miércoles, 1 de septiembre de 2010

LA SUBESTIMACION DEL OTRO

Es esa sensación amarga que todos percibimos en el mensaje publicitario acerca del “por amor”. Cabría preguntarse ¿por amor a quién?, sin duda que a sí mismo, es lo propio de las personalidades narcisísticas. Para ellas no existe el “otro”, ese otro que nos permite ser, pues es su presencia, su mirada y su juicio, entre otras cosas lo que nos significa, define y forma. Ese otro que nos permite tener una interrelación humana, y en consecuencia, acceder a la dimensión ética, a la política y al ejercicio de la libertad.

Es negar al “otro”, subestimarlo en su intelecto, su capacidad de comprensión y si se quiere atacarle la percepción, imaginarse siquiera que un mensaje como el que nos ocupa pudiera ser aceptado y/o compartido, si precisamente procede de alguien que durante tanto tiempo ha esgrimido un discurso belicista, que constantemente amenaza, propicia el odio y apoya la guerra y en consecuencia hace alianzas con gobernantes indeseables y procede a la excesiva compra y fabricación de armas que evidentemente superan las necesidades de defensa de la nación. Cómo creer en un mensaje cuyo autor, por amor a sí mismo, lleva una vida dispendiosa gastando ingentes cantidades de nuestro dinero en regalos, lujos y otros menesteres y no es capaz de pensar “por amor”, en cuánto ese dinero pudiera remediar el dolor ajeno producto de la pobreza, la injusticia, la impunidad, la desatención sanitaria, la inseguridad y tantas otras miserias de las que somos víctimas “los otros”.

Realmente es como para sentirnos ofendidos, es casi como instarnos a negar lo que siempre este régimen nos ha mostrado, con lo que siempre ha tratado de amedrentarnos: la agresividad, la venganza y la exclusión del que piensa, habla y/o actúa diferente. No ponemos en duda la posibilidad de cambio de formas de pensar, pero usualmente las personas no modifican tan fácilmente sus ideas fundamentales, su esencia, a menos que estén dotados de cierta plasticidad psicológica que les permita, mediante largas terapias o experiencias vitales acceder a esa transformación. Con ninguna de estas condiciones contamos ahora, es sólo una vil manipulación mediática con fines electoreros. Las acciones hechas por amor no requieren justificaciones porque persiguen el bien y éste siempre es tangible, es obvio que la aclaratoria conlleva otra intención.

Tan ingenuos no somos, sabemos que pide tiempo a su favor no al nuestro, tiempo para terminar de consolidar su abominable proyecto delirante, egoísta y totalitario, tiempo para terminarnos de restringir y convertirnos en seres inhumanos, en otras palabras, tiempo para terminar de deshacerse del “otro”.

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