estimulan también las manifestaciones violentas de personalidades sociopáticas tanto a nivel particular como de grupos ya sea de policías, terroristas, guerrilleros y, sobre todo, de grupos paramilitares y escuadrones de la muerte.
Aún cuando transitamos pleno siglo XXI, solemos presenciar cada vez con más frecuencia e intensidad, manifestaciones de extrema violencia justificadas por razones políticas y/o religiosas similares a las invocadas en épocas de barbarie, pero todavía más dañinas y devastadoras porque son llevadas a cabo con armas o instrumentos mucho más poderosos que los empleados en la antigüedad. Dichas manifestaciones no pueden, en ningún caso, tener una justificación ética.
Al respecto, plantea A. Cortina (1) que para que el Estado pueda ejercer la violencia con justificación moral suficiente, son necesarias como mínimo tres tipos de actuaciones:
1) Que sólo se utilice la violencia indispensable dentro de los ámbitos de la legalidad.
2) Que no aumente la violencia existente con sus actuaciones.
3) Que sea legítimo.
Se requiere además de una opinión pública que legitime y controle comunicativamente a los gobiernos para que la violencia instrumental pueda ser éticamente justificable. De otra forma, la violencia se acrecentará cada día más, y retrocederemos cada vez con mayor velocidad a manifestaciones primitivas de agresión.
BIBLIOGRAFÍA
1.- Cortina, A. (1998). Hasta un pueblo de demonios. Ética Pública y Sociedad. Madrid, España. Taurus.
2.- Hacker, F. (1973). Agresión. Barcelona, España. Grijalbo.
3.- Lipovetsky, G. La era del vacío. (2000). Barcelona, España. Anagrama.
CONSIDERACIONES FILOSÓFICAS ACERCA DEL TRASTORNO DE PÁNICO. Implicaciones psicoterapéuticas.
El trastorno de pánico es una de las problemáticas emocionales más comunes con que tenemos que lidiar hoy día los psicoterapeutas. Como todos sabemos, se caracteriza por crisis de angustia recurrentes que se presentan de manera imprevista y se desencadenan o bien espontáneamente o ante situaciones consideradas cotidianas, como puede ser por ejemplo un atasco de tráfico.
Los síntomas más comunes de un ataque de pánico son: su aparición repentina, la intensa aprehensión, disnea, palpitaciones, sensación de ahogo, oleadas de calor o frío, sudoración, dolor o malestar precordial, mareos o vértigos, temor a enloquecer o perder el control, a veces sentimientos de irrealidad y casi invariablemente SENSACIÓN DE MUERTE INMINENTE.
Las crisis tienen una duración de sólo minutos o segundos, pero por su recurrencia pueden hacerse insoportables, creando en quien las padece un miedo anticipatorio o expectación aprehensiva que genera un intenso temor a quedarse solo o a permanecer lejos de su casa o de zonas que considere protegidas, es decir, se produce un temor fóbico a la repetición del síntoma.
El temor de expectación va consolidando el síntoma y éste una vez consolidado confirma con más consistencia la fobia del paciente, constituyéndose un círculo vicioso que lo captura. En muchos casos, lo propiamente enfermizo es el temor expectante, lo que conocemos como el miedo del paciente a su propio miedo. Por miedo al miedo, huye del miedo y -paradójicamente- se le adelanta al quedar aprisionado en él, sentando así las bases para el surgimiento del esquema de reacción agorafóbico.
Pero ¿a qué teme el paciente con pánico, además de a su propio miedo?, posiblemente tema, entre otras cosas, a las consecuencias negativas que para su salud puedan originarse de su excitación miedosa, teme también a ahogarse y no poder respirar, a sufrir una angina de pecho, un infarto, un derrame cerebral o cualquier cuadro clínico grave que lo incapacite, pero fundamentalmente, si ahondamos un poco, veremos que a lo que con mayor frecuencia temen los pacientes con pánico es a la muerte, pese que hasta ahora no conocemos de ningún fallecimiento causado por un trastorno de pánico.
