Se considera un buen padre aquel que cumple con el rol que le corresponde y asume la responsabilidad de haber procreado
Asumir el reto de ser madre soltera es uno de los hechos que se ponen de manifiesto con frecuencia en la sociedad venezolana. Si bien es cierto que las mujeres son luchadoras, constantes, responsables, sacrificadas y “echan pa lante”, no se puede descartar el rol que juega el hombre en la educación de los hijos. Más allá de la ayuda económica que puede percibir la madre, si concebirlo es un problema de dos, pues criarlo que es una responsabilidad de por vida también lo es.
Para entender en profundidad la importancia que tiene la imagen paterna fueron consultadas las especialistas en psiquiatría Libertad Velázquez de Suárez y Noiralih Cardozo, estas fueron sus disertaciones al respecto.
¿Cuál es la importancia que tiene la imagen paterna para los hijos? Cardozo: Los hijos se benefician del aporte de ambos padres y a través de ellos construyen su identidad personal y de género, el fundamento de sus relaciones interpersonales, su visión y concepción de sí mismos, del mundo que les rodea y de las normas que lo regulan. Contar con la presencia, apoyo activo y afecto permanente de las personas de quienes se procede, es una fuente de seguridad y aceptación personal invalorable que facilita la confianza necesaria para asumir la propia vida. La presencia activa del padre permite que el hijo gane en seguridad desde la confianza que anima a hacer, asumir, equilibrando muchas veces la sobreprotección que ofrece la madre.
Velázquez: La imagen paterna al igual que la materna configura un referente normativo para los hijos. De igual forma, debe aportarles los nutrientes afectivos, psicológicos, espirituales y materiales que les permitan crecer adecuadamente y ser sanos tanto física como psíquicamente. Por otra parte, constituye la fuente de identificación personal y sexual para los hijos.
¿Qué dificultades enfrentan quienes no crecen viviendo con su padre?
Cardozo: Esto no puede generalizarse porque hay muchas circunstancias distintas y, para bien o para mal, cada quien decide cómo maneja las suyas. Sin embargo, es innegable que los niños merecen contar con el seguimiento, afecto y modelaje de las dos personas que lo trajeron al mundo, sin sentirse menospreciados por el abandono físico o emocional de uno de ellos (que el otro no puede compensar), sino acogidos por unos padres que muestran con su presencia y dedicación que son importantes y que cuentan con ellos para aprender a asumir y disfrutar una vida bien vivida.
Velázquez: No todos los que no crecen viviendo con su padre necesariamente enfrentan problemas.
Por ejemplo, algunas personas pierden el padre (por muerte) en la primera infancia y si se maneja bien dicha ausencia y se cuenta con buenos sustitutos no tiene por qué haber problemas. Otra cosa es la que se presenta con el abandono irresponsable de algunos padres respecto a sus hijos, en ese caso es mucho más difícil la aceptación de la ausencia y el niño se siente rechazado. Es una ocasión propicia para generar sujetos inseguros y con baja autoestima, donde se pone en juego la imago paterna de la madre (la imagen interna que ella tiene de su propio padre) para efectos de la identificación sexual de los hijos varones.
—¿Por qué hay una crisis de la imagen paterna hoy día? ¿Qué problemas está causando esto en los niños y jóvenes de la sociedad actual?
Cardozo: El ausentismo paterno, físico o emocional es un problema de vieja data en las familias, puesto que tradicionalmente se ha dejado a la madre todo lo relativo a la crianza de los hijos. A esto se añade también la poca fortaleza actual para asumir compromisos, siendo la paternidad uno de largo alcance y exigente. Como consecuencia de todo ello, los niños dejan de beneficiarse del aporte de una de las dos personas que constituyen sus pilares fundamentales y al crecer carecen de un modelo adecuado para el establecimiento de una sana relación de pareja y para el buen ejercicio de la paternidad, lo cual perpetúa la tendencia inadecuada. Esto aplica para varones y niñas, pues para ambos la relación con el padre es fuente de seguridad y aprendizaje.
Velázquez: Me parece que esta crisis es muy antigua, es más, creo que los padres de por lo menos las últimas dos generaciones son mejores padres que los anteriores, al menos son más afectuosos, comunicativos y responsables con los hijos que lo que sus padres fueron con ellos. Muchos de los problemas que presentan los niños y jóvenes de la sociedad actual no sólo son derivados por la ausencia del padre en sí, sino del padre en sentido simbólico que es más grave aún.
¿Cuáles son los retos que enfrentan los padres que sí viven con sus esposas e hijos?