Quizás las pérdidas u otros acontecimientos traumáticos que en general precipitan la aparición del trastorno de pánico confrontan al individuo con su propia finitud, o con lo desconocido, o lo estremecen en la solidez de sus creencias más profundas, transformando así, la angustia óntica o psicológica que en general produce este tipo de acontecimientos, en angustia ontológica, lo cual conlleva la formulación de preguntas acerca del ser y del no-ser, interrogantes estas que pocos se plantean antes de sentir la muerte tan cerca o, lo que es peor, configura en el paciente una inquietud desconocida que lo atormenta pero que no puede explicitar a voluntad, conscientemente.
La condición humana de existir (salirse fuera) permite al hombre trascender la situación inmediata, y permanecer en una emergencia continua en el sentido de una evolución centrífuga, que le posibilita viajar del pasado al presente en dirección al futuro, donde en general proyecta la finalidad de sus acciones o planes. Quizás esta condición contribuya a que nunca estemos preparados y a que ni siquiera nos planteemos la posibilidad de la muerte, nuestra limitación fundamental, porque la indeterminación de la vida es lo que le confiere sus cualidades características y nos permite esa trascendencia mental en el tiempo sin que éste haya transcurrido.
La confrontación con la muerte nos impone interrogantes sobre los valores humanos y los fenómenos de la existencia, la no-existencia futura parecería más inquietante que la no existencia pasada (antes de nacer), y por ello casi nadie se pregunta qué era ni donde estaba antes de su nacimiento, preguntas que emergen casi obligadas al pensar en la muerte.
Preocuparse por el tiempo que ya no estaremos entre los vivos, resulta tan vano como preocuparse por el tiempo en que aun no habíamos venido al mundo. Si antes no nos dolió no estar, es razonable que tampoco nos duela nuestra definitiva ausencia futura. En el fondo, concienciar la muerte, nuestra finitud, nos podría servir para valorar la vida AHORA, que todavía estamos vivos.
La aproximación al tema de la muerte nos habla de nuestra inmanente finitud, de lo frágil y limitados que somos y de que la muerte es algo inevitable y no depende de nosotros. Es lógico que ante tales evidencias y tan innegable realidad, nos sintamos tan solos, tan desprotegidos y aterrorizados que busquemos compañía y evitemos los sitios que eventualmente consideramos peligrosos, sobre todo los ambientes cerrados de donde se supone que estamos imposibilitados de huir, cuando en realidad de donde nunca podremos escapar es de nosotros mismos.
Lo cierto es que a la muerte nunca podremos eludirla, seamos jóvenes o viejos, estemos enfermos o sanos, ella siempre será un imponderable imposible de controlar, pese a todos los esfuerzos médicos y adelantos tecnológicos con que contamos en la actualidad, lo máximo que ellos nos pueden ofrecer es mejorar o prolongarnos la vida, pero no evitarnos eternamente la muerte. Mientras vivamos, nuestra mayor certeza será la muerte, ya que como decía Montaigne: "no morimos porque estemos enfermos sino porque estamos vivos". Cualquiera sea nuestra condición respecto a edad, salud o enfermedad, siempre estaremos a la misma distancia de la muerte, porque aunque a veces ésta no sea probable, siempre es posible.
Es importante reflexionar y aclarar junto a nuestros pacientes sus ideas o concepciones acerca de la muerte, sin duda estas reflexiones que en un principio pueden parecernos extrañas o atípicas, una vez elaboradas aliviarán sus miedos, ya que no hay algo que produzca mayor temor que lo desconocido.
Es obvio que disertar sobre la muerte no nos permitirá conocerla del todo, pues siempre tendremos que verla desde afuera ya que es imposible conocerla desde adentro, no obstante, su análisis desmitificará nuestra relación con ella y nos permitirá incorporarla a nuestras vidas como lo que realmente es: lo absolutamente necesario, puesto que no puede evitarse, no cesa, no cede, ni con ella se puede negociar o establecer pacto alguno.
Plantear el tema de la muerte a nuestros pacientes nos obligará a pensar con mayor profundidad, nos hará madurar interiormente, su conocimiento nos humanizará y nos convertirá en verdaderos hombres, en genuinos mortales, porque "no es mortal quien muere sino quien sabe que va a morir", aquel que conoce su vinculación individual con la muerte.
Aceptar conscientemente la inminencia de la muerte, nos permitirá comenzar a vivir, porque será entonces cuando verdaderamente iniciemos la adecuada percepción de la vida tal cual es: importante, finita y llena de altibajos y cambios afortunados y desafortunados. Esa aceptación nos permitirá también entre otras cosas, valorar nuestra existencia, que es lo único que hemos podido arrebatarle a la eternidad de la muerte y jerarquizar la importancia de algunas acciones que realizamos a veces tan desmesuradamente y sin sentido, que impresiona como si estuviésemos en una loca carrera para escapar de la muerte o resistiéndonos a ella, con la ilusa fantasía que de esa forma podremos evitarla.
En la medida en que concienciemos la finitud podremos vivir mejor, porque la certeza de la muerte le da sentido a la vida, si ella no existiera tendríamos un tiempo infinito para actuar y posiblemente eso nos desmotivaría. Tendríamos mucho que ver y hacer y poco en que pensar.
Consideramos importante también explorar en nuestros pacientes sus creencias religiosas, que en nuestro mundo occidental suelen ser bastante tibias y, pese a que la mayoría de las religiones dan alguna opción de vida eterna o reencarnación, pareciera que eso no es suficiente consuelo porque no se acepta del todo, así observamos como muchas personas que se dicen fervientes creyentes, tiemblan ante la posibilidad de morir, porque o realmente no tienen suficiente fe en las creencias que dicen profesar, o creen en muchas cosas menos en lo más creíble de la vida: la inminencia de la muerte.
Otro elemento angustiógeno respecto a la muerte, es la fantasía de que quien muere sabe, una vez muerto, acerca de su propia muerte. La muerte ha sido comparada con el sueño, cabría preguntarse entonces, ¿sabemos acaso que dormimos cuando lo hacemos?
Considero que el tema de la muerte podría abordarse indiferentemente de la técnica psicoterapéutica que se utilice en el tratamiento integral del trastorno de pánico. El uso de psicofármacos no es incongruente con este aspecto, por el contrario, lo consideramos conveniente y necesario, pues en la medida en que mejoren los síntomas más agudos, mayor será la posibilidad de trabajar con contenidos más profundos y acceder a lo que consideramos forma parte importantísima de la problemática esencial del trastorno de pánico: el miedo al miedo y el temor a la muerte.
Introducirnos en los ámbitos del miedo y de la muerte junto a nuestros pacientes, requerirá de nosotros psicoterapeutas, una revisión profunda y necesaria de nuestros propios temores, concepciones y actitudes respecto a la muerte y el morir. Esta preparación nos configurará un sólido soporte tanto en lo personal como en lo profesional que nos permitirá el tratamiento de estos tópicos con mayor éxito y menor ansiedad. No, no es necesario ser filósofo, pero si es imprescindible filosofar, porque como decía Sócrates en el Fedón de Platón: filosofar es prepararse para morir.
Los síntomas más comunes de un ataque de pánico son: su aparición repentina, la intensa aprehensión, disnea, palpitaciones, sensación de ahogo, oleadas de calor o frío, sudoración, dolor o malestar precordial, mareos o vértigos, temor a enloquecer o perder el control, a veces sentimientos de irrealidad y casi invariablemente SENSACIÓN DE MUERTE INMINENTE.
Las crisis tienen una duración de sólo minutos o segundos, pero por su recurrencia pueden hacerse insoportables, creando en quien las padece un miedo anticipatorio o expectación aprehensiva que genera un intenso temor a quedarse solo o a permanecer lejos de su casa o de zonas que considere protegidas, es decir, se produce un temor fóbico a la repetición del síntoma.