Cardozo: El primero es mantener y resguardar su relación de pareja que tanta estructura y estabilidad da a los hijos. Amar, ser amado y empeñarse en alimentar ese amor, es la más clara manifestación de un hogar donde el compromiso con el amor y la familia es un eje central. El ejemplo de paternidad es muy potente y múltiple en los mensajes que envía: la importancia que el padre otorga a la madre y viceversa, la solidaridad, el respeto y la confianza mutua, presentarse como personas de palabra que saben batallar por sus decisiones, capacidad de superar obstáculos para alcanzar las metas, seguridad, persistencia y tenacidad. Aunque es un reto no siempre viable de superar y la pareja originaria de la familia no permanece unida, en ambos casos los padres tienen el más hermoso reto por delante: servir de soporte para que la vida que han engendrado se desarrolle y llegue a ser toda la maravilla que su potencial de persona le permite, en el mejor ambiente de aceptación y amor posible. Esto es un derecho y un deber irrenunciable que no puede transferirse ni delegarse, es personal de cada padre y madre. Ejercer ese derecho/deber de educar a sus hijos, conlleva vencer distintos obstáculos personales, culturales y sociales, pero vale la pena y el padre se crece en el proceso.
Velázquez: La responsabilidad y el deber de criarlos con amor, responsabilidad, autoridad, autonomía y buenos ejemplos y valores, son compromisos que deben tener tanto los padres que viven juntos, como los que están separados de sus esposas o de las madres de sus hijos.
—¿Qué problemas enfrentan los hijos de padres autoritarios?
Cardozo: Pueden presentar inseguridad y dificultad para expresar sus emociones, actuar por sus propias motivaciones y tomar decisiones.
Velázquez: La autoridad debe ser equilibrada y justa para que sea beneficiosa. Si es muy autoritario se corre el riego de anular al otro, de llenarlo de temor y no de respeto que es el sentimiento mutuo que debe reinar entre padres e hijos, no el miedo. El exceso de autoridad paterna puede dificultar la identificación sexual de los hijos varones y/o configurar personalidades agresivas.
¿Y cuando los padres son muy dóciles?
Cardozo: Los hijos pueden tener la sensación de no ser queridos pues no encuentran un amor sólido que les muestre los límites del bien y del mal, que les exija ser mejores confiando en que pueden serlo.
Pueden ser inseguros, caprichosos y presentar dificultad para superar obstáculos y manejar las frustraciones.
Velázquez: Los padres demasiados blandos también dificultan la identificación sexual de sus hijos varones. Son proclives a generar niños inseguros y temerosos por la falta de apoyo y protección que sienten en el progenitor.
¿Mucha ternura debilita la figura del padre?
Cardozo: Eso es un cliché. Lo que debilita la figura del padre es la falta de coherencia entre lo que dice y lo que hace, la inconstancia, el incumplimiento de su palabra, el no presentar criterios de conducta objetivos y estables, la falta de control sobre sus propias emociones negativas y la ausencia de expresión de las emociones positivas. La ternura debe acompañar a un amor fuerte, sólido, que sabe buscar el bien del hijo más allá de la circunstancia del momento, del estado anímico o de los propios defectos.
Velázquez: No sé cuándo la ternura será mucha, creo que el cariño nunca debilita sino que fortalece y facilita la identificación y la comunicación con la persona que lo otorga. Lo que quizás no debe permitirse es que esa ternura se convierta en sobreprotección y en aras de ella los niños transgredan las normas y/o la disciplina establecida tanto en el hogar como en el colegio y en el ambiente donde se desenvuelvan.
El padre ideal
Esta figura que puede parecer inalcanzable y para la cual no hay un manual de estilo de cómo ser padre se logra en el día a día, mostrándose como un ser humano que tiene defectos y virtudes. A juicio de Velázquez el progenitor debe saber manejar la autoridad, demostrar que se equivoca y rectifica. Al igual que ser consistente en sus valores y creencias y que predique con su propio ejemplo, ya que no puede exigir a los hijos cosas que él no es capaz de hacer. Por su parte, Cardozo destaca la importancia de que el papá realmente ame a su mujer y a sus hijos: conociendo a cada uno, buscando su bien, mostrando patrones de acción y valores claros y coherentes, escuchando, corrigiendo, motivando, exigiendo, estimulando el crecimiento de todos y dando lo mejor de sí para ser modelo también en eso. Es un esfuerzo permanente por ser mejor, interesarse en lo que a ellos les gusta, adelantarse a las dificultades que puede confrontar y ayudarle a hacerlo sin invadirlo ni sustituirlo. Ser buen padre incluso puede significar quedar mal ante los demás o ante los propios hijos, por mantener una postura firme, un criterio claro o la palabra dada, en beneficio del crecimiento de los suyos
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