El temor de expectación va consolidando el síntoma y éste una vez consolidado confirma con más consistencia la fobia del paciente, constituyéndose un círculo vicioso que lo captura. En muchos casos, lo propiamente enfermizo es el temor expectante, lo que conocemos como el miedo del paciente a su propio miedo. Por miedo al miedo, huye del miedo y -paradójicamente- se le adelanta al quedar aprisionado en él, sentando así las bases para el surgimiento del esquema de reacción agorafóbico.
Pero ¿a qué teme el paciente con pánico, además de a su propio miedo?, posiblemente tema, entre otras cosas, a las consecuencias negativas que para su salud puedan originarse de su excitación miedosa, teme también a ahogarse y no poder respirar, a sufrir una angina de pecho, un infarto, un derrame cerebral o cualquier cuadro clínico grave que lo incapacite, pero fundamentalmente, si ahondamos un poco, veremos que a lo que con mayor frecuencia temen los pacientes con pánico es a la muerte, pese que hasta ahora no conocemos de ningún fallecimiento causado por un trastorno de pánico.
Quizás las pérdidas u otros acontecimientos traumáticos que en general precipitan la aparición del trastorno de pánico confrontan al individuo con su propia finitud, o con lo desconocido, o lo estremecen en la solidez de sus creencias más profundas, transformando así, la angustia óntica o psicológica que en general produce este tipo de acontecimientos, en angustia ontológica, lo cual conlleva la formulación de preguntas acerca del ser y del no-ser, interrogantes estas que pocos se plantean antes de sentir la muerte tan cerca o, lo que es peor, configura en el paciente una inquietud desconocida que lo atormenta pero que no puede explicitar a voluntad, conscientemente.
La condición humana de existir (salirse fuera) permite al hombre trascender la situación inmediata, y permanecer en una emergencia continua en el sentido de una evolución centrífuga, que le posibilita viajar del pasado al presente en dirección al futuro, donde en general proyecta la finalidad de sus acciones o planes. Quizás esta condición contribuya a que nunca estemos preparados y a que ni siquiera nos planteemos la posibilidad de la muerte, nuestra limitación fundamental, porque la indeterminación de la vida es lo que le confiere sus cualidades características y nos permite esa trascendencia mental en el tiempo sin que éste haya transcurrido.
La confrontación con la muerte nos impone interrogantes sobre los valores humanos y los fenómenos de la existencia, la no-existencia futura parecería más inquietante que la no existencia pasada (antes de nacer), y por ello casi nadie se pregunta qué era ni donde estaba antes de su nacimiento, preguntas que emergen casi obligadas al pensar en la muerte.
Preocuparse por el tiempo que ya no estaremos entre los vivos, resulta tan vano como preocuparse por el tiempo en que aun no habíamos venido al mundo. Si antes no nos dolió no estar, es razonable que tampoco nos duela nuestra definitiva ausencia futura. En el fondo, concienciar la muerte, nuestra finitud, nos podría servir para valorar la vida AHORA, que todavía estamos vivos.
La aproximación al tema de la muerte nos habla de nuestra inmanente finitud, de lo frágil y limitados que somos y de que la muerte es algo inevitable y no depende de nosotros. Es lógico que ante tales evidencias y tan innegable realidad, nos sintamos tan solos, tan desprotegidos y aterrorizados que busquemos compañía y evitemos los sitios que eventualmente consideramos peligrosos, sobre todo los ambientes cerrados de donde se supone que estamos imposibilitados de huir, cuando en realidad de donde nunca podremos escapar es de nosotros mismos.
Lo cierto es que a la muerte nunca podremos eludirla, seamos jóvenes o viejos, estemos enfermos o sanos, ella siempre será un imponderable imposible de controlar, pese a todos los esfuerzos médicos y adelantos tecnológicos con que contamos en la actualidad, lo máximo que ellos nos pueden ofrecer es mejorar o prolongarnos la vida, pero no evitarnos eternamente la muerte. Mientras vivamos, nuestra mayor certeza será la muerte, ya que como decía Montaigne: "no morimos porque estemos enfermos sino porque estamos vivos". Cualquiera sea nuestra condición respecto a edad, salud o enfermedad, siempre estaremos a la misma distancia de la muerte, porque aunque a veces ésta no sea probable, siempre es posible.
Es importante reflexionar y aclarar junto a nuestros pacientes sus ideas o concepciones acerca de la muerte, sin duda estas reflexiones que en un principio pueden parecernos extrañas o atípicas, una vez elaboradas aliviarán sus miedos, ya que no hay algo que produzca mayor temor que lo desconocido.
Es obvio que disertar sobre la muerte no nos permitirá conocerla del todo, pues siempre tendremos que verla desde afuera ya que es imposible conocerla desde adentro, no obstante, su análisis desmitificará nuestra relación con ella y nos permitirá incorporarla a nuestras vidas como lo que realmente es: lo absolutamente necesario, puesto que no puede evitarse, no cesa, no cede, ni con ella se puede negociar o establecer pacto alguno.
Plantear el tema de la muerte a nuestros pacientes nos obligará a pensar con mayor profundidad, nos hará madurar interiormente, su conocimiento nos humanizará y nos convertirá en verdaderos hombres, en genuinos mortales, porque "no es mortal quien muere sino quien sabe que va a morir", aquel que conoce su vinculación individual con la muerte.
Aceptar conscientemente la inminencia de la muerte, nos permitirá comenzar a vivir, porque será entonces cuando verdaderamente iniciemos la adecuada percepción de la vida tal cual es: importante, finita y llena de altibajos y cambios afortunados y desafortunados. Esa aceptación nos permitirá también entre otras cosas, valorar nuestra existencia, que es lo único que hemos podido arrebatarle a la eternidad de la muerte y jerarquizar la importancia de algunas acciones que realizamos a veces tan desmesuradamente y sin sentido, que impresiona como si estuviésemos en una loca carrera para escapar de la muerte o resistiéndonos a ella, con la ilusa fantasía que de esa forma podremos evitarla.
En la medida en que concienciemos la finitud podremos vivir mejor, porque la certeza de la muerte le da sentido a la vida, si ella no existiera tendríamos un tiempo infinito para actuar y posiblemente eso nos desmotivaría. Tendríamos mucho que ver y hacer y poco en que pensar.
Consideramos importante también explorar en nuestros pacientes sus creencias religiosas, que en nuestro mundo occidental suelen ser bastante tibias y, pese a que la mayoría de las religiones dan alguna opción de vida eterna o reencarnación, pareciera que eso no es suficiente consuelo porque no se acepta del todo, así observamos como muchas personas que se dicen fervientes creyentes, tiemblan ante la posibilidad de morir, porque o realmente no tienen suficiente fe en las creencias que dicen profesar, o creen en muchas cosas menos en lo más creíble de la vida: la inminencia de la muerte.
Otro elemento angustiógeno respecto a la muerte, es la fantasía de que quien muere sabe, una vez muerto, acerca de su propia muerte. La muerte ha sido comparada con el sueño, cabría preguntarse entonces, ¿sabemos acaso que dormimos cuando lo hacemos?
Considero que el tema de la muerte podría abordarse indiferentemente de la técnica psicoterapéutica que se utilice en el tratamiento integral del trastorno de pánico. El uso de psicofármacos no es incongruente con este aspecto, por el contrario, lo consideramos conveniente y necesario, pues en la medida en que mejoren los síntomas más agudos, mayor será la posibilidad de trabajar con contenidos más profundos y acceder a lo que consideramos forma parte importantísima de la problemática esencial del trastorno de pánico: el miedo al miedo y el temor a la muerte.
Introducirnos en los ámbitos del miedo y de la muerte junto a nuestros pacientes, requerirá de nosotros psicoterapeutas, una revisión profunda y necesaria de nuestros propios temores, concepciones y actitudes respecto a la muerte y el morir. Esta preparación nos configurará un sólido soporte tanto en lo personal como en lo profesional que nos permitirá el tratamiento de estos tópicos con mayor éxito y menor ansiedad. No, no es necesario ser filósofo, pero si es imprescindible filosofar, porque como decía Sócrates en el Fedón de Platón: filosofar es prepararse para morir.
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